Capítulo 05

843 Palabras
“En el pasado un solo rose era suficiente para reconocernos, una mirada bastaría para entendernos… Que molesto, el sabor de sus labios opaca el recuerdo de nuestro último besó, no lo diré en voz alta así tal vez llegue hacer menos cierto.” –¿A dónde vas? –Pregunto al despertar por el intenso sonido de sus pasos, antes no había notado su presencia, es sumamente abusivo que entrará mientras dormía, por cierto, no recuerdo en que momento lo he hecho–Mírame cuando te habló, que descortés eres al entrar aquí mientras duermo. –Lo siento princesa no quise interrumpir tú delicado sueño– Se disculpa con ironía sonriendo para mí como un tremendo idiota volviendo a darme la espalda toma su desgastada mochila colocándola sobre su hombro se gira y vuelve a mirarme con altanería– Gracias a ti he terminado durmiendo en el sofá. –Gracias a mi tienes donde dormir–Juro que se me ha salido sin querer, no soy una arrogante pero mi enfado por su arrebato me impide retractarme, guardo silencio y mi corazón tiembla cuando sus ojos se oscurecen a causa del coraje. –Hasta hoy–Anuncia entre dientes cerrando sus puños entorno a las agarraderas de su mochila sin importarle lo pálido que se tiñen sus nudillos, quiero decir que tengo miedo de lo que sea capaz de hacer Axel pero, el pinchazo que ha detenido mi corazón se siente muy diferente a ese tipo de temor. –¿Qué? –Pregunto incrédula con la boca abierta, mi garganta está seca, siento que colapsaré y Axel es el gatillo. –Esto no está funcionando–Comienza a decir extendiendo sus brazos a tope, su mirada llena de impaciencia me hace sentir tremendamente furiosa. –¿Qué quieres decir con eso? No hables como si fuésemos una condenada pareja de casados–Grito sin poder evitarlo saliendo de la cama, avanzo hasta interponerme en su camino, el ambiente se siente tenso incrementándose a cada segundo que nos negamos a apartar la mirada. –Tienes razón Charlotte no lo somos, ni si quiera somos amigos–Concuerda conmigo de mala gana dejándome ver que está lo suficientemente enfadado para darse cuenta que solo nos vincula está historia, no me interesa ser su amiga. –¿Acaso importa? No estás aquí para serlo–Reprocho su absurdo comentario dejándole ver que no tiene caso lo que dice, esté trato solo se trata de conveniencia, no tenemos que involúcranos, solo tolerarnos hasta obtener lo que queremos. –No soportaré un día más tú mal carácter, has agotado mi paciencia–Su afirmación hizo que mi estómago se oprimiera, mis ojos se agrandaron de la sorpresa, nunca pensé que la indignación fuese la emoción que saliera a relucir de los más profundo de mi interior. –Me necesitas–Le recordé con seguridad levantando mi barbilla con arrogancia, Axel suelta una ligera risa ladeando la cabeza vuelve a mirarme, junto las cejas confundida por su comportamiento, eso me ha hecho dudar de mi argumento. –Te equivocas ya he hecho esto antes, solo necesito rellenar los espacios vacíos, mentir un poco–Asegura de manera cínica acercándose a mí lo suficiente para sentir su aliento en mi rostro, mis ojos comienzan a arder contengo la respiración. –No serías capaz–Pronuncio incrédula apretando la mandíbula. –¿Quieres apostar? –Me reta haciéndome a un lado se dirige a la puerta, no sé qué debería hacer, quiero… no, necesito que se quede pero no encuentro ningún pretexto para ello, es solo un deseo, y ya no parece interesarle lo que deseo. –Me mentiste–Le acuso, trayendo a su memoria nuestro pacto, ese que no estaba segura de poder mantener, pero es lo único que se me ocurrió para retenerlo, solo tengo palabras y el c*****r de mi orgullo. –Soy escritor, mi trabajo es mentir– No puedo creer lo que dice y la seguridad con la que lo hace sus ojos color ámbar brillan con crueldad dejando en evidencia que se enorgullece de sus palabras en cambio yo me mantengo en silencio–Lo hice bien si conseguí que me creyeras. Al segundo siguiente me da la espalda y se marcha, cada paso se oye más lejano que el siguiente, siento el peso de la soledad cuando la puerta principal es azotada, lo he vuelto a hacer, eh vuelto a disfrazar mi miedo por astucia y orgullo, se ha convertido en mi deporte, nadie puede lastimarte si tú lo lastimas primero… No los necesito… solo te necesito a ti, Rick, tú secaras mis lágrimas, me cubrirás del frío, alejarás todos mis temores. Acaricio mi mejilla y mis manos temblorosas se humedecen a causa de mis lágrimas, arrastro mis pies hasta la puerta de la habitación consigo cerrarla y apago las luces deslizándome hasta chocar con la alfombra, no sabría describir lo tormentosos que son mis pensamientos en este instante, esbozo una débil sonrisa al pensar que tonta fui al creer que funcionaría.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR