Sebastián está que echa humo, no le hace gracia que Adrián venga a la boda, claro que tampoco sabe que es gay, ni se lo voy a decir, dejaré que lo siga pensando hasta que lo vea llegar con su chico. No va a cancelar la boda, no lo va a hacer porque me desea, no parará hasta que abra las piernas, jugaré con eso, son ellos, y yo, así de fácil, si antes de casarme permito que los Velarde me manipulen, lo harán más después. Tras cortar la discusión y mi decisión firme, lo dejo con la palabra en la boca, me voy a la habitación de Juan y lo saco de la cuna, me siento en una butaca que trajo Sebastián y me dedico a hacerle mimos. —Está bien, es justo, pero entonces también podrá venir Erica —entra diciendo Sebastián. —¡Ah!, ¿qué no estaba invitada ya?, cómo es tan querida por tí y tu familia,

