—Y bien, ¿quién es ese chico? —me preguntó Albena. No éramos amigas, pero ya que me lo había preguntado, no podía ser tan descortés de no contestarle. —Se llama Orión Krause —saqué el teléfono de mi bolso y coloqué su nombre en el buscador de internet, el que me arrojó casi de inmediato imágenes sobre él, su familia y breves reseñas que se habían escrito en portales de internet —. Es él —le entregué el teléfono a Albena y, cuando abrió los ojos de manera exagerada, supe de inmediato que había caído ante la imagen de Orión, siendo un maldito sexy. No era ciega y sabía perfecto, que el hombre era guapísimo y que, con esos trajes ajustados, ceñidos a cada músculo de su cuerpo escultural, se veía sexy. —¡Vaya! El tipo no se ve nada mal. —Los bonitos son los peores. Te lo digo en serio —reci

