Confesiones.

1070 Palabras
Sentada enfrente de sus esposo quién devoraba los alimentos con apetito voraz se encontraba Isabella sumergida en sus pensamientos,la joven apenas había tocado su plato. —¡Está todo delicioso!,¿no te gusta la comida?,si quiere pedir otro platillo. —Lo que pasa es que no tengo nada de apetito. Eduardo indagó si algo le pasaba y ella sólo respondió—. No me hagas caso son tonterias. —De ninguna manera,nada de lo que tenga que ver contigo es tontería—. Dijo al mirarla con ternura. —Creo que no es buena idea que yo trabaje en las empresas de tu padre,no logro encajar en ese lugar. Eduardo frunció el ceño y soltó los cubiertos—Ya entiendo,mi padre tiene que ver con todo esto,no le hagas mucho caso,toda su vida ha hecho gala de su arrogancia,tú sigues trabajando en las empresas,mi difunta madre era dueña de la mitad de los bienes que ahora maneja mi papá,como mi esposa tienes derecho. Isabella tomó un sorbo de jugo y agregó—Tú padre no piensa igual,siento que mi cargo de CEO es decorativo,no me dejan tomar decisiones importantes. Él animó a su esposa a que le hablara más del asunto y ella le contó todo el rollo de los beneficios laborales. —¿Con qué esas tenemos?,ahora mismo vamos al consorcio y les dejó claro que no fuiste colocada allí por capricho.Y si mi padre es el que está detrás de esa resistencia,entonces que vea para dónde va a agarrar con ese pie hinchado. Isabella soltó una alegre carcajada y Eduardo le preguntó—¿Cuál es el chiste? —Eso es un refrán,pero literal de verdad tu padre tiene la pierna fracturada. —Amor no quiero que nada borré tu linda sonrisa,para mí, tu bienestar es lo primero. La sonrisa de ella se congeló y en ese momento la culpa le invadió,Isabella se preguntaba—¿Cómo es posible que amo a un patán si tengo a mi lado a un hombre maravilloso. Un par de lágrimas corrieron por sus mejillas y cayeron en el plato. Eduardo ladeo la cabeza a los lado y se fijó que el restaurante estaba lleno de comensales que charlaban y reían,Isabella con expresión compungida seguía llorando y él tomó su mano y la miró de forma amorosa. — ¿Me puedes decir que sucede en realidad?,y no me digas que nada,tú cambiaste mucho desde ese viaje a Tokio ya no eres la misma mujer alegre que conocí,¿por qué no me tienes confianza? Isabella pensaba — si supieras que fui mujer de tu padre me odiarías. Había una tensa atmósfera entre ellos. Eduardo, con su mirada fija en Isabella, podía sentir el peso de la tristeza que invadía su expresión compungida. Sus lágrimas continuaban surcando sus mejillas, pareciendo no tener fin.Isabella, con el corazón apesadumbrado, no podía evitar que los recuerdos de su pasado la atormentaran en aquel momento. La presencia de Eduardo a su lado, tomando su mano con ternura, solo aumentaba su conflicto interno. Se sentía dividida entre la necesidad de confesar la verdad y el miedo a perder a ese hombre que de verdad la amaba. Eduardo, con voz temblorosa pero llena de amor, rompió el silencio tenso que se había apoderado de la mesa. —Isabella, ¿por qué guardas silencio? Sé que algo te atormenta. ¿Qué sucede en realidad? No puedo soportar verte así sin saber qué te aflige. Sus ojos buscaban desesperadamente respuestas en los de ella, pero Isabella desviaba la mirada, sumida en un mar de pensamientos contradictorios. —¿Ya no me amas?,¿acaso tienes otro? —Ella se atrevió a hablar, con la voz entrecortada por el dolor y la culpa que la consumían. —Eduardo, No merezco tu amor y confianza. Las palabras de Isabella le cayeron a Eduardo cómo un balde de agua fría. Eduardo la miró con una mezcla de sorpresa y preocupación. —Isabella, ¿qué quieres decir con eso?,¿acaso tienes un amante? —Yo no he faltado a nuestro matrimonio,Dios es mi testigo que tenía la firme intención de ser la mejor esposa para tí.En mi viaje a Tokio yo te fallé,sentí una atracción fuerte por un hombre y esa persona… Eduardo susurró con voz suave—No importa lo que hayas hecho en el pasado,aunque nuestra relación no era seria todavía,me duele,no te voy a mentir, pero yo solo veo a la mujer que amo en el presente. No me importa Tokio. Sus palabras eran un bálsamo para el alma atribulada de Isabella, aunque ella aún no se sentía lista para abrir su corazón por completo y decir el resto de la verdad. La joven miraba a Eduardo con los ojos llenos de lágrimas, su voz temblorosa al pronunciar las palabras que habían estado resonando en su mente — Eduardo, ¿por qué eres tan bueno conmigo? Sabes que te fui infiel, me equivoqué y te lastimé, ¿cómo puedes perdonarme después de todo lo que hice? Eduardo la miró fijamente, con una expresión serena pero cargada de tristeza —Isabella, no soy un santo. Cuando éramos novios, yo también cometí errores. Me relacioné con varias mujeres, me dejé llevar por la tentación y la juventud. No quiero justificar mis acciones, pero siendo el hijo del cuarto hombre más rico de este país, las mujeres bellas e interesadas están siempre a mi alrededor, cazando fortuna. Isabella escuchaba atentamente las palabras de Eduardo, con el corazón apretado por una mezcla de dolor y gratitud. Las lágrimas seguían surcando sus mejillas mientras intentaba procesar lo que él le estaba confesando. —Eduardo, eso no justifica mi traición.Merezco que ese hombre me haya despreciado luego de hacerme suya. —Ahora entiendo,tu cambio tan repentino. Eduardo pagó la cuenta y emprendieron el regreso a la mansión en el camino no hablaron ni una palabra. El joven subió a la habitación,Isabella se quedó en la terraza tomando aire fresco,la cínica voz de Victor retumbó en sus oídos. —Ahora pretendes hacer tu santa voluntad en mis empresas. Ella permaneció callada y el hombre gruñó—¿qué?,¿no me oyes? —Soy la CEO,yo mando en tu ausencia. —¡Que fresca eres!,¿acaso no tienes vergüenza?,¿tanto amor le tienes al dinero que aguantas que te humille? Ella se levantó y con una mirada de furia le dijo —¡Cállate idiota!
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