*** El clima tan frio que ofrecía la ciudad aquel medio día era casi abrasador, calaba desde los dedos de mis pies hasta mis manos descubiertas. Con la prisa de Amara apenas y tuve tiempo de ponerme un abrigo y mis estampadas botas de flores. Estaba decidido, la mañana siguiente estaría viajando a la ciudad de Melbourne. No había podido tener contacto con Patricio, pero esta noche me encargaría una vez más de ello, aunque para Mauricio ya todo estaba pautado y yo no lo quería un poco más preocupado. Amara tomaría un vuelo conmigo a la ciudad y nos estableceríamos en el viñedo por comodidad y petición de mi novio. A ella no parecía molestarle, tal parecía que disfrutaba este viaje, aunque no fuese de vacaciones, a estas alturas ya la quería muchísimo, tanto como una hermana. —Mi hermano

