MATTIA El aire frío y húmedo de la noche se colaba por debajo de mi abrigo, pero era la adrenalina la que me mantenía caliente. Mi corazón latía como un tambor de guerra, cada golpe resonando en mis oídos. La vieja bodega se alzaba ante mí, una sombra amenazadora en la oscuridad. La jeringa, pesada en mi mano, parecía vibrar con una energía propia, ansiosa por cumplir su cometido. Esta noche, la bestia que llevaba dentro saldría a jugar. No sabia con que me encontraría en aquella bodega, Kali no me quiso dar muchos, pero dijo que me gustaría lo que encontraría. No voy a negarlo, me sorprendió cuando recibí el veneno que ella misma preparó, y sabia que le debía una. El sonido de mis pasos, resonaban bajo la graba del piso. Mi padre, y los integrantes del consejo me acompañaban, Eros segu

