Ruta

1702 Palabras
Todo el mundo empezó a hacer torpemente sus misiones, como unas hormigas en nueva tierra, totalmente descolocaditas y esperando que nada se les cruce en su camino, se veía al grupo de comunicaciones empezando a darle a esa radio constantemente, intentando comunicarse con algún otro sector o batallón, se les notaba la vergüenza en la voz al hablar, pero parecía que todo iba aburridamente en orden en los otros frentes. Los encargados de la comida ni bien dividieron tareas tuvieron que irse a recoger los encargos de comida, que pensaba el como podrían hacerlo tres simples muchachos, al cabo de casi unas dos horas los pudimos ver, si podían con el paquete encomendado, pero se notaba que tenían que ir por más, porque eso no es suficiente ni para nosotros en el tiempo de una semana, creo les había tocado el trabajo más pesado a mi parecer, yo solo tenía que quedarme a observar, quizá con la paranoia de algún ruido sospechoso o al observar algo moviéndose. Por otra parte el sector de armas parecían niños pequeños viendo figuras de acción, totalmente perplejos, tenían que organizar munición, no era una tarea muy dificultosa, pero tomaba tiempo y era bastante aburrida, se les veía curioseando los manuales de funcionamiento de las armas y su respectiva munición, junto con kits de primeros auxilios, explosivos y demás herramientas que podrían prestarse para el uso de los otros batallones, todo con la vigilancia de Julián, que parecía estar al pendiente de ellos y de la llegada de los de la comida, pelao tan trabajador, tenía el mismo semblante que Villagrán, solo que con una consciencia mucho más rígida y menos laxa. Cada uno almorzó en su sitio de trabajo, menos Miguel, el otro chico que al parecer se llamaba Michael, Michael Poveda, era un tipo que se veía bastante estresado, como si el día le escupiese en la cara cada mañana, pero hablaba de forma muy pacífica, al parecer su vida le arrugó mucho la cara y le hace ver con una máscara de hostilidad constante —Ahora si se siente el come en silencio—dijo Miguel —Si, supongo así estaban ellos tres antes de su llegada—dije pensando en lo aburrido que debe ser estar en esa condición —Ajá, pero pues quien sabe hace cuanto están moviéndose, llegaron hasta hace poco antes que nosotros, ¿no? —Si, pero jodido dar abasto en todo esto siendo tan pocos —Pero ya llegamos, y ahí le echamos una mano, ojalá ya podamos ayudar —A usted si que le gusta esto, ¿cierto? —Pues me gusta estar haciendo algo, y si es ayudar al país, yo lo haría encantado—dijo con un fulgor y pasión en sus ojos indescriptible— ¿Acaso usted no? —Pues si y no, me gusta ayudar a la gente en general, no tiene que ser de mi país. —Si pero pues de momento es a los únicos que podemos ayudar, no es como que te cruces con un gringuito todos los días en tu barrio —Pues si, a mi me llena es poder ayudar a otros en cuanto valga la pena y sea para mejorar algo que ya está establecido, quedarme en un solo lado me parece una pérdida de tiempo y de hasta la vida parce —Pero.....—dijo Michael— hay gente que le gusta estar en quietud —Es que hay quietudes de quietudes, hay unos que se quedan ahí como unas huevas cuando oportunidades les pasan por la cara, es normal y natural tomarse un descanso de vez en cuando, eso lo entiendo, ¿pero ya quedarse sin hacer nada? O conseguiste ya tus metas o bajaste los brazos—áclaré —Los viejos viven muy tranquilamente y en quietud— dijo Miguel —Esa duda siempre me tiene pensando, ¿Es acaso un estado físico de los viejos quedarse en reposo como una planta chupando sol? Si es el caso, no quiero envejecer, al menos no así, sin hacer nada o algo que me motive —Tan divinos—dijo Concepción— yo de ustedes me pongo a descansar, luego tendrán mucho tiempo para conversar y desvariar en sus ideas —¿Y ustedes qué? ¿No estarán en ronda?—dijo Miguel —Nosotros hacemos el reconocimiento empezando al tiempo con ustedes y regresamos en la mañana —Entonces también deberían dormir ustedes—le dije triunfante —Ya descansamos hace un rato, aparte con lo que durmieron ayer en el transporte y al llegar, ya deben estar más que listos —¿Qué tan lejos van?—Pregunté —Hasta donde nos den las cuatro de la mañana, ya en ese punto paramos, comemos algo y regresamos —¿No están muy expuestos?—preguntó Michael —No, yo voy armada —¿Y los demás? preguntó Miguel —Pues todos están bajo mi cuidado, así que de momento no, aparte no han sido enseñados a usarla, a lo mucho un cuchillo pueden cargar Terminé de comer y me puse a pensar hasta donde darían las piernas de cada uno de ellos hasta las cuatro de la mañana y luego de regreso. "¿Pasaría algo?" me pregunté curioso, pero más aún con preocupación, y creo que tanto Julián, como Concepción y como Villagrán lo saben, saben a lo que se exponen, pero les toca cumplir órdenes, y si encuentran a otro grupo armado, Concepción sola no podrá defenderlos a todos, por no decir que a nadie podría. ¿Era esto una misión que a la larga se volvería un s******o para ella y para los que les toca acompañarla?. Por una parte quería ir con ellos porque iba a significar hacer más cosas que quedarse aquí esperando a movilizarnos, aparte, la postura de Concepción cada vez me parecía mucho más extraña, era determinante pero muy cálida, como si cargara con un lustro de pena. Se fue Concepción despidiéndose muy casualmente con un zarandeo de mano, mientras acababa el plato de comida ya totalmente frío y mis compañeros estaban sentados a mi lado por puro compromiso mientras yo acababa la comida —¿Está embobado o qué?—preguntó Miguel—siempre que habla con ella se queda pensando —¿Es que ustedes no la ven como demasiado cordial? —Pues Villagrán nos dijo que ella una cadete recién ascendida, así que creo es alguien muy amable y muy empática con todos aún porque quizá aún se siente una recluta —Pero no sé, es raro. —Usted si se saca unas ideas parce—dijo Miguel mientras yo no dejaba de pensar en los peligros en los que se podrían estar metiendo mis compañeros y Concepción, especialmente Concepción Después de acabar de comer, me dispuse a lavar los platos voluntariamente, mientras ellos decían que querían descansar un poco para estar listos a la noche, yo asentí con la cabeza y les dije que nos veíamos luego, al forma de Miguel y Michael se fueron desvaneciendo detrás de la carpa que teníamos por cocina. Mis pasos ahora pesados por las botas se sentían hinchados, como si estuviese usando unos guantes de boxeo en los pies, empecé a agitarme, la respiración se me aceleraba, empecé a pensar en los sonidos de metralla y el olor a tierra removida, "¿Nos tendrán localizados?" Me cuestiono pensando en tanto aliados como enemigos, mis pasos cada vez más distorsionados seguían mientras miraba el portón por el que habíamos entrado, abierto, a la expectativa de cualquier cosa que pueda salir o entrar de allí, no podía sentir mis brazos columpiarse al moverse, me encontraba con los tendones totalmente rígidos, al punto que casi dolía en las manos y las muñecas. Mi cabeza ya no es una línea recta donde pretendía encontrar y hacer cosas por hacer para no aburrirme, ahora sé que si quiero hacer algo, tengo que sobrevivir a esto, quizá el lector vea y sienta como eso exagerado, pero estar tan cerca a la metralla es alguna bala perdida y te acabaste, aunque prefiero que sea algo instantáneo, no algo que me deje pensando, que me deje torturarme aún más que la herida antes de morir, prefiero un final fulminante. Caminé por todo el sector en círculos, con la atenta mirada de Villagrán y Concepción, que estaban instruyendo a los muchachos de reconocimiento eran dos chicos y la muchacha que apenas si distinguía su voz pero porque era bastante disonante con las de Concepción y Villagrán. "¡Hey Peña, venga!" Dijo Villagrán; acudiendo a su llamado me dijo que si no iba a descansar para la noche, pero aún faltaban muchas horas para eso, le dije que después, que era mejor calmar la inquietud estarse moviendo. "Mejor ocupe la mente en otra cosa, sirve más", me dijo como una consultora, mientras retomaba las indicaciones a los miembros del equipo de Concepción, tenían planeado ir por monte primero, para observar las carreteras principales desde allí, puesto que luego planearán ir por las principales antes de hacer la movilización del batallón, para así no exponernos pero tener toda la zona controlada. "Después su batallón se va a unir al de Concepción" dijo Villagrán, mientras que detrás de ella la cara pecosa de Tirado me miraba amablemente, tenía cierto patrón en lo que le cubre los ojos, en bastante contraste con su tono de piel, no pude evitar desviarle la mirada, era como esas miradas fugaces entre dos personas que no debían de haber ocurrido.  —¿Por qué mi Cadete Superior?—dije con toda la normativa posible, ante lo absorto que estaba en el rostro de Concepción —Porque mientras nos movemos vamos a necesitar que haya más vigilancia en perímetro —Si, así que cuando empiecen esta noche, dile a los otros dos, ¿Vale?—dijo Concepción Tenía algo que me apegaba a ella, como una naturaleza de impulso que se le notaba en lo que hace, apasionada y decidida, pero cuando acaba sus labores se vuelve alguien llena de paz, algo que yo no encuentro cuando me detengo, ni quiero encontrar porque afrontar el hecho de que sigo quieto abruma mi mente.
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