Estaba recogiendo las cosas de los gemelos, porque habían ido al baño, cuando el pesado me habló. La verdad, yo no era muy comunicativa que digamos. Siempre hablaba lo justo y necesario. Solo con los cerebritos hablaba largo y tendido, cuando sus padres nos daban permiso para hacer una pijamada en mi casa. —¿Quiénes son sus padres? —No es de tu incumbencia. —¡Por dios, Alix! —me contestó frustrado —Trato, juro que trato de entenderte, pero me haces las cosas muy difíciles. —¿Ah sí? Pues es buen sencillo —le dije enojada, acercándome a él y dejando los bolsos de los pequeños encima de la mesa —, te puedes marchar con tu familia por la misma puerta que entraste, Orión Krause. —¿En serio quieres que me marche? —comenzó a acercarse aún más. —Sí, quiero que se vayan. Jamás dejaré que se q

