Capítulo 4. Llegando a la cueva del lobo... o será la del diablo.
Yo solo asentí. Lo vi caminar hacia mí y cuando estuvo cerca me levantó la cara con su bastón plateado.
- Tienes los mismos ojos de animal asustado, niña. Espero que seas más fuerte de lo que pareces, porque Nicolas nunca ha sabido cuidar de las cosas frágiles –
- Abuelo, Laura es mi esposa y se quedará junto a mi – intervino Nicolas con la voz firme.
- Veremos cuanto te dura el jueguito. Pero no se te ocurra engañarme Nicolas, no puedo creer que te hayas enamorado de una mujer así solo con verla. Por eso, a partir de hoy ustedes se quedaran acá, en la casa de los Danger –
- ¡Abuelo! – se quejó Nicolas, pero el anciano no se inmutó.
- Es eso, o alejarte de ella y aceptar a Nadia como tu esposa de una vez – gruño el anciano.
Nicolas no respondió, solo tomó mi mano con más fuerza.
- Esta bien, eso significa que aceptaste mi invitación – le respondió el abuelo con un brillo extraño en la mirada.
¿Invitación? pensé. Eso sonó más una amenaza que una invitación, pero yo no era nadie para interrumpirlos.
Nicolas levantó la mano y una señora con traje oscuro se acercó. Iba a decir algo cuando su abuelo lo interrumpió.
- Algo más querido nieto... no quiero escándalos de habitaciones separadas. Si es tu mujer, entonces que lo sea de verdad. No voy a permitir que este matrimonio sea otra de tus artimañas legales para liberarte de mí, Nicolas – pude sentir como la mano de mi esposo tembló sobre la mia.
- Dormirán en el ala este, en la habitación principal. Juntos. Y no quiero nada de trucos –
El corazón me dio un vuelco. Miré a Nicolas, esperando que protestara, que dijera que el contrato no incluía dormir juntos. Pero él solo asintió con la mandíbula apretada.
- Anastasia – llamó el abuelo y esa mujer dejó a Nicolas con la palabra en la boca.
- Dígame señor –
- Ordena que cierren todas las habitaciones libres de la mansión. Nicolas y su esposa no las necesitaran –
- Así será señor –
No podía creer en lo que me había metido, ahora tenía que compartir la noche con él, no solo esa noche, sino todas las que vendrían... estoy en Rusia, un pais que no conozco, con un idioma del que no entiendo nada... al menos todos en este lugar hablan mi idioma, sino hubiera sido así me sentiría peor.
Unos minutos después, una criada nos condujo por unos pasillos hasta llegar a la dichosa habitación nupcial, cuando la puerta se abrió no pude evitar abrir los ojos como plato, era inmensa.
Había una chimenea encendida, techos tallados y una cama matrimonial tan grande que parecía un altar. La criada hizo una reverencia y cerró la puerta, dejándonos solos.
El sonido del cerrojo fue como el cierre de una celda.
Nicolas se quitó el abrigo, y yo hice lo mismo. Sentía que mi ropa estaba mojada por la tensión.
- Dámelo me dijo y se llevó los dos abrigos para colocarlos en otra habitación. Suspire tranquila al saber que el abuelo no hablaba en serio, parecía que sí había otra habitación allí. Pero el alivio solo me duró unos segundos, pues al entrar detrás de él me encontré con un enorme guardarropa.
- ¿Esto es una locura? – susurré.
- Ya te lo dije Laura. Mi abuelo es el patriarca y no podemos contradecirlo, al menos debemos estar tranquilos, no te odio desde el principio como esperaba –
- ¿Odiarme? – eso lo dije en mi mente, me había concientizado que no podía repetir todo lo que él decía, pero escucharlo decir que esperaba que el patriarca de su familia me odiara no me gustó.
Me quedé allí, sumergida en mis pensamientos, cuando reaccioné él ya había salido del closet. Al volver a mi habitación lo encontré desabrochándose la corbata mientras caminaba hacia mí. La tensión de la noche anterior volvió a inundar el espacio, pero esta vez no había drogas en mi sistema, solo el miedo y una atracción eléctrica que me provocaba él.
- Nicolas... – comencé.
-- ...el contrato decía que yo tendría mi propio espacio – le mentí, porque la verdad fue que no había leído nada de lo que firmé. Es más, si decía que le regalé mi alma al diablo así sería, porque ya estaba firmado, no había marcha atrás.
Él se detuvo a centímetros de mí. Su olor, esa mezcla de frío, menta y lujo, me envolvió. Puso una mano a cada lado de mi cabeza, atrapándome.
- Lo siento cariño, yo tampoco esperaba tener que quedarme a vivir aquí, pero mi abuelo tiene espías en cada rincón de esta casa. Si él sospecha que esto es falso, te enviará de vuelta en el primer avión, y Miguel será el más feliz con eso... pues estará esperándote en la pista de aterrizaje, listo para recluirte en un manicomio. Conozco demasiado a los hombres como él.
Yo cerré los ojos un segundo, por más que quisiera negarlo, estaba igual de segura que eso pasaría apenas toque suelo nacional.
Me miró a los labios y luego volvió a mis ojos. Su voz se volvió un susurro oscuro que me erizó la piel, retrocedí solo para chocar contra el poste tallado de la cama.
- Hay una regla más que no está en el papel, porque no pensé que mi abuelo llegaría tan lejos... pero ahora es nuestra realidad. Tendremos que dormir en la misma cama. Y para que él lo crea, no puede haber distancia entre nosotros –
Se acercó un poco más, su aliento rozando mi oreja.
- ¿Podrás soportar estar tan cerca del hombre que te robó la inocencia, Laura? Porque esta noche, el contrato empieza de verdad –
Sus palabras se quedaron suspendidas en el aire, cuando la puerta de la habitación sonó. Era el mismo empleado que nos había ido a recoger en el aeropuerto, esta vez habló con Nicolas en otro idioma, asi que no tengo idea lo que decían.
Vi a Nicolas asentir y girar a mirarme.
- Te salvo la campana cariño, mi abuelo nos espera para cenar – en cuanto dijo esa palabra las tripas de mi estomago comenzaron a sonar.
No recordaba haber comido una cena de verdad.
Cuando bajamos, caminamos hacia la derecha, esta casa era tan grande que debía comenzar a memorizarlo todo, no quería perderme y encontrarme con el abuelo, lejos de la presencia de Nicolas.
El comedor de la mansión Danger parecía un mausoleo de mármol, caoba y plata. La mesa, absurdamente larga, nos separaba a Nicolás y a mí por un metro, pero la mirada de Don Vladimir, sentado en la cabecera, se sentía como un foco examinando cada poro de mi piel.
- Laura – me dijo el abuelo, pronunciando mi nombre como si lo estuviera saboreando antes de tragárselo todo, para luego de encontrarle un defecto escupirlo por completo.
- Mi nieto ha dicho que eres una superviviente. Y que el barro no pudo contigo –
Intenté mantener la espalda recta, tal como Nicolás me había ordenado en el pasillo. Mis manos, ocultas bajo el mantel de lino, apretaban la tela con fuerza.
- Tuve suerte, señor – le respondí con la voz más firme que pude reunir.
- La suerte es solo para los mediocres. Nosotros los Danger preferimos el instinto – me respondió el anciano. Sus ojos se desviaron peligrosamente hacia Nicolás.
- Sabes perfectamente que Tania te espera en Moscú. Ella es de nuestra misma sangre, de nuestro mismo círculo. ¿Y tú apareces con una joven que apenas conoce el idioma y que, según dicen, el abogado de Camburi, la reclama como su tutor legal bajo sospecha de secuestro? –
Yo iba a defenderme cuando Nicolas dejó caer los cubiertos sobre el plato, el sonido metálico retumbo en las ventanas.
- Miguel y Diego son criminales, abuelo. Ellos la drogaron para que firme los documentos de cesión, además han intentado asesinarla para quedarse con la herencia de su padre. Si quieres cuestionar mi elección, hazlo, pero no esperes que devuelva a mi esposa para que la echen en una fosa común –
Don Vladimir soltó una carcajada seca que no le llegó a los ojos. Yo misma me asombre por la forma como me defendía Nicolas, pero recordé bien lo que dijo en la habitación, si su abuelo se daba cuenta que entre nosotros solo había un contrato, yo sería devuelta a mi país y entregada a ese par de víboras.
- Esposa. Qué palabra tan pesada para un contrato tan reciente –
Esas palabras me sorprendieron mucho más... haciendo que me pregunte ¿Cómo sabía él sobre nuestro contrato?
De pronto le hizo una seña con la mano a una de las empleadas, quien se acercó de inmediato con una botella de cristal tallado que contenía un licor de color ámbar intenso.
- Este es un licor tradicional de mi tierra natal – nos dijo el anciano, sin dejar de observarnos.
- Se dice que revela la verdad de lo que hay en el corazón... y obviamente en el cuerpo. Un brindis por la nueva pareja entonces. Si este matrimonio es real, no tendrán miedo de compartir esta copa conmigo... ¿no es así? –
Nicolas me miró de reojo, pude ver un destello de duda en sus ojos, pero ante el desafío de su abuelo, no podía retroceder. El orgullo de los Danger era su mayor debilidad, y yo tampoco iba a permitir que ese anciano, así sea el patriarca de su familia, me entregue a ese par de delincuentes.
Así que tomé la copa que me estaban ofreciendo con total seguridad y confianza. ¿Qué tan fuerte podría ser...?
- Por el futuro de los Danger – dijo Nicolás aceptando su copa también, la levantó ante su abuelo, luego la acercó hacia mí, yo sonreí amorosa, estaba interpretando muy bien mi papel, hicimos un brindis con ellas y bebimos todo el contenido de las copas en un solo trago.
El líquido bajó por mi garganta como fuego líquido. Sentí mis oídos zumbar, mi garganta estaba en llamas y mis ojos se cristalizaron de lo fuerte que estaba, pero soporté como buena superviviente...
Tenía un sabor dulce, casi floral, aunque dejaba un rastro metálico en la lengua. No sabía que, en ese brindis, el abuelo de Nicolas acababa de sellar nuestro destino para esa noche.
- Ahora – nos dijo el anciano con una sonrisa que me erizó la piel,
- Será mejor que vayan a descansar... y sobre el idioma jovencita – me miró por unos segundos que me parecieron eternos.
- Será mejor que comiences a pensar como aprenderlo. No siempre todos en esta casa vamos a hablar el idioma universal... váyanse ya, que mañana será un día largo – nos levantamos de la silla tan rápido como pudimos.