Eduardo observaba con preocupación a Isabella, su novia, desde que había regresado de aquel viaje de negocios que parecía haberla transformado de una manera que él no lograba entender. Notaba en ella una tristeza que se reflejaba en sus ojos, en sus gestos, en su voz. Finalmente, un día decidió abordar el tema.
"Amor, ¿qué te pasa? Desde que volviste de ese viaje estás tan distante, tan diferente...", le dijo Eduardo con voz llena de preocupación.
Isabella, sumida en sus pensamientos y emociones encontradas, soltó un suspiro antes de responder. "Eduardo, es que... tengo algo que contarte. Algo que me ha estado carcomiendo por dentro desde hace días..."
Eduardo, sin darle oportunidad a terminar la frase, la interrumpió con un tono de voz algo impaciente. "¿Qué pasa, Isabella? ¿Por qué estás así? Te han despedido del trabajo y no me lo has dicho,Carolina me lo ha contado todo,¿Es eso?"
Isabella, sorprendida por la reacción de Eduardo, intentó explicar. "No, no es eso... Es algo más complicado... Yo..."
Pero antes de que pudiera terminar la frase, Eduardo la interrumpió de nuevo. "No importa, Isabella. Lo que sea que estés pasando, yo estaré aquí para apoyarte. De hecho, tengo algo que decirte..."
Isabella, intrigada por la inesperada propuesta de Eduardo, le miró con curiosidad. "¿Qué es, Eduardo? ¿Qué quieres decirme?"
Eduardo se arrodilló frente a Isabella, sacando un pequeño estuche de terciopelo de su bolsillo. Con voz temblorosa, abrió el estuche y reveló un hermoso anillo de compromiso. "Isabella, desde el momento en que te conocí supe que eras la mujer de mi vida. No importa qué estés pasando, no importa si me dices o no lo que te preocupa. Lo que importa es que te amo con todo mi corazón. ¿Quieres casarte conmigo?"
Las lágrimas asomaron a los ojos de Isabella, conmocionada por la propuesta tan repentina. Sin embargo, en medio de la confusión emocional que la invadía, una parte de su corazón sabía que Eduardo era el hombre que le convenía,era tierno y amoroso y además un caballero,jamás le haría una mala jugada cómo el jefe. Con una sonrisa entre lágrimas, asintió y respondió con voz entrecortada, "Sí, Eduardo. Quiero casarme contigo."
La celebración y la alegría de ese momento llenaron la habitación, bañando a la pareja en un halo de amor y esperanza. Sin embargo, en medio de la euforia de la propuesta y la aceptación, Isabella no pudo evitar sentir una pregunta surgiendo en su mente.
"Eduardo, ¿cuándo podré conocer a tu familia? Quiero que conozcan a la mujer con la que te casarás", preguntó Isabella con curiosidad.
Eduardo, con una sombra de tristeza cruzando su rostro, respondió con cautela. "Isabella, mi relación con mi padre no es... la mejor. No creo que sea el momento adecuado para presentarte. De hecho, creo que sería mejor que nos casemos antes de que él regrese de su próximo viaje."
La sorpresa invadió el corazón de Isabella al escuchar las palabras de Eduardo. ¿Por qué ser tan precipitado en el matrimonio? ¿Por qué evitar la presentación a la familia? Sin embargo, en medio del torbellino de emociones que la embargaba, decidió confiar en Eduardo y en la promesa de un futuro juntos que aquel anillo de compromiso simbolizaba.
Mientras los preparativos para la boda avanzaban con rapidez, Isabella se encontraba dividida entre la felicidad del amor encontrado y la sombra de la incertidumbre que acechaba en el horizonte. ¿Cómo sacaría a Victor de su corazón? ¿Por qué la prisa de su novio por casarse antes de que su padre regresara de su viaje?
Una tarde, poco antes del día de la boda, Isabella decidió abordar el tema con Eduardo, buscando respuestas a las preguntas que la atormentaban por dentro. Sentados en el jardín de la casa que compartirían como marido y mujer, Isabella tomó la mano de Eduardo con delicadeza y lo miró a los ojos, buscando la verdad detrás de aquellas sombras de misterio que lo rodeaban.
"Eduardo, ¿por qué la prisa por casarnos antes de que tu padre regresará de su viaje? ¿Qué es lo que estás escondiendo de mí?" preguntó Isabella con voz firme, pero llena de preocupación.
Eduardo, sorprendido por la franqueza de Isabella, suspiró profundamente antes de responder. "Isabella, mi relación con mi padre no es buena. Hay secretos familiares que preferiría dejar enterrados en el pasado. No quiero que su presencia ponga en peligro nuestra felicidad, nuestro amor. Por eso creí que sería mejor casarnos antes de que regrese."
Las palabras de Eduardo resonaron en el corazón de Isabella, despertando una sensación de inquietud y desconfianza en su interior. ¿Qué secretos guardaba el pasado de Eduardo? ¿Por qué temía tanto la presencia de su padre en sus vidas? Sin embargo, en medio de la incertidumbre y la sospecha, una verdad innegable se imponía en su mente y en su corazón: su afecto por Eduardo era real y profundo, y estaba dispuesta a tratar de ser feliz a su lado,ellos tenían seis meses saliendo juntos y no sabían mucho el uno del otro,era una relación casi de amigos con beneficio,Eduardo no le preguntaba a ella de su trabajo ni Isabella se preocupó en saber más de la familia del joven,eran felices de ese modo,una relación sin compromiso hasta que ella se fue de viaje y el joven se dio cuenta de cuánto la amaba.
La boda llegó, envuelta en un halo de emociones encontradas y promesas de un futuro incierto. Mientras Isabella caminaba hacia el altar, rodeada de amigos y familiares, su corazón latía con fuerza, recordándole la magnitud del paso que estaba a punto de dar. Eduardo la esperaba con una sonrisa amorosa en el rostro, listo para unir sus destinos en un pacto de amor eterno que desafiaba las sombras del pasado y las incertidumbres del futuro.
Los votos de matrimonio resonaron en la ceremonia, llenando el espacio con promesas de fidelidad, apoyo y amor mutuo. Isabella y Eduardo intercambiaron miradas cargadas de significado, sellando con un beso el compromiso de una vida juntos, enfrentando los desafíos del presente y del futuro con valentía y confianza en el poder del compromiso que los unía.