Logré un trabajo como guardia de seguridad en una fábrica de enlatados y también conseguí encargos de diseño. Uno de estos encargos era relativamente sencillo: crear tres dibujos personalizados para un estudio de tatuajes y diseñar un logotipo para un nuevo almacén de ropa y calzado en el centro de la ciudad.
Aproveché mis turnos nocturnos para trabajar en los diseños con mi iPad, y conté con la colaboración de un compañero, John, un joven inexperto. John compartía mi amor por la bebida y las mujeres, quizás incluso de manera excesiva. Logré persuadirlo para que me cubriera mientras trabajaba en los diseños durante altas horas de la noche.
John era un experto en seducción y pasaba mucho tiempo charlando con las chicas de la empresa de limpieza. Sus conquistas solían llevarse a cabo en los cuartos de refrigeración, y su éxito era casi infalible; follaba todos los días.
Cuando terminé el primer trabajo, mostré los diseños a John, quien quedó impresionado y emocionado. Al día siguiente, me enteré de que había mencionado mi talento a su esposa.
—Malachi, amigo, mi hija cumple años pronto y queremos celebrarlo en grande —comentó John mientras nos preparábamos en el vestuario para iniciar el turno.
—Eso es genial. ¿Cuántos años cumplirá tu hija?
—Cinco años. Le hablé de ti a mi esposa, le enseñé los diseños que hiciste, y ella quiere saber si podrías crear algunos dibujos para decorar la fiesta.
—Por supuesto —respondí sin mucho entusiasmo.
—Le daré tu número para que puedan ponerse en contacto.
—De acuerdo —asentí.
Más tarde, recibí un mensaje de texto de un número desconocido.
—Hola, ¿cómo estás?
—Bien, gracias. ¿A quién tengo el placer de dirigirme? —añadí el número para ver la foto.
En efecto, se trataba de Catalina, una joven de aproximadamente veinticinco años. Cabello castaño, piel blanca y un rostro afable, curvilínea. Catalina era la esposa de John y expresó su interés en contratar mis servicios para la fiesta de cumpleaños de su hija Angie.
Pronto comenzamos a intercambiar mensajes de audio. Su voz era hermosa y expresiva, y nuestras conversaciones se convirtieron en extensos diálogos que abordaban todo tipo de temas excepto el encargo en sí. Me contaba detalles sobre su vida, su familia, sus gustos y su relación con John.
En una noche de trabajo, que además coincidía con un sábado, me encontraba sumido en un estado de melancolía y desánimo profundo, lamentando el hecho de estar laborando mientras todos disfrutaban de una animada fiesta. Fue entonces cuando mi teléfono sonó, y al contestar, me encontré con la voz de Catalina al otro lado de la línea.
—Hola, Malachi —escuché su voz temblorosa. Puse el teléfono en alta voz y caminé para hablar con ella. —¡John me ha sido infiel!
—¿En serio? Eso parece difícil de creer.
—Sí, lo comprobé. Estuvo con la vecina.
—¿Con la vecina? ¡Dios mío! ¿Cómo descubriste eso?
—Mientras él se duchaba, revisé su teléfono… Espera, te enviaré las capturas de pantalla. —Leí los mensajes con una mezcla de curiosidad y morbo, sintiendo compasión por ella y cierta diversión por él.
—¡Mierda! Está claro que te fue infiel —afirmé. —Pero tú eres muchísimo más guapa que ella, ¿qué demonios le pasa a este chico?
—Sí, a pesar de todo el amor que siento por él y del profundo respeto que le tengo... Ya lo sospechaba, Malachi. — Aunque no la tenía frente a mí, podía percibir el torrente de lágrimas que brotaba con intensidad, desbordando sus ojos y trazando un camino por sus mejillas. La voz de Catalina denotaba una quebradura profunda, como si la emoción reprimida durante tanto tiempo finalmente se hubiera liberado.
—En realidad, Catalina, no puedo entender cómo alguien puede ser tan ciego. Eres una mujer verdaderamente asombrosa, y cualquier hombre tendría todas las razones para sentirse extremadamente afortunado de tenerte en su vida. Simplemente, él se comporta como un completo imbécil al no reconocer lo que tiene contigo. —Le expresé esas palabras con la esperanza de elevar su ánimo, pero lamentablemente, tuvo el efecto contrario.
—Malachi, es importante que hablemos de algo que me está preocupando profundamente. Hace más de tres meses que no me hace el amor. —El tono de su voz marcaba una mezcla de tristeza y preocupación mientras expresaba esta inquietud. Era un tema delicado que necesitaba ser abordado con comprensión y empatía.
—¿Tres meses? Es difícil entenderlo, de verdad. A veces parece que la vida da oportunidades a quienes no saben cómo aprovecharlas.
—Sí, él no me busca, no hay gestos románticos, no hay nada. Me utiliza para cuidar de la casa, ocuparme de la niña y cocinar.
—¡Qué desgraciado! —exclamé.
Así comenzó nuestra cercanía. Me convertí en su apoyo, confidente y amigo, aunque nunca le revelé que sabía de la infidelidad de John. Escuchaba sus desahogos, le daba consejos y le recordaba su belleza y valía. Sin darme cuenta, me fui enamorando de ella.
Un día, Catalina me preguntó con entusiasmo sobre cómo iban los dibujos que planeábamos utilizar para la fiesta. Desafortunadamente, mi intento de plasmar los diseños no había dado los resultados que esperábamos. Mis dibujos habituales siempre tenían un toque de melancolía o una cierta brusquedad que no encajaba con el ambiente infantil que deseábamos crear. Tras reconocer mi dificultad en esta tarea, Catalina decidió tomar el asunto en sus propias manos y optó por imprimir hermosas imágenes de Pinterest que encajarían a la perfección en la decoración del evento. En ese momento, alivió mi preocupación por no haber podido contribuir de la manera que esperaba.
Le propuse una cita y ella aceptó; nos encontramos en el acogedor café de la calle dieciséis. Conversamos durante horas, compartiendo risas y complicidad, hasta que finalmente nos dimos un dulce beso. Acaricié sus piernas y las tetas, ella no se inmutó. Después de compartir algunas copas, logré persuadirla y la llevé al Hotel Magazine, donde hicimos el amor, fue tanto el deseo que le cargaba que logré insertarle cuatro polvos sin problema. Simplemente el acto de amor fluyó de manera inefable. Esta vez usé preservativo por lo de John.
Al amanecer del día siguiente, decidí enviarle un mensaje:
—Buenos días, cariño.
—Hola, Malachi. Necesito hablar contigo sobre algo importante.
—Estoy aquí para escucharte, dime.
—Te pido que no me busques más. Siento mucho lo que pasó anoche y quiero intentar reconstruir mi relación con mi esposo, especialmente por el bienestar de nuestra hija.
—Entiendo tu decisión, pero al menos déjame cogerte una vez mas.
—No puedo ceder en eso, Malachi. Mi elección es firme. —Acto seguido, bloqueó mi número.
Pasaron cuatro meses desde entonces. He sabido que sigue con John, quien sigue engañándola con varias mujeres en la empresa. Mientras tanto, yo me mantengo en silencio.
Leidy, por su parte, ha logrado dejar atrás el alcohol y el cigarrillo durante su embarazo. Está llevando adelante una gestación exitosa y últimamente se muestra muy feliz porque el estudio webcam ha aumentado su clientela. Además, ha incursionado en OnlyFans.