Llegamos, no parecemos una pareja enamorada a punto de unirse en sagrado matrimonio, parecemos lo que somos, dos desconocidos que muchas veces no se tragan, ni él me mira, ni yo a él. Entramos a la sala de un funcionario que nos señala dos sillas, nos acomodamos y esperamos mientras éste abre una carpeta con varios folios y va sacando alguno, los extiende hacia nosotros. —Firmen al costado de todas, por la fecha que han elegido no tendremos tiempo de hacer la publicación, esperemos que no tengan nada que ocultar, ¿no? —bromea y sonríe. ¡Si supiera!, todo es una farsa, ninguno está enamorado, no creo que la atracción física y el deseo sea motivo para casarse, pero ninguno dice nada, ambos sonreímos fingiendo que tiene gracia, que está todo bien. Terminamos de firmar, Sebastián le entreg

