A embriagar mis penas.

1364 Palabras
-Eduardo,¿estás dormido?-. La joven no obtuvo respuesta,ya había perdido la cuenta de las vueltas que había dado en la cama sin poder conciliar el sueño. -¡Ni modo ya será mañana que hablamos,no soportó el peso de la culpa se dijo así misma. Isabella bajó lentamente por la enorme escalera de la mansión, sintiendo el peso de la fatiga en cada uno de sus pasos. Sus pensamientos estaban revueltos, su corazón latía con fuerza y su respiración se había vuelto entrecortada. Había sido un día intenso, lleno de pasión y deseo, pero ahora se encontraba ante una encrucijada que amenazaba con destruirlo todo. -Un vaso de leche,me ayudará a relajarme.-Pensó Isabella. Al llegar a la cocina, encontró a Victor de pie frente al refrigerador, con una expresión fatigada en su rostro. Sus ojos se encontraron y un silencio incómodo se instaló entre ellos. —¡Espera,Isabella!,no te vayas. —Vine por un poco de leche. Ella evadió la mirada,se acercó a la nevera y se sirvió.Trató de tomar lo más rápido posible para no entablar conversación con el padre de Eduardo. Sin embargo, era imposible ignorar lo que habían compartido apenas unas horas atrás. Al hacer el amor, se habían entregado el uno al otro en un torbellino de emociones y sensaciones que los había consumido por completo,una puerta se había abierto y la pasión que se había desencadenado era una amenaza latente para la paz de ellos. Isabella sintió un nudo en la garganta al recordar las palabras que le había dicho a Victor momentos en la oficina. —Estuve a punto de despertar a Eduardo para decirle la verdad de lo nuestro. —Seria lo mejor,pero no estamos preparados para afrontar las consecuencias.No quiero perder a mi hijo y a tí mucho menos. Ella colocó el vaso en la mesa y miró a Victor a los ojos.-No puede volver a pasar,es un error imperdonable. El caballero la tomó por la cintura y la miró con intensa pasión,al verlo frente a ella, con sus ojos llenos de deseo y su cuerpo exigiendo más, Isabella se dio cuenta de que no sabía cómo resistirse. Victor con una sonrisa pícara en los labios.No reprimió su deseo sus dedos acariciaron suavemente la piel de Isabella, enviando escalofríos por todo su cuerpo. —No podemos negar lo que sentimos, Isabella— murmuró Victor, con voz ronca. —No debemos seguir ignorando esta conexión que nos une. Somos como imanes, destinados a atraerse el uno al otro una y otra vez. Isabella cerró los ojos, sintiendo la tentación arder en su interior. Sabía que debía resistirse, que lo que estaban haciendo era peligroso y erróneo. Pero la atracción que sentía por Victor era más fuerte que cualquier razón que pudiera esgrimir. Se dejó llevar por el deseo, por la pasión que los envolvía, y estuvo a punto de sucumbir una vez más. Victor la aprisiona contra la pared y mordisqueó su cuello de forma sensual,ella sintió desfallecer cuando su boca succionaba sus pezones sin misericordia. El caballero era un experto en las artes amatorias y su deseo por Isabella lo hacían actuar más cachondeo,mientras sus bocas se exploraban la mano de Victor se deslizó a los glúteos de la joven y los oprimió,los suaves jadeos de la joven se dejaron oír,el caballero no se detuvo y acarició los muslos de ella dentro de su pijama metió la mano en su bikini y su dedo índice masajeo su zona prohibida. Pudo sentir la humedad que invadía sus bragas Pero justo en ese momento, él se detuvo. Se apartó con un gesto firme, con determinación en sus ojos. —Te espero en mi habitación,no tardes. Ella con voz entrecortada susurró —No puedo, Victor—dijo con voz temblorosa. —Esto no está bien. Somos conscientes de las consecuencias de nuestros actos, de lo que podría suceder si seguimos por este camino. No podemos permitirnos caer en la tentación una vez más. Victor la miró con intensidad, con una mezcla de deseo y frustración en sus ojos. —Pero Isabella— susurró, acercándose aún más a ella. —No puedes negar lo que sientes por mí. ¿Cómo puedes resistirte a lo que tu corazón te pide a gritos?. Isabella cerró los ojos, buscando fuerzas en lo más profundo de su ser. Sabía que lo que estaba haciendo era lo correcto, que debía resistir la tentación y alejarse de Victor antes de que fuera demasiado tarde. Pero su corazón le suplicaba lo contrario, le pedía que se entregara por completo al amor que sentía por él. Finalmente, Isabella tomó una decisión. Con paso firme, pasó de largo a Victor, ignorando la mirada de deseo en sus ojos. Estaba decidida a mantenerse firme en su propósito de no caer. —Te espero en la habitación. Ella esperó a que él se perdiera de vista y se dirigía a su habitación cuando en medio de la oscuridad del pasillo.Victor la tomó por la cintura y la llevó a su pieza. Isabella sintió el mundo dar vueltas a su alrededor, sintió el deseo arder con más fuerza en su interior. Y cuando finalmente se encontraron en la intimidad de la alcoba de Victor, no hubo palabras que pudieran detener lo que estaba por suceder. -¿A dónde ibas mi amor? ¿acaso me pensabas dejar así?-Él tomó la mano de la joven y guió a su rígida naturaleza. Isabella tocó su abultada masculinidad que había despertado. Ella se arrodilló y descubrió el cuerpo de su amado bajando su bóxer,en cuanto su boca hizo contacto,Victor comenzó a gemir y la chica lo introdujo a la profundidad de su garganta. El deseo los consumió por completo, la pasión los envolvió en un torbellino de emociones y sensaciones que los dejó sin aliento. Isabella se entregó por completo a Victor, se abandonó a la pasión que los unía de forma irremediable. Y en ese instante, en medio de la oscuridad y el silencio, Isabella y Victor se convirtieron tuvieron que hacer un esfuerzo supremo para no despertar a todos en la mansión. —No tenemos perdón,Victor. -Yo no pienso renunciar a tí. El peso de la culpa y la vergüenza pesaban sobre Isabella haciéndola sentir sucia y arrepentida de lo que había hecho. Nunca se había imaginado que terminaría siendo la amante de su marido. Desde aquel fatídico día, Isabella había tratado de evitar a toda costa tener intimidad con Eduardo. Pero Eduardo no estaba dispuesto a dejar las cosas así. Todas las noches, en la intimidad de la madrugada, él buscaba a Isabella, queriendo hablar con ella, queriendo entender lo que había sucedido. —Mi amor,¿podemos hacerlo rapidito? —Me duele la cabeza. Ya iban varios días de rechazo injustificado hasta que Eduardo con expresión sombría en el rostro la obligó a que hablara . Isabella trató de evitar su mirada, sintiendo el peso de su juicio sobre ella. –¿Qué quieres, Eduardo?-preguntó con voz temblorosa. Él la miró fijamente por un momento antes de responder: —Quiero saber qué te pasa,¿acaso has vuelto a ver a ese amor de tu pasado? Las lágrimas amenazaban con brotar de los ojos de Isabella, pero se contuvo. —Fue un error, Eduardo. Un terrible error del que me arrepiento cada día. Nunca debió haber pasado, pero no puedo borrarlo. Lo siento, lo siento mucho—sollozó. Eduardo la miró con ojos llenos de decepción y tristeza. —No entiendo cómo pudiste traicionar así la confianza que te dí. Isabella se derrumbó en lágrimas, sabiendo que no había excusa para lo que había hecho. —Sé que no hay excusa para mis acciones, Eduardo. Pero te juro que me arrepiento profundamente. No puedo dejar de pensar en el dolor que te he causado. —¿Te hizo el amor?,no me digas,tu silencio lo dice todo,¡Dime el nombre del desgraciado y lo mató!- La ira ardía en los ojos de Eduardo. —Eduardo,a primera hora me voy y no me ves más,iré al cuarto de huéspedes. —No,yo soy él que se va,pero a un bar a embriagar mis penas. Eduardo salió de forma precipitada en su auto.
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