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1892 Palabras
Si bien era cierto había tenido un golpe de valentía ese día, pero al parecer desgastó aquella al sentir el aire golpear su cuerpo bruscamente, Yoongi iba demasiado rápido y Jimin sentía que en cualquier momento chocarían y morirían. Quería decirle que bajara la velocidad, pero su cuerpo no reaccionaba a nada más que a aferrarse al torso del contrario, incrustando levemente sus uñas en el torso ajeno. La carretera estaba totalmente vacía y al parecer Yoongi amaba ir a peligrosas velocidades en esos casos, pero Jimin quería seguir viviendo, así que cuando pudo, se separó un poco del cuerpo del mayor para poder hablar. ―Hyung, baje la velocidad― gritó, al principio pensó que no había sido escuchado, pero luego de unos segundos el mencionado giró levemente la cabeza y rio. ― ¿A dónde se fue el chico valiente de hace unos minutos? ―Fue golpeado por mis ganas de seguir vivo― Yoongi soltó una carcajada e ignoró los gritos y golpes del menor, siendo su orden ignorada también. Yoongi puso una cara seria y aceleró aún más, Jimin gritaba y se aferraba fuertemente, arrepintiéndose mentalmente de haber ido. El único sonido en esa desolada carretera era el furioso rugir del motor de esa motocicleta, y los gritos espantados del menor. ― ¡Nos vas a matar, idiota! ―esa era oficialmente la primera mala palabra que salía de la boca de Jimin en toda su vida, no le dio importancia si quiera, estaba totalmente asustado como para reprenderse por su vocabulario. ― ¿Ahora dices malas palabras? ―Yoongi estaba ganándose el premio al más imbécil del universo, según Jimin, sentía el camino eterno y solo quería bajarse para vomitar de una vez. ― ¡Ya cállate y para esta cosa! Yoongi sintió que era suficiente y al ver que el lugar al que quería llevarlo estaba cerca, comenzó a disminuir la increíble velocidad que llevaban, jamás había conducido de esa manera, pero al ver la carretera vacía la adrenalina le ordenó que lo hiciera, además le divertían los gritos de Jimin. No iban a ningún restaurante en específico, de hecho, al lugar que decidió llevar al menor era al aire libre y con unas vistas hermosas. Cuando por fin la motocicleta paró, Jimin se bajó rápidamente, como si el asiento quemara y se quitó el casco, molesto. ― ¿Qué te sucede? ¡Casi morimos por tu culpa, no entiendo cómo conseguiste tu licencia de conducir...! ―No me llamaste por honoríficos―interrumpió el mayor, ganándose una mirada furiosa del menor. ― ¿Crees que me importa el estúpido honorífico en estos momentos? Eres un caso y no deberías manejar con los problemas mentales que al parecer posees... ―Estás diciendo malas palabras― volvió a interrumpir con una sonrisa ladina, viendo como Jimin lanzó el casco al suelo y se jaló el cabello con frustración. ― ¡No me interesa! En estos momentos quiero decirte todas las palabrotas que he escuchado en la calle y...―Jimin no pudo seguir, ya que Yoongi se había acercado rápidamente, eliminando la mayoría de la distancia que los separaba. Jimin olvidó todo en ese momento; las maldiciones que tenía para el mayor, sus padres, hasta su edad era difícil de recordar en ese momento. Sentía sus mejillas arder de vergüenza―y también por haber estado gritando todo el camino―y el sudor frío que corría por su frente. Quería empujarlo y decirle que nunca se vuelva a acercar de esa forma hacia él, pero en ese momento nada salió de su boca. ―Acabas de maldecirme, también rompiste el honorifico― Jimin bajó la mirada apenado, sintiéndose regañado, pero Yoongi tomó la barbilla de éste e hizo que lo mirara a los ojos de nuevo― Y acabas de lanzar mi casco a un charco de lodo― Jimin miró por instinto al suelo, dándose cuenta de que lo del charco era verdad. Volvió a mirar a Yoongi, esos ojos oscuros y brillantes captaron su atención en ese momento. ―Y-yo―nada más salía en ese momento, se sentía abrumado por todo lo que estaba sintiendo en ese momento, era un revoltijo de emociones. ―Acabas de hacer algo que cualquier adolescente haría, no has hecho nada malo― colocó ambas manos a cada lado de la cara del menor, acunando las esponjosas mejillas en las palmas de sus manos, Jimin jadeó de sorpresa por el movimiento, mas no retiró las manos ajenas de su rostro. ―Todo lo que hice es malo― susurró con un hilo de voz, siguiendo paralizado por el momento. ―¿Según quién? ―Según todos. Yoongi miró el rostro del menor atentamente; primero sus ojos color avellana, en ese momento tenían un pequeño brillo, luego la pequeña nariz de botón que estaba sonrosada por el frío, esas pecas que decoraban sobre los pómulos y eran disimuladas con un poco de lo que parecía maquillaje, sus cejas pobladas, pero hermosamente arregladas, y por último, esos rosados y carnosos labios que temblaban ligeramente por el clima o tal vez por los nervios del momento, porque aunque lo disimulara, estaba igual de nervioso que Jimin. ― ¿Sientes que me lo merecía? ―Jimin asintió―Entonces está bien, de hecho, me sorprendió el no recibir una cachetada de tu parte―Jimin rio suave por el comentario, y golpeó el hombro del mayor con un poco de fuerza, haciendo que ambos rieran y que todo el nerviosismo se dispersara. ―También merecías lo del casco, pero de igual forma lo lavaré. No había sido esa la intención― Yoongi dio un pequeño apretón en la mejilla izquierda de Jimin y bajó las manos del rostro ajeno, sintiendo un hormigueo por quererlas en el rostro del menor de nuevo. ―Te lo agradezco, aunque de igual forma haría que lo lavaras― Jimin lo miró con fingida molestia y Yoongi rio, le gustaba ver como la nariz de Jimin se arrugaba cuando estaba molesto―El lugar al que vamos está a unos cuantos minutos, sígueme o te perderás― Yoongi comenzó a caminar, sin si quiera esperar al menor, llevando a su lado su motocicleta, al verlo irse corrió detrás de él. Jimin no comprendía en donde estaban, había unos cuantos árboles, pero no demasiados y el ruido de los autos y las bocinas se escuchaban. Cuando giraron a la derecha Jimin vio unas escaleras hacia algo que parecía ser un techo, y en lo alto se veía iluminado por algo que desconocía. Yoongi dejó la motocicleta ahí y comenzó a subir las escaleras, y Jimin lo siguió. Cuando estaban en lo alto una ventisca golpeó su rostro, haciendo que se abrazara a sí mismo, pero lo que más llamó su atención fue la vista de luces de la carretera, y un enorme cartel de algún restaurante que alumbraba. Jimin vio a Yoongi sacar un termo de la pequeña mochila que ni siquiera había notado que traía y una bolsa café. Se sentó frente a él y recibió el vaso con un humeante café que fue ofrecido, con una dona de chocolate y malvaviscos. ― ¿Por qué ocultas tus pecas? ―preguntó Yoongi, dándole un sorbo a su café mientras miraba a Jimin. ―No me gustan, son muchas y con el maquillaje al menos puedo disimularlas― confesó, las pecas le parecían lindas en otras personas, pero al verse en el espejo con ellas pensaba que se veían mal. ―A mí me parecen bonitas, no entiendo por qué las ocultas― Yoongi sacó un pequeño pañito húmedo de una bolsa y se acercó a Jimin, por reflejo el menor se alejó un poco, pero al ver los ojos de Yoongi volvió a acercarse y dejarse limpiar. El maquillaje fue retirado y las pecas de Jimin relucieron en su rostro― Así te ves mejor― y volvió a sentarse. Jimin no comentó nada y sonrió, el sonrojo en su rostro había vuelto. Se estaba preguntando porqué se estaba sintiendo así en ese momento. ¿No se supone que él debería hacer sentir de ese modo a una chica? No, por un momento se asustó por lo que estaba pensando y sintiendo. Miró a Yoongi asustado, no podía ser aquello que sus padres aborrecían, a él no le podía estar gustando otro hombre. Jimin se levantó de repente, alarmando a Yoongi por su acción, Jimin lo miraba con los ojos con lágrimas y abiertos, como si estuviese viendo al mismo Lucifer. Yoongi se levantó lentamente e intentó acercarse, Jimin se alejó. ― ¿Qué sucede Jimin? ―intentó acercare de nuevo, pero Jimin retrocedió. Yoongi se asustó al ver el corto espacio entre el vació por el final del cemento y Jimin. ―Deja de hacerme sentir de este modo, no puedo ser esto, Yoongi― Jimin comenzó a llorar y dio un paso más hacia atrás. ―Jimin, deja de retroceder. Ven acá y hablemos tranquilamente de lo que te sucede― no avanzó más por el temor de que Jimin retrocediera, y esta vez caería. ―No puedo hacerle esto a mis padres, ellos no me aceptan como soy y menos lo harán si saben que me está comenzando a gustar un chico― Jimin soltó sin pensarlo y miró sorprendido a Yoongi después de hacerlo, no quería declarar lo que estaba sintiendo, quería erradicarlo. ― ¿Q-qué? ―Yoongi miró atentamente como Jimin comenzaba a llorar aún más, y su pánico de que cayera no se había esfumado, de hecho, crecía al ver el estado del menor. ―No sé qué estoy haciendo con mi vida―miró al suelo con las lágrimas empañando su vista―En mi iglesia aborrecen los pensamientos como los míos por alguien del mismo sexo. ― ¿Tú lo aborreces Jimin? Mírame a los ojos y dime que lo que estás sintiendo es algo que quieres eliminar por tu elección― Jimin lo miró a los ojos sin ser capaz de decir aquello, no sabía si en verdad quería dejar de sentir esa felicidad que la presencia del mayor le producía― Ven conmigo y hablemos de esto, no eres una decepción para nadie y si tus padres te han enseñados que hay límites para querer a alguien, están muy equivocados― Jimin lo miró una vez más y dio un paso hacia adelante, logando que Yoongi soltara un suspiro de alivio. Yoongi se acercó a Jimin y lo abrazó, pasó sus brazos sobre los hombros del menor y este lloró en su pecho, el mayor no sabía específicamente qué era lo que sentía por Jimin, no llevan tanto tiempo de conocerse y se le hizo algo repentino y sabía que los sentimientos ajenos apenas comenzaban a florecer. ―Vamos a conocernos más y voy a enseñarte que la vida no se basa en seguir lo que dice la biblia, o lo que dicen las personas de las iglesias, ni siquiera de lo que digan tus padres―Jimin lo abrazó aún más fuerte, sintiéndose confortado. Yoongi estaría dispuesto a dejar que el verdadero Jimin que había conocido ese día, fuera el que predominara en su cuerpo para siempre. Se separaron ligeramente y Yoongi limpió las lágrimas del menor, limpiando con delicadeza y cariño. Al ver que Jimin seguía temblando, se quitó su chaqueta, interrumpiendo el abrazo por un momento, se la colocó al menor, haciendo que este metiera correctamente los brazos. ―Ahora vamos a comer esas donas, antes que los mosquitos que están cerca lo hagan― Jimin rio y sintió felicidad en su cuerpo de nuevo, si ser algo "anormal" según los de su iglesia se sentía así, no le molestaría el serlo. Jimin aún no estaba enamorado, ni siquiera le gustaba del todo. Pero al jamás haber sentido ese calorcito en el pecho al sentirse querido, eran sentimientos abrumadores para él. En especial cuando a él le enseñaron toda su vida que sentirlo por una persona del mismo sexo, era un pecado mortal. Pero por un momento, eso se sintió bien.
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