Miércoles.

2034 Palabras
Lydie corrió hasta la puerta de su casa asustada y sumamente molesta. Miércoles, 7 de la mañana, y algún muchachito sin nada más que hacer había detonado un fuego artificial cerca de su casa. Le pareció la jugarreta más inútil e infantil viniendo de un niño Deamonium. No serviría de nada reclamar con los padres si es que eran parte de los que la odiaban, ya que de seguro los mismos responsables del niño lo habrían mandado a hacerlo.    Abrió la puerta y el aire salió de sus pulmones.   No podía ser posible.   Él no.    Lydie sintió como la presión se le iba, trató de calmar su pulso como pudo y entró corriendo, llamó a Seth con el teléfono temblando entre sus manos, sintió que los segundos pasaban demasiado lento y que mientras más avanzaba el tiempo, peor podía ser para ella.    Seth casi se atraganta cuando escuchó a Lydie gritar de desesperación, le pidió que se calmara.   — ¡Él me dijo que podía contar conmigo! ¡Ven! — Suplicó Lydie.   — ¡No llames a nadie más! — Rugió Seth al teléfono, dejó la taza con café dentro del fregadero y corrió a buscar las llaves de su auto.    Lydie se acercó al cuerpo. Kir yacía muerto en el frente de su casa, con los ojos abiertos y heridas horribles que dejó su ropa hecha jirones, había luchado pero su cuerpo mostraba que fueron injustos con él. Se acercó, y sintió el olor de magia Seele en él. Notó las mordidas de caníbales, y tratando de buscar un poco en su memoria con un hechizo sencillo, pudo ver que un Memoriae también estuvo involucrado. No sabía quién lo pudo atacar pues los olores estaban muy mezclados, pero hubo uno en particular que sintió conocido. ¿Rebeldes confabulados con gente del clan? Pero, ¿por qué contra Kir? ¿Erradicar a cualquiera con relación con Adel? Eso era absurdo... No podía ser posible.    Miró a todos lados, evaluando el perímetro. No nota nada fuera de lugar, no escucha nada; pero aún se siente observada, claramente nerviosa de que justo pase alguien y la culpen por la muerte de Kir. No necesitaba más problemas, pero esto lo era, y uno bastante difícil de solventar.   Tomó el teléfono de su bolsillo y sacó varias fotos al cuerpo de Kir, le perturbaba tener fotos de él muerto en su teléfono, pero, así como lo había hablado con Farah, no podían fiarse sólo de la memoria.    Se agachó a cierta distancia del cuerpo, sacó unas fotos de las mordidas que tenía en los costados, y recordó el cuerpo de Adel, las heridas que tenía. Eran similares las marcas. Además notó que no había sangre al rededor, así que lo más probable es que hayan llevado el cuerpo hasta la entrada de su casa. Lo habían matado en otro lugar y lo llevaron hasta allá en medio de la noche para matarlo.    Vio el auto de Seth acercándose, y dio unos pasos atrás casi tropezando con sus propios pies.    Seth no había terminado de apagar el auto y ya estaba corriendo hacia el cuerpo de Kir, miraba a Lydie quien se llevó las manos a la cara, Seth quiso tomar a su amigo entre sus brazos, pero la desesperación silenciosa que crecía dentro de él no lo dejaba actuar con claridad, se aferraba a su propia camisa como si le apretara hasta asfixiarlo, quiso gritar pero sólo lograba gruñir, se echó de rodillas cerca de Kir. Lydie corrió hasta él, lo abrazó por detrás y Seth lloró.    Lloró con el pecho destrozado. Había perdido a su hermano de r**a, y sintió culpa por no haber podido salvarle. Sus heridas eran profundas, bastante horribles, rompieron su cuerpo humano y lograron matar su cuerpo demoníaco. No quedaba nada de él.    Lydie también lloraba, las lágrimas corrían por sus mejillas y temblaba ligeramente. Kir murió de una forma terrible en la que algunos cobardes decidieron emboscarlo porque sabían que uno contra uno no iban a ganar. Kir era un hombre fuerte, y le había ayudado aún cuando dudaba de ella. La miró con rabia, pero su miedo no nublo su razonamiento. Fue capaz de escucharla, de acercar la mano sin asco.    — Hay que... hay... Debemos... — Jadeaba Seth, por llorar tanto. — Cerremos sus ojos ahora que podemos, por favor.    Le costó levantar la cara, pero igual Lydie soltó a Seth. Era un movimiento osado, pero cuidadoso al tratarse de un demonio muerto. Se habían envuelto las manos en las camisas para mover los párpados con delicadeza. No se podía tocar al demonio que había muerto con las manos, era irrespetuoso y representaba un peligro para su proceso de incineración propia. Los demonios al morir en ambos estados, eran "libres" y por eso se volvían ceniza. Tocarlo podía evitar que esa zona no se incinerara correctamente y no iba a poder ir "al universo". Todo aquello resultaba casi poético, pero era un rito muy respetado.    — ¿Qué ocurrió, Lyd? — Susurró Seth.    Lydie tragó saliva, no sabía qué decir porque ni ella misma sabía qué había pasado allí. Estaba arrodillado uno al lado del otro con el cuerpo de Kir frente a ellos.   — No lo sé, ¡en serio! Él sólo... sólo estaba allí, muerto, frente a mi casa. — Dijo Lydie, abrazando su cuerpo por el frío de la mañana. — Alguien lanzó un fuego artificial cerca de la casa, y salí corriendo a buscar a los posibles personajes. Abro la puerta y veo a Kir aquí, muerto.    Seth la miraba fijamente con el seño fruncido, pero relajó un poco su rostro cuando notó que Lydie decía la verdad. Se levantó, y le ofreció la mano a la pelinegra para que ella también se levantara. Lydie temió, pero recordó las palabras de Kir. Haría todo lo posible por confiar en Seth.    — Haremos algo que nos asegura la muerte, Lyd, así que debemos actuar con mucho cuidado pero debe ser rápido. ¿Entendido? — Explicó Seth en voz baja. Lydie asintió.    Troto hasta su auto y lo estacionó bien, no había motivos para levantar más sospechas. Lo dejó aparcado frente a la casa, bajó y se apresuró a darle varias indicaciones a Lydie.   — ¿Tu garaje tiene ventanas? — Preguntó Seth.   — Sí, pero son rendijas pequeñas.    — Funciona. — Se colocó de cuclillas cerca de Kir. — Ve abriendo la puerta, cuando vuelvas aquí debes traer cartón.   — ¿Cartón? — Preguntó Lydie.    — ¡Sí, Lyd! Es uno de los pocos malditos materiales que no interrumpe el proceso. ¡Rápido! — Insistió.    Lydie asintió un poco descolocada. Entró corriendo a su habitación buscando las llaves del garaje, entró a una habitación que casi siempre estaba cerrada donde había algunas cajas con viejas cosas. Las sacó apresurada, sentía el pulso acelerado. Tomó los suficientes para hacer una camilla simple para mover a Kir.    — ¡Aquí está! — Le entregó las cajas a Seth. Corrió al garaje, abrió las puertas de par en par y se acercó nuevamente a Seth.   — Okey, tienes que atender muy bien a lo que te diré.    Seth empezó a estirar las cajas cerca del cuerpo y a encajar una con otra. Hizo movimientos ligeros con sus manos para poder solidificar las uniones con magia. Se colocó cerca de Lydie y le dio un cartón que era más fuerte por la magia.   — Hay que empujarlo sobre el cartón.   — ¿Y si lo tocamos por accidente?   — Seremos cuidadosos, confío en que puedes hacer eso, Lyd.    Se agacharon, y contaron al unísono: "uno, dos... ¡Tres!" Deslizaron el cuerpo que empezaba a ponerse pesado, Seth sintió una ligera molestia en el pecho pues recordó hacer el mismo procedimiento con Adel. El cuerpo de Kir estaba sobre el cartón, lograron no tocarlo y lo empujaron con magia sincronizada hasta el garaje de Lydie.    Seth cerró mirando a todos lados.    — Sí lanzaron el cohete, fue para mostrarte su cuerpo allí. — Empezó a hablar Seth. — En este juego ya no hay casualidades, Lydie. ¿Entiendes?   — Lo sé, ¿okey? ¡Lo sé! — Farfulló. Caminaba de una esquina a otra, trataba de respirar con calma pero no lograba concentrarse. — ¿Acaso no es suficiente con la posible muerte horrible por la que me harán pasar los Guardianes? Hexu no se ve como un ser compasivo, ¿para qué buscaría yo hundirme más cuando ya estoy hasta el cuello de problemas?    — ¡Hey, hey! Abrirás un agujero si sigues caminando de un lado a otro, detente. — Abrió la puerta que conectaba el garaje con la sala, y dejó a Lydie pasar primero. — Vamos a la cocina, creo que te hará bien comer algo.    Seth preparó un desayuno simple entre las muchas cosas que tenía Lydie en su gran cocina, mientras que ella tomaba una ducha y se cambiaba para calmarse un poco.    Trató de imaginar porqué matarían a Kir... Pero nada venía a su mente.    — Gracias. — Dijo Lydie, acercándose al mesón. Tenía la mirada perdida, y tomó jugo un poco distraída.   — Lyd... no le puedes contar a nadie sobre...   — ¿Un muerto en mi garaje? Ah, sí, ¿por qué no querría comentarlo con todos? — Dijo un poco molesta.   — Entiendo que te sientes un poco desesperada justo ahora, pero cálmate. Encontraremos una solución.   — Ojalá pudiéramos suicidarnos, esa sería mi solución.    Seth rió entre dientes y volteó hacia su plato nuevamente. Él había pensando lo mismo en algún momento, pero sabía que eso era imposible para los demonios.    — Debes pasar el día aquí, Lyd. No puedes salir, nadie debe verte.    — ¿Y no crees que los hombres a su cargo no notarán la ausencia de su líder? — Preguntó Lydie.    — Lo solucionare, sólo dame... tiempo.    Lydie se volteó a mirarlo como si acabara de atravesarle el pecho con una daga.    — ¿Tiempo? — La pregunta resonó en la cocina, la voz, fúnebre de Lydie le erizó toda la piel a Seth. — Es miércoles, ¿crees que yo tengo tiempo?    — ¿A dónde buscarás el Mortarium? No tienes pistas, no tienes nada, Lydie. — Exclamó Seth. — Dame un poco de tiempo y encontraré una solución, ¿okey?   — No, Seth.    — No, Lydie. Está vez, sólo está vez, obedece. — Espetó.    Lydie resopló con fuerza por la nariz. Obedecer era fácil, pero en ese momento no tenía ganas de dar su brazo a torcer. Era su cuello en juego, no el de él.    — Pasas el día aquí. No ves a nadie. Y esperas por mí. — Ordenó. Se levantó rápidamente y se fue.    Lydie apretaba los puños sobre la mesa y entonaba los ojos, algunas cosas en la casa vibraron por la intensidad de sus emociones y la magia que destilaba. Trató de respirar con calma, le costó un poco al principio, por más rabia que le causara entendía la petición de Seth. Aflojó la mandíbula, y empezó a respirar profundo.    Pasar el día en casa no le resultaba el miércoles más emocionante de su vida, menos en la situación que se encontraba. Pero era eso, o ser linchada por todo el gran clan Deamonium.    Terminó su comida y volvió a la cama. Tomó su teléfono, revisó las fotos que había tomado al cuerpo, hizo zoom a la imagen donde se veía la mordedura e hizo un leve chequeo en su palacio mental, comparó ambas imágenes y la mordedura coincidía.    El corazón le latía en el pecho con fuerza. La misma persona le había atacado, el mismo demonio. Los olores también podían develar que era la misma magia para aumentar la eficacia de la mordedura y los diversos ataques. Era un grupo de personas organizando los atentados contra ellos, pero ¿por qué? Y en particular, ¿por qué Kir? El hombre siempre ha sido directo, no tenía mucho que ocultar y las cosas que él sabía no eran un secreto para algunas personas, tampoco era dueño de nada importante, ¿o sí? Se quedó pensando en cada detalle, ya que no podría salir de la casa, sería un miércoles muy aburrido. 
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