Para Lois y Prisco era la mañana más entretenida de sus vidas, los ojos les brillaban de la excitación al ver que el plan se desarrollaba con éxito. ¿Qué podía salir mal? A Lydie, todo. A ellos, probablemente nada.
— ¿Cómo creen que se esté sintiendo? — Preguntó Farid sentado en la mesa del comedor.
Se habían reunido en su casa, Farah no le dirigía la palabra y había salido. El grupo se quedó allí, conversando de lo bien que había salido todo. Hasta que el efecto de la adrenalina cesó.
— ¿Te importa, Farid? — Se burló Prisco.
— ¡Espera, Prisco! El muchacho tiene razón, Lydie debe estar perdiendo la cabeza. — Dijo Lois. Se acercó a Farid y colocó su mano sobre su hombro, pero el pelirrojo no volteó el rostro hacia el líder.
— Sólo estoy pensando que...
— Me alegra que pienses, muchacho. Me alegra que tomes en cuenta los sentimientos de los demás. — Susurró Lois, se inclinó un poco más. — Me alegra que sientas compasión, eso demuestra que aún dentro de ti hay cosas buenas.
— Lois, yo sé que...
— No, Farid. — Lo interrumpió nuevamente. — Lo digo con honestidad. Hay cualidades en ti que son destacables, para ser un Memoriae.
Farid tragó saliva. A veces le resultaba impresionante el odio que sentía Lois por las demás razas, y lo bien que podía disimularlo. En cambio Prisco, quien era bastante despreocupado, dejaba pasar los comentarios de Lois. Eran un trío difícil de describir, pero cada uno aportaba algo. Un Seele, un Memoriae y un Kudya Munthu, jóvenes, ambiciosos y decididos. Sólo que entre los tres, había uno que se detenía un poco a pensar mejor las cosas. Sentía que algo debía estar haciendo mal, pero no lograba distinguir qué era eso que lograba poner su cuerpo pesado y su mente turbulenta.
No quería ser el que cuestionaba las órdenes, porque al fin obtendrían algo que habían deseado. La mujer de pelo azul se lo había planteado claramente a Lois, pero Farid tenía dudas de sus palabras. Ellos ganaban algo, sí, pero ¿Qué obtenía ella después de todos esos ataques? Nunca lo hablaba, sólo le llenaba los ojos a Lois con ideas de una grandeza que inflaban su pecho. Algo en ella no era del todo transparente. Y aunque compartía r**a, no se sentía similar a ella. Farid no encontraba nada en ella con lo que pudiera identificarse, nada con lo que sentirse cercano.
- Hay que seguir con el plan, - dijo Lois volteando hacia Prisco con los brazos abiertos, - no creo que debamos perder el tiempo pensando. – Soltó con sarcasmo, ambos rieron, excepto el pelirrojo.
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Farah apretaba los puños, sabía que Farid era más inteligente que aquellos dos que se burlaban de sus dudas. Esconderse cerca de una de las ventanas para espiarlos, fue lo mejor que se le había ocurrido en esos últimos días, pero no siempre lograba seguirlos. Lamentaba no comunicarle todo lo que estaba escuchando a Lydie, pero necesitaba confirmar sus sospechas antes de seguir avanzando.
Los vio salir de la casa conversando con tranquilidad, se subieron al auto y Farah espero un poco antes de salir de su escondite, y cuando el auto de Prisco desapareció con el trío al final de la calle, decidió entrar a su hogar con las piernas adoloridas por pasar mucho tiempo agachada. Lunes y martes habían sido los días más fructíferos de su espionaje. Y sabía a dónde dirigirse ahora que había visto a los muchachos conversar con un grupo de Rebeldes. Había muchas promesas en sus conversaciones, y a Farah se le erizaban los vellos de sus brazos la seguridad con la que hablaban.
Entró a su cuarto, buscó un bolso, metió algunas cosas con rapidez y mandó un mensaje desde su teléfono. Debía actuar con agilidad, no había tiempo que perder. Recibió una respuesta a su mensaje, lo leyó dos veces, respiró profundo y asintió decidida. Salió de la casa, iría a un lugar en busca de una persona en particular que sería el mejor apoyo que podría recibir Lydie. No decepcionaría a su amiga.