Lina está muy cabreada, incluso eso echaba de menos en ella, la forma que tiene de poner morritos al enfadarse. —No puedes hacer esto, ¡no después de desaparecer como lo hiciste! —me grita confusa. —Fue culpa tuya, si me hubieras dicho que ibas a seguir adelante con el embarazo, yo no me habría ido. —¿Vas a seguir con eso? —No, prefiero no discutir, no puedo cambiar el pasado, pero soy su padre, y tu marido, así que puedes ir olvidándote del hombre que dices con el que te vas a casar, no lo harás. Abre los ojos como platos al escucharme, normalmente no haría esto, rogarle o negarle algo sin sentido, como viene siendo, amarme, pero solo imaginarla con otro me hierve la sangre. —Me darás el divorcio, ya lo verás —responde enfadada. Va directa a su coche según llama a los niños para qu

