El reencuentro.

1996 Palabras
—¡Uhm,qué rico hueles mi amor! Las manos de Eduardo oprimieron su estrecha cintura,ella giró la cara y su lengua invadió su boca.Sus fuertes manos la levantaron y la llevaron a la cama. —Mi amor,¿quieres otra vez? -Contigo a cada rato.-El rostro del joven reflejaba felicidad. A simple vista se veían cómo una pareja normal de recién casado, jóvenes y apasionados . Desde el día en que se casaron, no habían dejado de mostrar su amor y cariño el uno por el otro. Eduardo había llevado a su esposa a vivir en la mansión de la familia Bustamante, una hermosa casa en la ciudad, que estaba rodeada de jardines y tenía una vista impresionante de la ciudad. La primera mañana que Isabella despertó en la mansión, ella se sintió emocionada por la nueva vida que estaba comenzando. El sol brillaba a través de las ventanas de su habitación, y ella podía sentir la brisa fresca de la mañana mientras miraba por la ventana y admiraba la belleza de los jardines. -Es un paisaje de ensueño .-susurró ella. Eduardo entró en la habitación, trayendo con él una taza de café caliente para ella. "Mira lo que te traigo, mi amor", dijo Eduardo mientras le daba un beso en la mejilla. "Cómo te sientes?" “Feliz en este paraiso", respondió Isabella, sonriendo. "Es tan hermoso aquí, no hay manera de no sentirse bien en este lugar". Eduardo sonrió, estaba feliz de que a su esposa le gustara su hogar. Le encantaba verla tan alegre y emocionada por esta nueva aventura que estaban comenzando juntos. Durante el día, Isabella exploró la mansión y se dio cuenta de su belleza. La casa era grandiosa y elegante, con una gran variedad de habitaciones, salones y comedores. A ella le gustaba especialmente la biblioteca, con sus altas repisas llenas de libros y la enorme chimenea. Eduardo no podía evitar estar enamorado cada vez más de su esposa, viéndola tan emocionada por su nuevo hogar lo hacía más feliz. Durante el día, él mismo no podía evitar admirarla a ella y sus curvas, la pasión en los dos jóvenes se sentía en toda la mansión y a cada rato iniciaban el juego del amor. Por la noche, Eduardo preparó una cena romántica en la terraza de la mansión. Con velas encendidas en la mesa y una vista impresionante de la ciudad brillando ante ellos, la pareja se deleitó con una deliciosa cena mientras hablaban de sus planes juntos. Después de la cena, caminaron por los jardines de la casa, se sentaron en un banco mientras se abrazaban, y miraron las estrellas. Eduardo se aseguraba de que todas las mañanas Isabella se despertará con un desayuno sorpresa, lleno de amor y felicidad. La pareja estaba feliz por comenzar su vida juntos y la mansión de los Bustamante se había convertido en su hogar ideal donde la pasión no se desvanecía nunca. Eduardo estaba profundamente enamorado de Isabella. Él estaba feliz de haber encontrado a alguien con quien compartir su vida y su hogar. Sin embargo, no sabía que Isabella tenía un secreto que la mantenía alejada de él emocionalmente. Isabella intentaba ser feliz con Eduardo, pero algo en su corazón no se sentía bien. A pesar de que amaba a su esposo, no podía sacarse de la cabeza al millonario Victor, con quien pasó unas noches de intensa pasión antes de su boda. Cada vez que veía a Eduardo, ella intentaba pensar en todas las cosas que amaba de él, en cómo él la trataba con respeto y le brindaba todo su amor. Trataba de sentir esa misma pasión y amor en su corazón por Eduardo, pero no podía evitar pensar en Victor y en lo feliz que fue con él. Cuando Eduardo estaba ocupado trabajando en su empresa, ella aprovechaba para recordar los momentos que pasó con Victor. En su mente, veía su rostro, el sonido de su voz y la forma en que la tocaba. Recordaba los momentos en que estaban juntos, las caricias y besos, y cómo hacían el amor con pasión y deseo. Isabella se encontró atrapada en sus pensamientos y emociones, tratando de comprender por qué no podía dejar de pensar en Victor, incluso después de haberse casado con Eduardo. Sentía que algo andaba mal en su corazón, pero no quería lastimar a Eduardo, quien la amaba más que a nada. Ella estaba desesperada por encontrar una manera de superar sus sentimientos por Victor y centrarse en su vida con Eduardo. Quería amarlo con la misma intensidad y pasión que él tenía, pero no sabía cómo hacerlo. Eduardo notaba que algo sucedía con Isabella, pero no sabía qué era. Se preguntaba por qué ella no se mostraba tan emocionada y apasionada como antes. Intentaba hacer cosas especiales para ella, pero ella parecía estar ausente. Pensaba que era solo un problema temporal y esperaba que se resolviera pronto. La vida de Isabella y Eduardo tomó un giro inesperado, uno que no se había visto venir. Isabella se sentía atrapada entre secretos y pasiones ocultas de las cuales no sabía cómo escapar. Victor Bustamante estaba en su habitación de hotel en Tokio, con la mente llena de pensamientos que lo atormentaban. No podía dejar de pensar en la hermosa Isabella, la mujer con la que había pasado noches de pasión y deseo. -¿Qué me hizo esa jovencita?-Ladeó la cabeza de un lado a otro y cerró los ojos.Para recordarla mejor. A pesar de que habían pasado meses desde que vio a Isabella por última vez, el recuerdo de su suavidad de piel, su aroma y su belleza lo atormentaba. Se preguntaba,¿qué habría pasado si él hubiera sido menos radical? -Me precipité al juzgar y tomar una decisión tan a prisa.-Masculló el magnate entre dientes. Se preguntaba si ella también lo extrañaba y si podía perdonar lo rudo que él había sido con ella,ahora consideraba que la ambición no era pecado capital y parte de la vida de todos los mortales,él mismo había llegado a la cima de poder por tener ambiciones en la vida y ser frío y calculador,el CEO se sentía solo,a su edad ya era tiempo de volverse a casar,estaba cansado de ver desfilar jóvenes hermosas en su vida que nada más calentaban su cama y se iban,en Isabella creyó ver algo más. Mientras Victor reflexionaba, tomó su teléfono y llamó a su único hijo, quien le informó que acababa de casarse con la novia con la que había estado saliendo durante meses. Victor se sintió feliz por su hijo, pero también se dio cuenta de que había estado alejado de su vida personal por demasiado tiempo. Victor, cansado de estar lejos de su país, de Nueva York y de su trabajo, decidió que era hora de irse de Tokio y volver a casa. Era hora de volver a trabajar con sus nuevos socios en la compañía, pero también de estar más cerca de su hijo y su nueva nuera. A medida que preparaba su viaje de regreso a casa, Victor no podía evitar pensar en Isabella. Sabía que debía dejar de pensar en ella, pero no podía. Él era un hombre poderoso, acostumbrado a conseguir lo que quería, pero Isabella era su debilidad. Mientras tanto, en la mansión de los Bustamante, la vida de Isabella y Eduardo había cambiado drásticamente. Sus sentimientos por Victor se habían complicado aún más, y ella no sabía cómo manejarlos. Tenia la esperanza de dejar atrás el pasado,esa noche anterior al hacerse el amor con Eduardo cerró los ojos por un momento y casi lo llamó Victor. Eduardo notaba que algo andaba mal con Isabella, pero no podía entender qué era. Intentaba hablar con ella, pero ella se cerraba y no quería compartir sus sentimientos con él. Eduardo se sentía frustrado, pero también preocupado. No quería perder a Isabella, la amaba demasiado. Isabella, por su parte, estaba desesperada por encontrar una solución a sus sentimientos encontrados. Sabía que debía concentrarse en su matrimonio con Eduardo, pero no podía sacar de su mente a Victor. Sus recuerdos de él se mezclaban con su amor por Eduardo, y tenía mucha confusión. —Mi vida,estás distante.Quiero saber qué te pasa,considero que nuestros problemas no son de cama,juntos somos candela. -Mi amor,son ideas tuyas,a tu lado me siento bien.-Ella le evadió la mirada y Eduardo se sintió más inseguro todavía. —¿Quién te llamó, cariño? —Mi padre,dice que viene de regreso. Finalmente, Victor volvió a Nueva York y, como era de esperar, causó una conmoción en la vida de Isabella. Su presencia en la mansión revivió en ella los hermosos momentos que habían compartido juntos y la sorprendió en gran manera,por la mente de la joven jamás pasó que el hombre que la llevó a la cumbre de cielo para luego dejarla caer y que se volviera pedazos era el padre de su amoroso esposo. —Papá,ella es mi esposa. Isabella y Víctor se miraron a los ojos por varios segundos y luego con voz ronca el CEO dijo—¡Un placer conocerla señora! —El gusto es mio señor. Eduardo los miro a ambos y con su elocuente frescura inquirió—No entiendo tanta formalidad,tú puedes llamarla Isabella o hija y tú,mi amor dile Victor o papá. Los aludidos hicieron silencio y Eduardo se apresuró a decir—Padre,se que han sido muchos los roces que hemos tenido,no obstante yo he cambiado para bien y quiero trabajar contigo codo a codo en la empresa y espero que les empleo a Isabella,el patán de su jefe la despidió. -Hablamos luego de eso,me urge darme una ducha.-Dicho ésto subió a grandes pasos las escaleras. Victor también tenía sentimientos encontrados. Aunque amaba a su hijo y deseaba su felicidad también sentía la necesidad de estar cerca de Isabella. Sabía que ella era su debilidad, y que su presencia podía complicar aún más las cosas. En medio de toda esa confusión, Eduardo se encontraba feliz por el regreso de su padre y por lo calmado que había vuelto. Victor bajó a cenar y vio a la feliz pareja con voz suave le dijo a su hijo que necesitaba hablar con su mujer. —A solas,querida nuera.No hemos tenido oportunidad de conocernos. Eduardo le dijo— está bien padre,vayan al estudio. Apenas la puerta se cerró, Victor arrincona a Isabella contra la pared y le dijo cerquita:-- le dices la verdad a mi hijo o se la digo yo. La joven lloró con amargura y le expresó sus sentimientos—Tú mataste mis ilusiones y ahora que intento ser feliz vuelves a mi vida,Eduardo no tiene la culpa de nada,él me ama y lo más lamentable es que yo te amo a tí. El hombre la miró detenidamente y detalló su cuerpo,ella sintió un nudo en la garganta y el Ceo perdió el control y la besó de forma apasionada mientras oprimía su cuello. El deseo y la pasión se apoderó de ambos. ‐Estoy arrepentido del mal que te causé,vamos a decir la verdad a mi hijo. -No,ahora es a mí que no me da la gana. Sus palabras decían una cosa y su expresión corporal decía otra,allí estaba Isabella con el cuerpo tembloroso,sus manos,sus manos sudaban y las piernas le querían fallar. –¿Qué rayos te pasa? –¿Te parece poco?-la miró angustiado,estaba dispuesto a buscarte y empezar de nuevo,lo que más me cabrea es que de tantos machos que hay en este país,tenías que elegir a mi hijo. -Antes de lo nuestro lo estaba con tu hijo,no de manera formal,pero si teníamos algo. -¿Entonces reconoces que eres una puta? Isabella le lanzó una bofetada y Victor capturó su mano en el aire,la tomó de lo hombros con fuerza y la besó. -Si es por dinero,él de la plata soy yo. -No me insultes de ese modo. Su hijo tocó la puerta.Victor abrió y Eduardo vio la expresión agitada en el rostro de ambos.
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