—¡Siggy! —sí, era su novia, porque Orión se veía atrapado entre la espada y la pared. —Veo que no has perdido el tiempo —la chica me miró de pie a cabeza y eso realmente me molestó. Y nuevamente, mi cabeza se desconectó de mi boca. —Mi amor, te espero en el auto —le di un beso corto en los labios a Orión y me fui. Sí, solo lo había hecho para molestar a la chica, porque nadie tenía derecho a mirar de esa forma a otra persona. Ni siquiera me interesaba lo que sucediera con Orión y esa mujer, es más, solo quería ir a casa y dormir. Estaba cansada y harta de todo. Los niños me siguieron, afirmándose de mi ropa, porque yo llevaba las manos ocupadas con sus bolsas de ropa, que cabía destacar, era demasiada. De seguro Albena me regañaría, porque siempre decía, que no debía consentir a los gem

