Solo callé, mientras iba mirando las calles de la ciudad. De seguro era madrugada, así que, me fue difícil distinguir alguna cosa en esa oscuridad. Esperaba poder conocer la ciudad durante el día con el guía turístico. La limusina se detuvo en un hotel que exageraba en la elegancia. Eso sí lo había podido distinguir en la noche, porque las luces brillaban por todos lados en aquel lugar. Alguien le abrió la puerta a Orión y luego a mí. Me costó mucho bajar, porque aún llevaba puesto el segundo vestido de novia y ya me molestaba. Era largo, ceñido al cuerpo y con muchos detalles de diamantes. Tomé la mano del señor que me la ofreció para bajar y luego vi que Orión apareció a mi lado, tomando mi otra mano. Uno de los guardaespaldas, aquellos que nos habían seguido en todo momento, se acercó

