Abismo de engaños.

1293 Palabras
En la sede principal de las prestigiosas empresas Bustamante,Isabella trabajaba incansablemente, demostrando su valía y compromiso con su labor. Observaba la Vista de la ciudad desde su amplia oficina,una llamada del CEO Victor Bustamante la sacó de su onda meditación. -¡Ven ahora mismo a mi oficina!- Rugió la voz a través del auricular. -Sí,voy de inmediato. Ella resopló y cerró los ojos buscando la paciencia que necesitaba para lidiar con el CEO,el hombre todavía no se resignaba a que la había perdido. –¿Ahora qué quiere este hombre?-gruñó ella mientras se dirigía a su oficina. Tocó con suavidad a la puerta de la oficina y la voz seductora de Victor le indicó—Pasa,Isabella. -¿Para qué soy buena? -Para muchas cosas.-Respondió el caballero de manera irónica. Ella ni se inmutó ante el comentario sórdido de su jefe.Ya estaba acostumbrada a su manera de ser tan déspota,siempre creído de que el mundo debía rendirle pleitesía. A pesar de su edad madura Victor era un hombre atractivo y astuto,atributos que usaba a su favor para atraer a la mujeres,sólo con Isabella no le había dado resultado,sin embargo no perdía oportunidad de seducir a la joven, poniendo a prueba su integridad y lealtad, sin importar que ella fuera su nuera,cosa que lamentaba y lo atormentaba. Él le hizo señas que se sentara y se levantó a cerrar la puerta. -¿Por qué le pasa seguro a la puerta?-. Ella se puso en modo alerta. -Para que nadie nos interrumpa.- Dijo aflojando el nudo de su corbata-Verás el otro día quedó pendiente algo entre nosotros y quiero finiquitar este asunto. -Mejor me voy.-Dijo ella al levantarse rápido. Él la sujetó por ambos hombros y la obligó a mirar sus ojos,dos llamas de pasión febril brillaban en ellos. —Te amo Isabella, lamento haberte dejado ir de mi vida. —Ahora soy la esposa de Eduardo aunque no te guste. La presión se intensifica con cada palabra del millonario Isabella se veía atrapada en un juego peligroso de seducción y manipulación. Victor utilizaba todos sus recursos para ganarse la confianza de Isabella, confundiéndola con sus halagos y promesas tentadoras. —Si me das una oportunidad te prometo hacerte la mujer más feliz del planeta. —Eduardo me hace feliz. —Lo dudo,el cachorro jamás te hará sentir la mitad de lo que sentías conmigo. La joven se debatía entre su deber profesional y su instinto de protegerse de los avances insistentes de su suegro. —No alimentes esas ideas en tu cabeza, algo entre nosotros es inconcebible,prohibido e inmoral. Victor no resistió su impulso y la besó con desesperación,la sujetó tan fuerte que para ella no fue posible soltarse,sintió su duro y esculpido pecho contra sus senos erectos. La joven correspondió al beso y él la cargó para sentarla en su escritorio,mientras su lengua exploraba su boca,las expertas manos del CEO se metieron dentro de su falda tanteando hasta alcanzar su tanga. Su mano acarició esa intimidad que se ahogaba en una humedad que delataba el deseo de ella por el caballero. -¡No por favor!-Gimió ella,pero él hizo caso omiso y le subió la falda separó sus piernas y se perdió entre ellas,su lengua acarició de manera endiablada su botón del placer. Ella se llevó la mano a la boca y mordió para no dejar escapar sus gemidos. —Te gusta y no lo puedes disimular,pídeme que te haga mía. –¡Hazmelo ya! El hombre se quitó la ropa sin mucha prisa y ella esperaba ansiosa tumbada en el escritorio con las piernas abiertas. —La enormidad de Victor llenó su intimidad y los movimientos bruscos la hicieron subir niveles de pasión nunca antes imaginados. Ella le clavó las uñas en la espalda y contrató tanto sus músculos pélvicos que mordió la virilidad de Victor. -¡Auch!-se quejó de dolor. -¡Lo siento!,¿te lastimé? -No te preocupes,vi al diablo en tanga,pero me gustó. La mujer redujo la velocidad de sus movimientos y el virtió el torrente de su excitación en ella. Ambos permanecieron abrazados hasta que ella se relajó y lo soltó. Isabella se vistió y se arregló el cabello,no le había quedado ni una gota de maquillaje. —Quiero que olvides que esto pasó. —Imposible,con esa apretada que me diste dudo que te olvide. Ella lo miró de forma desafiante—No te atrevas a decir ni una sola palabra a Eduardo de estó. Entre ellos se tejió un drama silencioso pero abrumador las miradas se cruzaron y el deseo se encendió en sus corazones, llevándolos al arrepentimiento de un amor prohibido. Después de la pasión compartida, las palabras crudas y sin retorno llenaron la habitación. Victor, con el corazón lleno de tormento y sinceridad, le confesó a Isabella. —Lo nuestro sigue más vivo que nunca. Una chispa ardía incontrolablemente dentro de ellod . Mientras las lágrimas caían por el rostro de Isabella, la angustia y el remordimiento la abrazaban con fuerza. Ella, entre sollozos, le expresó a Victor — No debimos consumar esta pasión eres el padre de mi esposo y mi lealtad le pertenece a él. me siento contaminada, manchada. —El amor no tiene vergüenza,gruñó Victor mientras terminaba de vestirse. Ante el peso de la realidad y las consecuencias de sus elecciones, Victor en un atisbo de dolor y pesar, le respondió a Isabella, revelando su propia aflicción. Le confesó— me siento cómo un traidor y aparte dolorido, e inflamado en mi virilidad. —Deja de bromear eres incapaz tan cínico al ignorar el torbellino de emociones que nos van a atormentar en adelante. Ella salió de la oficina cabizbaja y fue directo al baño sus lágrimas se mezclaron en un mar de arrepentimiento y desolación, creando una cruz cargada de penitencia y desesperación. Ambos se encontraron atrapados en la encrucijada entre el deseo y la moralidad, enfrentando las consecuencias de una pasión arrebatada y un amor prohibido. Isabella regresó a casa con el corazón lleno de pesar y arrepentimiento. Esa tarde, al llegar a la mansión, su rostro estaba impasible, apenas lograba sostener la mirada de su esposo Eduardo. Con gestos automatizados, se dirigió al baño y se sumergió en un baño caliente, sintiendo el peso de sus pecados en cada gota que resbalaba por su piel. Una vez limpia y envuelta en una bata suave, Isabella se sumió en el silencio de su dolor, como si intentara ocultar su tormento detrás de una fachada de calma. Decidió vestirse con la pijama más larga que tenía, como si buscara protegerse de sus propias acciones, de la traición que había marcado su corazón para siempre. En un acto de desesperada evasión, Isabella se colocó un antifaz n***o sobre sus ojos, como si así pudiera ocultar la turbulencia de sus emociones, como si el velo oscuro pudiera protegerla de enfrentar la dolorosa verdad que se cernía sobre ella. Eduardo, su esposo, notó la quietud inusual de Isabella, la forma en que evitaba su mirada, la distancia emocional que se interponía entre ellos. Con voz amorosa, le preguntó: —¿Qué ocurre?,te veo perturbaba y muy callada. Isabella, con la voz entrecortada y la mirada perdida en el vacío, respondió con un simple —nada, mi vida,sólo es un poco de migraña. Escondiendo la verdad detrás de una mentira piadosa, protegiendo a su esposo de la devastación que habitaba en su alma. Eduardo, ajeno al huracán emocional que se gestaba en el corazón de Isabella, la abrazó con ternura, intentando disipar la frialdad que se había instalado entre ellos. Sin embargo, sus gestos amorosos parecían apenas rozar la superficie de un abismo profundo, un abismo formado por los engaños y las mentiras que los separaban sin que él lo supiera.
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