De repente siento como si mi garganta se cerrase, mi corazón empieza a latir con fuerza y mi cerebro a reprocharme lo idiota que soy, he vuelto a caer, Sebastián me toca y yo me derrito como un cubito de hielo encima de una estufa de leña, así se fácil. Pensé que podría ser más fuerte, creí que no volvería a sentir esa adrenalina y excitación con él, pero me equivoqué, nuevamente vuelvo a ser un muñeco de trapo por sus caricias. Estoy llorando sobre su pecho, él está quieto acariciándome la espalda, supongo que para consolarme, intento dejar de llorar, calmarme y actuar como la adulta que se supone que soy, pero no puedo, las lágrimas caen torrencialmente y el llanto es inevitable. Me levanta la cabeza y me mira a los ojos, están llenos de agua, mis mejillas también, me besa, no sé por

