Durante la noche, Mireya decidió quedarse, como antes, se sentó en un rincón y se encogió envolviéndose en la sábana. El clima era bastante frío, pero no le importó. A mitad de la noche, Caín tuvo una pesadilla de su niñez, despertando, sudado y jadeando, se levantó y fue a darse un baño. Después, con unas botellas se quedó sentado a la luz de la luna en la ventana de siempre. Después de la tercera, Mireya se preocupó, lo vio bastante tranquilo la primera vez, pero no quería que perdiera el control. Se acercó temerosa, y trató de llevarse las otras botellas restantes. Caín al escuchar el ruido, se giró y apretó fuertemente su muñeca. - ¿Qué crees que haces? Mireya apretó los dientes y respondió lo más calmada posible. - Esto te hará daño. Frunció el ceño y de un jalón, la sen

