Capítulo 5. La trampa del abuelo Vladimir.
Pero cuando salía del comedor me pareció oír el susurro del anciano...
“Quiero ver si esa "pasión" de la que tanto presumes, Nicolás, sobrevive a la luz del día”
¿Pasión?, ¿presumir? No estaba segura de lo que había querido decir el abuelo, pero caminé siguiendo a mi esposo, quien me llevaba con rapidez por los pasillos de la mansión.
- No tan rápido Nicolas – me queje cuando casi caigo sobre una alfombra, él no espero para responder, me levantó en sus brazos y comenzó a correr conmigo encima el camino que nos faltaba.
- ¿Estás demente? – le pregunté casi al llegar.
- No lo estoy, pero si hemos bebido lo que creo será mejor que lo vomitemos ya – cuando me dijo aquello pensé lo peor.
- Tu abuelo nos... enveneno – no estuve muy segura de que fuera una pregunta o una afirmación, lo único que sabía era que ese movimiento mío al estar en los brazos de mi esposo comenzaban a afectarme.
Para cuando llegamos a la habitación principal, el fuego de la chimenea ya estaba languideciendo. Mis cuerpo entero se sentía extrañamente liviano, pero un calor extraño lo recorría... y mi mente... ella estaba empezando a acelerarse.
Nicolas me bajo al piso y me dijo casi como una orden.
- Cierra la puerta – su voz sonaba más ronca de lo habitual, muy parecida a la noche anterior cuando yo comencé a jugar con su hombría.
- Vamos debemos vomitar el licor – me dijo, mientras se estaba desabrochando el chaleco, pero sus movimientos eran erráticos.
- Ese viejo... algo no está bien –
- Como pudo tu abuelo... envenenarnos – susurré, en el momento que un fuego se apodero de mi mente. el calor en esta ciudad tan fría se había acumulado dentro de mí.
Mi cuerpo comenzó a transpirar, me quité todo lo que llevaba encima, era como si estuviera en un lugar tropical, y no en este infierno lleno de nieve.
- No lo hagas, solo ve y vomita... yo puedo aguantar – lo escuché. Pero no iba a hacerlo.
En mi vida lo había hecho y no sabía como.
- Me siento... rara – susurré.
El calor que sentí en la noche del hotel no era nada comparado con lo que siento ahora, aquel estuvo inducido por la droga de Miguel, pero esto... esto lo había hecho el abuelo de Nicolas.
No pensaba bien, no podía razonar. Pero comprendí sus últimas palabras... ese anciano nos estaba poniendo a prueba. La sensación era similar a la de la noche anterior, pero mucho más fuerte. No había dolor de cabeza ni mareo, aunque se sentía más sensorial. Podía sentir el roce del aire en mis brazos como si fueran caricias físicas que activaban todos mis sentidos.
Nicolás se giró hacia mí. Sus pupilas estaban tan dilatadas que casi no se veía el azul de sus ojos, no me había dado cuenta de lo hermosos que eran sus ojos. Solo faltaba quitarme la ropa interior... pero esa quería que sea él quien me la arrancara.
- Maldita sea – gruñó él, golpeando el poste de la cama.
- Mi abuelo nos ha drogado. El licor... no era para revelar la verdad, era para forzarla. Quiere asegurarse de que este matrimonio se consume, de que no haya vuelta atrás legal –
- Pero nosotros ya lo hicimos – le dije acercándome a él. Su cuerpo se sentía tan duró, tan real.
- Laura por favor, aléjate de mí – susurró, pero yo no podía detenerme.
- Si lo hacemos bajo este efecto, no habrá diferencia entre lo que Miguel quería y lo que mi abuelo busca – me advirtió, pero no retrocedió ni un paso.
- Pero duele. Me cuerpo me quema, Nicolás – le confesé, las lágrimas de frustración y deseo asomando a mis ojos.
- Tienes que resistir muchacha, tenemos que... que hacerlo – me dijo, pero mi cuerpo ya no lo escuchaba.
Lo vi alejarse de mi y acercarse a la ventana, pegar su cuerpo en ella. pero eso solo me excitaba más. Y cuando me acerque a él estaba frio. Ese delicioso frio que yo tanto necesitaba.
Comencé a sobarme contra él.
Nicolás quiso alejarme, pero me aferre a él. Coloqué mis manos alrededor de su cintura, pegué todo mi cuerpo sobre el suyo. Estaba tan cerca que podía olerlo... ese aroma a madera y peligro, ahora mezclado con el dulce aroma del licor. Su presencia era como un imán que no dejaba de atraerme.
- Laura, aléjate de mí – me advirtió, pero no se movió. Sus manos se cerraron en puños a sus costados. Sabía que estaba tratando de aguantar, pero lamentablemente yo era débil.
- Él quiere ver si soy un hombre o un contrato – siseó Nicolás contra mi cuello.
- Y tú señorita Camburi... tú eres la tentación más peligrosa que ha puesto en mi camino –
En ese momento lo solté solo para enroscar mis manos en su cuello y saltar sobre él, mis piernas se enroscaron en su cintura, aferrándose a ella como lo hicieron antes mis brazos... y busqué sus labios con desesperación.
- No hagas eso... – dijo él, pero fue muy tarde. Ya lo había hecho.
Mis labios encontraron los suyos en un beso que no tenía nada de ternura y todo de necesidad, lo besé son pasión, con deseo, con desesperación. Apenas conseguí que abriera sus labios metí mi lenguas en ellos. Recorrí cada rincón de su boca. Cuando nuestras lenguas se encontraron fue fuego total.
Ya no era solo el efecto de la droga del abuelo Vladimir, era la tensión acumulada desde la noche anterior, el miedo a la muerte, a la soledad de mi orfandad por haber perdido a toda mi familia y la fuerza bruta de un hombre que se negaba a perder.
- Laura no – lo oí susurrar, pero no me detuve.
Cuando sentí que sus brazos me sujetaron solté los míos, conseguí bajar una de mis manos hasta su pantalón, quería su m*****o y lo quería ya...
- Tu lo pediste – exclamó en un rugido gutural. De pronto arranco mi ropa interior provocando una cantidad de gemidos en mí.
Ahora estaba completamente desnuda, lo vi mirar mis senos antes de que se apodere de ellos. Pero no bajo la cabeza para hacerlo, ¡no! Él me levantó un poco más. Sus labios se apoderaron de uno de ellos mientras avanzo hacia la pared y me pego en ella.
Sentir el cemento frio en mi espalda hizo que me arqueara hacia él, mis pezones estaban tan duros que solo el roce de su lengua me provocaban espasmos. Pero yo quería más...
Segui trepando hasta coger un candelabro que estaba sujetado a la pared, pero conseguí lo que quería. Mi feminidad por fin había llegado a su destino.
Nicolas gruño cuando su mano abrió mis labios vaginales e introdujo su lengua en mí. En ese momento me sentí una diosa del placer, gemí como nunca había gemido, ya no me importaba si el abuelo nos había drogado, si había firmado un contrato a cambio de mi vida o si moriría de frio en este lugar.
- ¿Te gusta verdad? – me preguntó y mis gemidos fueron mi única respuesta.
Después de lo que pareció una eternidad, Nicolas me bajo. Buscó mis labios con desesperación, podía sentir cada centímetro de su piel, cada músculo de su espalda mientras me llevaba hacia la cama de doseles, ya cerca me lanzó sobre ella mientras se despojaba de su ropa. Pude notar lo enorme de su m*****o apuntándome, señalándome como una flecha que estaba lista para matar.
Cuando se acercó ya desnudo no pude evitarlo, esperé que se arrodillara sobre mí, para jalarlo de las caderas...
- Ahora te toca a ti – susurré y me apoderé de él. Mis manos inexpertas pero llenas de deseo cubrieron su hombría por completo. Pasé mi dedo por su punta y experimente algo nuevo cuando sentí abrirse ese pequeño orifico que existía en él. Mi lengua comenzó a lamerlo, mientras los gemidos de Nicolas opacaban cualquier sonido que provenía de afuera.
El contrato, el abuelo espía, las amenazas de Miguel y Diego... todo se desvaneció frente a la realidad de sus manos sobre mi piel.
Esa noche, bajo las sombras de la mansión Danger, el hielo de Rusia se derritió. Nicolás no me tomó como un negocio; me tomó como si fuera lo único que lo mantenía anclado a la tierra. Y yo, Laura, la chica que lo había perdido todo, encontré en sus brazos un tipo de incendio que prometía consumirme por completo.
Lo hicimos toda la noche, yo arriba, luego abajo, de costado y no sé cuantas poses más. Solo sé que cuando por fin me penetró la sensación de placer se volvió infinita. Moví mi cuerpo al compas de él, nuestros sudores se juntaron, y nuestros fluidos también...
Que había que protegerse, seguro que sí. Pero ambas noches no lo hicimos, porque nuestras mentes no estaba funcionando, solo nuestros cuerpos y nuestro infinito deseo por apagar el fuego que traíamos por dentro.
- Eres insaciable mujer – susurró la ultima vez que se introdujo dentro de mí. Estaba tan húmeda y tan agotada, pero mi cuerpo aun quería un poco más.
- No te detengas, solo esta vez – susurre.
- Podría hacerte daño, es solo tu segunda noche – lo escuché, pero no me importó. Me moví con rapidez, lo más rápido que pude, ese roce me estaba atormentando, demasiado.
Hasta que por fin llegó una nueva explosión... esta fue diferente. Todo mi cuerpo convulsiono de placer, mientras sentía como uno de sus dedos presionaba otra parte de mi... él lo había hecho, había presionado mi ano causando esta sensación.
- Eres increíble “moya zhena” – me dijo y no tenia la menor idea de lo que decía... luego me entere el significado. “Esposa mia”