Incluso Mónica sintiendo la más grande de las indignaciones sabe que por más que quiere deshacerse de Bianca, no puede atentar contra su vida. Por el momento no se le ocurre nada, dejarla ir no le parece buena idea, teme que corra a los brazos de Luis y retenerla tampoco es solución, pues espera que su hijo pronto regrese. Da vueltas y vueltas de un lado a otro de su dormitorio pensando en cómo solucionar sus problemas. Por un lado, está Luis encarcelado y por el otro está Bianca, la mujer que desaprueba totalmente. Está tan absorta en sus pensamientos que no ha escuchado cuando Matilde entra en su dormitorio y le llama, su concentración está cien porciento en los problemas que le atormentan. —¡Mónica, Mónica, señora Mónica! —¿Qué pasa? —pregunta desconcertada y asombrada. —Soy yo ¿Es

