NESS * 38

836 Palabras
Por lo mismo estudié psicología y mientras fui avanzando en mi carrera me especialice en sexología ya que muchos pacientes sufrían de inseguridad en esta área, por lo que sume esto a mi carrera lo que me ha llevado a crecer profesionalmente y aumentar mi deseo de expandir este tema en muchas áreas, familiar, educacional y sobre todo social. Laura continua por la vía principal pero luego toma la vía hacia nuestro apartamento. ―No deberíamos ir al apartamento ―comento aun con los sentimientos mezclados. ―Nada de eso. ―Pero conozco a Sebastián, apenas llego y vio que no estaba seguro vendrá por mí aquí. ―Y quiero que lo haga, para patear su trasero por idiota, debió cuidarte mejor. ―Es que no te cuento lo peor. ―Bien, escucharé, solo deja que lleguemos a casa porque soy muy capaz de devolverme. ―Sí, por eso no te conté todo de una vez. El camino se acorta y cuando estamos más cerca suspiro de alivio, no tengo miedo, pero no quiero tener que enfrentar a Sebas hoy, quiero poder meditar todo lo que ha pasado y lo que vendrá. Subimos en el ascensor del estacionamiento hasta el PH, Laura lidera el camino y abre la puerta de una vez está cerca, al entrar no puedo evitar que unas lágrimas salgan de mis ojos, soy fuerte y me sé defender de situaciones similares, pero no me quita lo humana que soy.   Camino hacia el sofá y me dejo caer viendo hacia el techo, resoplando limpio las lágrimas que recorren mi sien con molestia y suspiro para aliviar un poco la rabia del momento vivido. ―A ver, ahora cuenta ―dice mi amiga mientras coloca una botella en la mesita dos vasos pequeños y un bol varios snacks para picar. ―Bueno, te contaré desde el principio ―le relato todo con detalles y para el final se levanta hecha furia. ―Voy a patear a ese desgraciado y a toda su generación, es un imbécil, ―asegura furiosa caminando de un lado a otro ― ¡Ah!, pero me va a escuchar, por todo el universo que no se le ocurra aparecerse por aquí hoy, porque lo que le hiciste al hermano no va a hacer nada comparado con lo que le haré yo.    ―Cálmate, Lau, te dará algo ―comento mientras me levanto y tomo dos tragos de la botella de Vodka que ha dejado en la mesa. ―No, a mí no me da algo, algo le da a ese par cuando tenga la oportunidad de verlos. ―Bien, ahora no sigamos pensando en ellos mejor veamos que haremos esta noche porque ya te dañé tu disfrute ―declaro y le pongo pucheros con ojitos de animalito desvalido. ―Joder, Ness, que no me has dañado nada, debiste llamarme antes y esperar en la casa esa para yo ir a darle su merecido ―se acerca a mi lado en el sofá y me abraza por sobre mis hombros. >>No debes pelear sola tus batallas, siempre lo hacernos juntas ―concluye y me giro para abrazarla, no lloro, pero si siento el consuelo en sus acciones y palabras ―vamos a ponerle hielo a esa muñeca que se va poniendo peor. Asiento y la veo levantarse y dando un salto se devuelve tomando la botella que antes ha dejado. ―Lo siento, nena, pero no más licor para ti hoy, esa mano necesita medicación. Solo rio mientras la veo moverse hacia la cocina, luego de unos minutos regresa con el maletín de primeros auxilios en mano, se sienta en la mesa quedando de frente a mí y revisa buscando quién sabe qué cosa.    ―Bueno por lo menos tenemos pomadas para eso, aunque creo que debería llamar a mi amigo Rafaelo para que te revise. ―La excusa perfecta para ver ese bombón y no sentirte abrumada por llamarlo. ―Pues no te diré que no, es más ―dice mientras se agacha y rebusca en su bolso lanzado cerca del mueble y saca su celular ― lo voy a llamar y más te vale que pongas cara de moribunda. ―Qué ―pregunte impactada. ―Sí, tú te haces la muerta si es preciso, para que el hombre crea la llamada. ―Pero si me hago la muerta no me va a atender, ni que fuera enterrador. ―No, pero igual me lo puede enterrar ―dice con una sonrisa de Watson que se le nota lo picara al decir las palabras, sino fuera tan orgullosa pudiera tener a ese o cualquier hombre que desee. Laura marca el número y pone cara de traviesa mientras activa el altavoz y al segundo timbrado una voz gruesa de esas que llegan hasta los huesos que puedes cerrar los ojos e imaginarlo abrasándote desde la espalda y hablarte al oído, una total tentación. ―Bendito es el universo, soy bendecido con la llamada de la mujer que me roba todos los pensamientos. 
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