-La huelga es un hecho,ya se han paralizado ocho sucursales,los sindicatos organizados por empleados de Texas son los que lideran a los otros locales y los alientan.-Dijo Jean Paul uno de los socios.
Al oír esas palabras Isabella exhibía una mirada de triunfo ante Victor,que reconoció el error garrafal que había cometido al anteponer sus sentimientos a las prioridades de la empresa.
—Tengo que reconocer que tenías razón Isabella,mañana mismo viajo y hablo con esa gente,tienen que volver a sus puestos de trabajo.--Masculló el CEO.
Isabella lo miró con frialdad y determinación—No es tan fácil,lo puede agredir el jefe,yo tengo que ir a negociar con ellos.No se atreverán a dejar a una dama con la palabra en la boca.
Todos estuvieron de acuerdo.Isabella había llegado a una de las sucursales de la empresa familiar en medio de una situación complicada: los habían iniciado una huelga para expresar su descontento con los beneficios laborales. Acompañada de su suegro, Victor, Isabella se adentró en la sede en cuestión, preparada para enfrentar el desafío que se le presentaba.
—Quiero dialogar,hagan silencio y después juzgan si les conviene o no aceptar mis propuestas.
Los obreros no hacían silencio y Victor habló a pesar de las indicaciones de Isabella—¿Quieren negociar o armar berrinches?,puede despedir a todo el personal y contratar nuevo nadie es imprescindible.
No sabe de donde comenzaron a llover tomates maduros sobre el costoso traje de diseñador del CEO.
—Señores,¡Por favor!
Isabella levantó su brazos y el líder ordenó silencio a los manifestantes.
—Gracias,¿cómo te llamas?
—George,señorita.
—Bien,la solución que tengo no se trata de despedir a nadie,sé que llevan el pan a su hogares,mi jefe no los quiso ofender,estamos cansados de varias horas de vuelo y los ánimos se caldean,yo tengo un pliego de propuestas en pro del beneficio de ustedes si me permiten explicar.
La joven se mostraba tranquila y segura, lista para abordar la situación con determinación y empatía. Victor, por su parte, observaba con asombro la forma en que Isabella manejaba la crisis laboral, resolviendo problemas y buscando soluciones de manera eficaz. Su habilidad para gestionar conflictos y encontrar puntos de acuerdo dejaba claro por qué tantos confiaban en ella para liderar la empresa.
Después de un largo día de negociaciones y conversaciones tensas, Isabella y Victor se alojaron en el mismo hotel cercano a la sede de la empresa. En un momento de calma después de la tormenta, Victor tocó suavemente la puerta de la habitación de Isabella. Él pasó sin que ella lo invitara.
—¿Tienes cinco minutos?
Ella asintió con la cabeza arqueando las cejas de manera ligera.
-Ya veo que tu pierna está completamente restablecida y tu brazo también.-Ella sintió alivio el hombre había bajado la guardia.
-Eres mi heroína,¿ese es el pliego de condiciones?-observó Victor con una sonrisa amable, reconociendo la fortaleza y la determinación de Isabella para solventar la crisis.
—Me alegro haber sido de ayuda– respondió Isabella con alegría en sus ojos.
Victor, al observar a Isabella en la intimidad de la habitación de hotel, experimentaba una mezcla de emociones. Admiraba su valentía y resolución, pero también sentía algo más: un deseo profundo y prohibido que lo atormentaba en silencio.
Isabella, por su parte, percibía el cambio en la mirada de Victor, un destello de deseo que no podía ignorar.
–Me alegro que al fin resolvemos nuestras diferencias,ahora te pido que te retires.
–¿Dije algo malo?
-No nos hagamos inocente antes de ser tu nuera fui tu mujer y no me parece ético que estés dentro de mi habitación.
Victor lanzó un fría carcajada—Sí te conozco hasta el último detalle de tu cuerpo y se ese punto exacto donde tienes un orgasmo.Dudo que Eduardo te lo haga igual.
—Tu tiempo pasó y ahora este cuerpo le pertenece a tu hijo,aunque te cueste asimilar,perdiste.
El aire en la habitación se volvió denso con emociones y tensiones no resueltas. Victor, con el corazón acelerado y la mente nublada por la tentación, decidió abrir su corazón y confesar sus sentimientos hacia la mujer que había despertado algo profundo en su ser y que no se resignaba a perder.
—Te amo y sé qué hablas de dientes para afuera,yo soy el que te hace chillar de placer,ven y te muestro.--Murmuró con voz ahogada por el deseo.
Isabella, sorprendida y con el corazón agitado, escuchaba las palabras de su suegro con una mezcla de asombro y confusión.
Para ambos era incómoda la situación,las sombras de lo inapropiado se cernían entre ellos.
—Victor, por favor, esto no puede ser. Eres el padre de mi esposo, la persona que me ha brindado apoyo y confianza desde que nos conocimos. Pero tú y yo sabemos que esto no es correcto. Debes respetar la relación que tengo con tu hijo, nuestro vínculo es sagrado y no podemos transgredirlo de esta manera—respondió Isabella con firmeza, intentando proteger lo que quedaba de esa conexión familiar que se estaba tambaleando peligrosamente.
A pesar de sus palabras de rechazo y su intento por poner límites claros, Victor no pudo contener la avalancha de emociones y deseos que lo embargaban. Con determinación en sus ojos, se acercó lentamente a Isabella, intentando robarle un beso que no le correspondía.
Isabella, alarmada y decidida, apartó su rostro y lo detuvo en seco. —¡Detente, Victor! ¡No puedes hacer esto, es un grave error que no podemos permitir! Por favor, piensa en lo que estás a punto de hacer y en las consecuencias que eso podría acarrear", exclamó Isabella con voz temblorosa pero firme, decidida a proteger su honor y su compromiso matrimonial a toda costa.
La frustración y la rabia se apoderaron de Victor, quien, en un ataque de furia contenida, se alejó de Isabella con la mirada nublada por un deseo oscuro y prohibido.
—Cueste lo que me cueste yo tendré a esa mujer en mi cama de nuevo. Victor se sumergía en las profundidades de una obsesión peligrosa y desenfrenada.