-¿Qué le sirvo?
-.Preguntó él joven barman detrás de la barra.
-Un Whisky secó.
Era un bar elegante y bailaban unas lindas mujeres,con bikinis diminutos,el barman le sirvió un trago y él dijo. -Déjame la botella aquí.
Se tomó el vaso de un sólo sorbo y se sirvió más,mientras miraba a una de las chicas que giraba con mucha gracia en el tubo.
La música retumbaba en sus oídos que permanecía absorto en la barra de aquel
exclusivo club nocturno.
Había tomado más licor de lo que podía recordar, pero eso no parecía importarle en absoluto .
La discusión con Isabella lo había dejado fuera de sí y ahora estaba hundido en un mar de emociones confusas.
El alcohol le quemaba la garganta, pero él seguía bebiendo como si eso pudiera mitigar el dolor que sentía en su pecho.
Se sentía traicionado, humillado, abandonado. No podía creer que Isabella le hubiera sido infiel de esa manera, sin importarle cuánto la amaba.
De repente, una voz suave y melódica lo sacó de sus pensamientos. Era una de las bailarinas del club, una mujer exótica y sensual. Ella se acercó a él con una sonrisa encantadora y le hizo compañía.
-¿Por qué tan sólo?
-Estaba esperándote,
bailas bien.
-No es lo único que hago bien,¿Qué te parece si nos vamos a un lugar más privado?
-Le susurró al oído, con una mirada llena de picardía.
Eduardo no podía resistirse a esa invitación. Se levantó de su asiento y siguió a la bailarina hasta un reservado en la parte trasera del club.
Las luces parpadeantes y la música atronadora quedaron atrás, dejándolos solos en la penumbra.
La bailarina se acercó a él lentamente, acariciando su rostro con sus suaves manos.
Eduardo se apartó.
-No,sin muestras de cariño.-Sacó un fajo de billetes y se los entregó-.Quiero sexo rudo,si me aguantas que te haga de todo,habrá más dinero.
—Usted manda,soy suya,al menos por una hora.
-Por todo el dinero que vas a ganar serás mi esclava hasta el amanecer.-
Ella se acercó y él le dio una fuerte nalgada,dejando la marca roja.
-Date vuelta.-.Ella le obedeció y Eduardo le metió la mano en su panty y masajes su intimidad con una mano y la otra pellizcar sus pezones.
Ante su contacto, la chica sintió una mezcla de deseo recorrer su cuerpo.Su intimidad estaba lista para recibirlo.
–¿Lo estás gozando?
–Sí señor.
–Ruega que te haga mía.
Ella le rogó ser penetrada y él se enrolla el moño de ella en la mano y templó,la mujer chilló de dolor y placer.
—Ponte a gatas—dijo mientras se colocaba el látex.
Una vez más ella obedeció y de inmediato sintió esa dura y enorme naturaleza invadir su interior,las lágrimas se le salieron,por los movimientos bruscos,casi estuvo apunto de pedir a ese guapo cliente que se detuviera,cuando una ola de pasión la invadió y los gemidos se dejaron escuchar.
-¿Por qué estás tan estrecha?
-Es mi segunda noche aquí,primera vez que me lo hacen por allí.
Él no pudo resistirse más y la besó con pasión desenfrenada.
Sus cuerpos se fundieron en un baile ardiente y desesperado, buscando desesperadamente el alivio que tanto ansiaban. Eduardo se entregó por completo al momento, despojándose de su dolor y su tristeza en un acto de pasión.
-Aquí tienes tu dinero,te lo has ganado bien.
-Gracias,vuelva cuando quiera,lo estaré esperando.
Eduardo con paso vacilante, salió del club nocturno y se dirigió a la mansión . Sabía que tenía que enfrentarla.
El sol comenzaba a asomar en el horizonte cuando finalmente llegó a la mansión. Respiró hondo y se quitó la ropa para ducharse.
Una vez limpio,se acostó por un lado de su esposa
Isabella encendió la luz y se enfrentó a Eduardo.
Su mirada era fría y distante, pero al mismo tiempo llena de dolor y decepción. Eduardo se sentía como un niño travieso que había sido sorprendido en una travesura,no era hombre de bares.
—Tenemos que hablar, Eduardo—dijo Isabella con voz firme, cortando de raíz cualquier intento de evasiva por parte de él.
Eduardo se removió incómodo en la cama, sintiendo el peso de su culpa aplastándolo. Sabía que no podía escapar de esa conversación, que debía enfrentar las consecuencias de sus acciones esa noche en el club nocturno. Se preparó mentalmente para lo que vendría a continuación, sabiendo que las palabras de Isabella serían como puñales que perforarán su corazón herido aún más.Le había pagado traición con traición.
-¿De qué hablas, Isabella? -intentó desviar la conversación, pero ella no estaba dispuesta a caer en su juego.
-De tu amante. Del olor a licor y perfume barato que impregna tu ropa y tu piel. -respondió Isabella con voz entrecortada.
-Lo siento, Isabella.Pero eres la menos indicada para hablar de traición.
Lo que encontró fue desdén y desprecio en la mirada de Isabella.
—Tú no eres así,Eduardo.No te portes como un niño.Hablemos cómo adultos,es más te diré su nombre.
-No hace falta. Así como le haces el amor a él, quiero que me lo hagas a mí. Eso es lo mínimo que puedes hacer para redimirte de tu traición -dijo Eduardo con voz cortante, desafiante.
Isabella se quedó sin palabras ante esa petición inesperada. No podía creer lo que estaba escuchando, no podía comprender cómo Eduardo podía pedirle algo así después de todo lo que había pasado entre ellos. Pero sabía que no tenía elección, que debía aceptar su castigo si quería recuperar su amor y su confianza.
Él se subió sobre Isabella, dominando con su peso y su fuerza.
—Suéltame que me haces daño.
Ella cerró los ojos y sintió las caricias y besos que recorrían su cuerpo.
—Te voy a hacer mía a la fuerza lo quieras o no para que te salga ese tipo de la cabeza.-Gritó airado.
—Bájate,no quiero.
Los gritos llegaron a la alcoba de Victor que se levantó corriendo.
Un grito desgarrador rompió la lucha. Victor, había irrumpido en la habitación con una furia incontrolable.
-¡Eduardo, ¿qué demonios estás haciendo?! -rugió Victor, abalanzándose sobre su hijo con una mezcla de rabia y desesperación.
Eduardo se vio sacudido por la fuerza de su padre,que le mantuvo suspendido en el aire.
—Suéltame,padre.Es pelea de marido y mujer.
Isabella se fue corriendo a la habitación de huéspedes.