Aron termina la clase y recibe una llamada del decano de la universidad, sale sin despedirse como está acostumbrado a hacerlo. Sube hasta el piso administrativo del lugar y saluda con un abrazo a aquel hombre alto y canoso. —Mi viejo amigo Bekker, ¿Cómo estás? —él le da un abrazo. —Ni tan viejo —Aron dice y los dos ríen. —Quería invitarte para preguntarte algo que me tiene con la cabeza dando vueltas —aquel hombre sirve un vaso con café para los dos—. Café porque si los alumnos se dan cuenta, —él ríe con energía—. Como te decía, quería saber si ya lo pensaste. —Lo pensé, pero no estoy dispuesto a dejar el hospital por quedarme fijo aquí. Esto es algo pasajero, algo para salir de la monotonía, para salir de la rutina y porque le hiciste un favor especial a mi padre —Aron le dijo, él

