Isabella estaba parada frente al imponente CEO Victor Bustamante y el frío de su mirada le calaba en lo más recóndito de su alma.
La voz armoniosa de Eduardo rompió la tensión del momento.
-¿Sucede algo?-Preguntó mientras sus ojos examinaban la expresión del rostro de ambos.
-Tu mujer tiene algo que decirte,yo me voy a retirar para que ustedes hablen.-Recalcó Víctor al tiempo que miró con desdén a Isabella.
El joven miró a su esposa con incertidumbre y antes de que pudiese preguntar,la joven sintió debilidad en las piernas y tambaleó,Eduardo la sostuvo con fuerza y la ayudó a sentarse.
Eduardo atribuyó todo a la impresión que su padre había causado en su esposa,sabía que su padre era un hombre de apariencia rígida que en ocasiones solía ser duro hasta con el mismo que era su hijo.
Desde siempre Victor había sido rígido y presionaba mucho a su único heredero esa era la razón de su aprensión hacia su padre,no era extraño que a Isabella le hubiese impresionado conocer al suegro. Al joven le pareció apenas comprensible.
-¿Quieres un vaso con agua?-Insistió su marido.
-No,ya me siento mejor.- Ella le hizo señas para que se sentara a su lado.
No sabía por dónde empezar,se imaginaba que Eduardo la sacaría a empujones de la mansión y no lograba emitir palabras.
¿Es por mí padre verdad?
—Sí,yo tengo que decirte algo y espero que no me odies.
Eduardo se acercó a ella de manera amorosa y le susurró–No hace falta que me digas nada,sé que mi padre cae pesado.
—El jefe que me despidió es tu padre,yo trabajaba para las empresas y me tocó viajar a Tokio..
El sonido del celular interrumpió la conversación y el joven se disculpó para atender la llamada.
La agencia de publicidad de Eduardo requería de su presencia,le besó los labios con suavidad.
—Cielo,tengo que irme.Al regreso hablamos,no le hagas mucho caso a mi padre,él es un poco arrogante.Te amo.
Ella se quedó con la verdad en los labios,pensó en irse a la habitación para no toparse con Victor y lo consiguió a mitad de escalera.
¿Le dijiste la verdad a mi hijo?
—A medias sólo alcancé a decir que trabajé en tu empresa,él no me dejó concluir que tuve la mala fortuna de ser tuya.
Él la tomó de los brazos y la sacudió con fuerza.
—¡Lárgate de mi casa prostituta!
Una sonora bofetada le hizo tambalear y se cayó por la escalera.
¡Victor!,¡auxilio!
Los sirvientes llamaron una ambulancia y el millonario fue llevado a una clínica.
Victor se retorcía de dolor en la cama, mientras las enfermeras intentaban calmarlo para suministrarle la medicación que necesitaba. Pero él no estaba dispuesto a ser tratado como un paciente más.
—¿Cómo se atreven a tratarme así? Soy el CEO de la empresa más importante de este país,
merezco un trato especial. ¡Quiero hablar con él director de ésta pocilga ahora mismo!-gritó Victor, mientras las enfermeras lo intentaban calmar sin éxito.
—Señor Bustamante, por favor, necesita calmarse para que podamos suministrarle los medicamentos que necesita— intentó persuadir una enfermera con voz suave.
—Pero ¿cómo esperan que me calme?,con mi brazo izquierdo y mi pierna derecha fracturados– siguió Victor con un tono más elevado.
Las enfermeras lo miraron con compasión, sabiendo que se trataba de un hombre herido y enojado por una situación traumática, pero aún así no podían permitir que se convirtiera en un problema para el personal médico. Así que decidieron llamar al doctor para que hablara con él.
Finalmente, el doctor llegó y habló con Victor, intentando tranquilizarlo y explicándole cómo se iba a llevar a cabo el proceso de curación,Sin embargo, Victor seguía obstinado en su postura.
—Doctor,solamente haga su trabajo,me duele demasiado–afirmó Victor.
El doctor lo miró con comprensión, sabiendo que se trataba de una situación difícil.
—Señor Victor, debe calmarse . Ya se le aplicó un sedante.Trate de estar relajado.
Pero Victor no estaba listo para aceptar el consejo del médico. Se sentía impotente y frustrado, y necesitaba hacer algo para sentirse en control de la situación. Así que decidió que era hora de tomar medidas.
—Está bien, doctor, lo que sea. Pero no puedo quedarme aquí sentado mientras mientras esa mujer se sale con la suya. Haré lo que sea necesario para proteger a mi hijo y a mi familia,llamé a la policía que voy a denunciar una agresión.- concluyó Victor con determinación.
Mientras tanto, Isabella trataba de lidiar con su propia situación. Sabía que Victor estaba herido, pero no podía evitar sentir una mezcla de dolor y alivio por lo que había sucedido. Por un lado, se sentía mal por su ex, por el dolor que estaba sufriendo. Pero por otro lado, sentía que era lo que merecía por haber intentado sabotear su relación con Eduardo.
Cuando se enteró de que Victor había sido enyesado, decidió ir a visitarlo para cuidarlo como lo haría con cualquier m*****o de la familia. Pero cuando llegó al hospital, se encontró con una situación desagradable.
-¿Qué estás haciendo aquí? ¡Fuera de mi habitación!-gritó Victor cuando la vio entrar.
Isabella retrocedió, sorprendida por la reacción hostil de su suegro. Pero sabía que no podía dejar que eso la afectara y decidió mantener la compostura.
–Vine a ver cómo estabas, Victor. No quería que te pasara nada malo–intentó explicar Isabella.
¡Sal de aquí y no vuelvas!-insistió Victor con más ira.
Isabella se sintió insultada y dolida por la actitud de Victor, pero también estaba decidida a no dejarse amedrentar.
—Lo siento si te sientes así, Victor. Pero no vine aquí para discutir, vine a decirte que no pienso dejar a Eduardo.
Un funcionario policial entró a la habitación para tomar la declaración del maltrecho paciente y la joven miró a Victor con ojos pasmado de pánico,algo dentro del arrogante millonario se ablandó ,aunque con el cuerpo adolorido y el corazón dolido decidió no acusar a la joven.
–¿Quién le hizo eso?-El policía lo miró serio.
–Nadie,señor agente.Resbalé y caí.
–¿Entonces por qué llamó a la policía?
–Deliraba con el dolor y los efectos de la anestesia.
El agente se retiró y el malhumorado enfermo le hizo señas a Isabella que se acercara.
—No te denuncié ,pero voy a hacer tu vida difícil.
Ella lo miró sin inmutarse y le preguntó–¿Te lanzarías al vacío?
Él miró a la bella mujer confundido—¡Claro que no!
—Pues yo tampoco, dejar a Eduardo equivale a caer al abismo.Te pique,te arda o te duela,no lo voy a dejar,siempre vas a recordar que este cuerpecito fue tuyo y por pendejo lo dejaste ir.