En ese lujoso hotel, una noche envuelta en secretos y emociones encontradas, se desarrollaba una historia que cambiaría el rumbo de dos personas de manera inesperada. Isabella,llevada por la emoción se encontraba en una charla telefónica con Carolina, su amiga más cercana, compartiéndole la emocionante noticia de su encuentro s****l con el magnate. Con una chispa de entusiasmo en su voz, Isabella relataba los detalles de la velada, llenos de elegancia y promesas de un futuro próspero al lado del CEO de la compañía.
-Seré la próxima señora Bustamante y tal vez presidente de la compañía.
Mientras Isabella compartía sus alegrías, sin saberlo, sus palabras eran escuchadas en la penumbra por alguien cuyo corazón albergaba motivaciones completamente opuestas a las de la joven. Victor, era un hombre maduro marcado por la desconfianza y la experiencia de la vida, captó fragmentos de la conversación de Isabella y las interpretó de manera errónea. En su mente, aquellos relatos de ambición y altas aspiraciones desencadenaron una tormenta de desconfianza y prejuicios.
Movido por la ira y la sospecha, Victor dejó que sus pensamientos oscuros nublaran su juicio y decidiera actuar de un modo impulsivo y cruel. Aquella misma noche, tras un encuentro apasionado y visceral con Isabella, Victor tomó una decisión que sellaría el destino de ambos de una manera inesperada.
Esa noche le besó hasta la sombra a la joven Isabella quién estaba feliz de la arrolladora pasión de su amante de edad madura.
-Tiene la experiencia que a mi me falta.-Pensó ella al empuñar las sábanas de sedas mojadas por el torrente de pasión.
El extraño silencio del caballero le pareció extraño y sus caricias y embestidas eran más rudas,tal parecía que le hacía el amor con rabia.
Sin poder contener la tormenta de emociones que lo invadía, el magnate se vistió en silencio y depositó dinero en la cama donde descansaba la joven, lanzando palabras hirientes que resonarían en el corazón de Isabella como cuchillos afilados.
"¡Aquí tienes por tus servicios y olvídate de mí!", resonaron las palabras de Victor en la habitación, cargadas de desprecio y resentimiento. En aquel gesto frío y despiadado, se desvanecieron las promesas de un futuro incierto entre Isabella y el magnate, reemplazadas por un abismo de desilusión y dolor en el corazón de la joven.
-Mi amor,¿qué te pasó?-Se apresuró a preguntar ella.
-Tu eres una niña apenas,yo no tengo intención de tener nada serio contigo,además de la diferencia de edad soy tu jefe.¡Estás bien rica!,eres bella,no obstante busco otra cosa diferente en una mujer.
-¡Larguese de mi habitación!-Expresó ella en medio de una crisis de llanto.
La habitación, antes llena de pasión y promesas, se sumió en un silencio pesado, cargado de incomprensión y sufrimiento.
Mientras la noche avanzaba en el hotel, una Isabella desconcertada y dolida intentaba comprender el giro inesperado que había tomado su encuentro con Victor. Las lágrimas de traición y desilusión resbalaban por sus mejillas mientras sus pensamientos se agitaban en busca de respuestas que parecían escapársele entre los dedos. En su mente resonaban las palabras hirientes del magnate, clavándose como dagas en su corazón vulnerable y herido.
La mirada de Isabella se perdía en la oscuridad de la noche, sintiendo el peso de las palabras y acciones de Victor como cadenas que la aprisionaban en un laberinto de dolor y confusiones. ¿Cómo había pasado tan rápido de la ilusión a la desilusión más profunda? ¿Qué había hecho mal para merecer tal desprecio y crueldad por parte del hombre al que creía conocer?
Mientras Isabella se debatía entre el desconcierto y la desesperación, en otra habitación del hotel, Victor se enfrentaba a sus propios demonios internos. Las sombras de la sospecha y la amargura lo rodeaban, recordándole las heridas del pasado que habían sembrado semillas de desconfianza en su corazón endurecido. La imagen de Isabella, abrumada por la tristeza y la traición, lo perseguía como un eco de los errores cometidos en un impulso despiadado.
En el silencio de la noche, Victor se vio reflejado en el espejo de sus propias acciones, confrontando la verdad incómoda de su propia inseguridad y falta de empatía. ¿Había actuado en base a juicios precipitados y prejuicios infundados? ¿Había lastimado a una persona inocente en un intento desesperado por protegerse de sus propios miedos y cicatrices del pasado?
El amanecer pintó el horizonte con tonalidades de esperanza y redención, trayendo consigo una oportunidad de reflexión y perdón para ambos protagonistas de esta historia cargada de pasiones y desencuentros. En un momento de lucidez y autocrítica, Victor decidió enfrentar sus propios fantasmas internos y buscar una forma de reparar el daño causado a Isabella, cuya figura se había vuelto un faro de luz y esperanza en medio de la oscuridad que lo rodeaba.
Decidido a enmendar sus errores y encontrar la redención, Victor buscó a Isabella en los pasillos del hotel, con el corazón cargado de disculpas sinceras y el deseo de reparar el daño causado por su ceguera y sus miedos. Mientras tanto, Isabella, envuelta en un mar de confusión y dolor, se preparaba para enfrentar a aquel que le había herido, con una mezcla de temor y esperanza latiendo en su pecho agitado.
El encuentro entre Victor y Isabella en el atrio del hotel fue un cruce de miradas cargado de emociones contenidas y verdades no dichas. En ese instante de silencio tenso, las barreras que los separaban se desvanecieron, dando paso a la posibilidad de una conversación franca y sanadora entre dos almas heridas.
-¿Podemos hablar?
-Ya usted lo dijo todo,CEO.
En ese momento el celular de la joven sonó,era una llamada de su novio Eduardo que había dejado ilusionado en la ciudad de Nueva York.
-Mi amor,si todo está bien,claro que te extraño.-Recalcó sus palabras para que Victor oyera.
Victor esperó que ella colgara la llamada y luego la insultó.
-Así que tienes novio y me diste falsas expectativas a mí.
-¡No soy tan canalla cómo usted!
Ella le explicó que pensaba terminar con su novio para estar con él,aunque ahora le daba alivio no haber desechado a un hombre bueno,por otro que no valía nada.Victor la miró con el rostro enrojecido y le dijo.
-¡Estás despedida!