—Igual toca ver y esperar a que nos den la orden, y tenemos que notificar lo que haremos—dijo Julián, poniendo un tatequieto tremendo al pobre Miguelito
Miguel se quedó con las ganas, si fuera por él, si dirigiría ya mismito hacia allá, a ese hombre no se le acaba la pila nunca, parece que no importa lo que sea, se le mide, es un valiente ese muchacho. "Pero bueno, ya al menos hay ideas" dije redondeando mi cabeza de lado a lado, ya midiéndome a la idea de estar otra vez sentado haciendo nada, no quiero ser un atacado como Miguel, pero la verdad si me aburre no andar en nada
—¿Y quién da la orden?—preguntó Miguel—supongo que el general
—No, el general muy pocas veces hemos hablado con él
—¿Y entonces? ¿estamos aquí a la mansalva? ¿A lo que pase?—repliqué
—No, recibimos las órdenes del capitán, que la verdad es como el que da los comunicados del general—respondió de forma muy ilustrativa con sus manos la cadete Concepción
Con dichos pensamientos de mis compañeros, mientras que los demás que se sumaron junto con nosotros nos paraban bolas, únicamente asintiendo con la cabeza, nos pusimos en la labor de comer, al parecer habían hecho para todos, muy amables me salieron, una imagen totalmente distinta a lo que uno se espera, quizá porque no están llenos de egos aún, llevan un tiempo en el ejército pero no son unos narcisistas que se regodean en sus placas y reconocimientos personales, al parecer les llena totalmente de orgullo. "Muy rico sería ir" dijo un compañero a Miguel, "Ese lugar dicen que es muy lindo si, pero dudo lleguemos expresamente allí, sería arriesgado" respondió, supongo se refieren al Citará, por allá es lindo si, pero dudo pasemos por ahí, es un lugar muy evidente y bastante concurrido, aunque creo debe estar cerrado el acceso por el conflicto, es una zona de camping muy famosa por aquí. Pero bueno, de momento me quedé con el estómago lleno y sentado en la mesa, pensando en lo que tuvo que pasar por allá en quien sabe donde o a quien tuvieron que matar para que hubiera esta recolecta masiva de cabecitas indias para luchar por el país, porque la lucha esta existe hace rato mi querido lector, pero pues para que hasta ahora se declare que estamos en crisis es estar en una ignorancia muy grande, y yo creo que esta gente lo sabe, solo que lo toma con responsabilidad al deber que tienen. Si me achantaba pensar en los pueblos bonitos que uno podría llegar a conocer, mucha gente tan cálida, mucha de ella tan mayor a uno que lo pone a pensar que la gente de pueblos remotos vive demasiado, como que están en constante reposo que parece que la vida no se les va de los dedos, y pues antes de uno estuvieron ellos, que sin pensárselo le pasan a uno todo lo que saben, e incluso lo invitan a quedarse más rato, algunos por pura amabilidad y cortesía, pero otros se les ve la falta que hace que haya más vida en sus territorios, y ahora mueren poco a poco, sé que si me oyera Julián o Villagrán pensarían lo peor de mi, pero se debe por ambos bandos, hay territorios que la guerrilla ha tomado y ha sodomizado, pero el ejército también, dañando además sus cultivos y dejan de las tierras fértiles y color oscuro, un tono más podrido, como de tierra bañada en vino, que no era más sino la sangre de los pobres campesinos que allí se encontraban, de los altos palos de cultivo de caña, de los cultivos de plátano, aguacate, frutales y también los pequeños cultivos de papa y aromáticas no queda más que pequeños chamizos que parecen pelos de un peñón n***o, lleno de muerte carbonizado y totalmente inútil, para luego regresar a sus dueños en cinco, diez, quince o incluso más años para que con lágrimas en los ojos vean a su territorio fallecido totalmente tétrico y que hará que la región ya no sea el paraíso de los citadinos, sino una zona más que nunca se pudo levantar nuevamente.
—No se me vaya por allá, no siga la luz—dijo Constanza entre risas mientras yo me incorporaba a la verdadera visión, la visión física que me daban mis ojos
—Es que pelada, a uno le toca a veces irse, uno piensa muchas vainas
—Si, pero eso lo entretiene mucho a uno y se emboba, pierde el tiempo con lo que puede hacer ahora—concluyó—aparte, ¿Cuál pelada?
—¿Acaso cuantos se carga?
—veinticuatro primaveras
—Creo que así no iba la canción—dije sarcástico
—La edad no es problema para mi, he visto de todo por estos lugares para lo tan poco que llevo aquí—dijo mirando hacia el horizonte del batallón—llevo dos años aquí por cierto, ¿Usted cuántos años tiene? Nuevo
—Tengo cuarenta y seis temporadas de lluvia
—No me salga con bobadas pues
—Reina, nosotros estamos en Colombia, no tenemos estaciones, eso es muy gringo de tu parte, pero bueno no soy quien para decirlo, uno a veces se pega de palabras muy gringas. Tengo veintitrés años, soy un sardino para vos.
—Óiganlo, como payaso mi tío, que yo me veo más joven que usted
—No es mi culpa parecer un chamizo, pero por donde voy me tiembla siempre la pata y no puedo quedarme quieto, me aburre, eso quizá es lo único jovial que tengo
—Eso no es ser precisamente joven, pulgas en el culo es lo que tiene
—Oigan, luego que el confianzudo soy yo
—Bueno, a no todos les gusta que le traten así de confianzudamente—dijo levemente, quizá haciendo alusión a Julián, que parecía muy ceñido a los niveles y estratificación de jerarquías entre cadetes y reclutas, que al verdad para mi son lo mismo.
Constanza se levantó, y se dirigió a la tienda de campaña pequeña que imagino ahí descansaban junto con Villagrán y con Julián. Los demás ya habían hecho conversaciones entre ellos y parecían hablar de la emoción que sería ya empezar a hacer algunas cosas en este lugar, es increíble lo que ayuda el sufrir en conjunto, pero quizá no se decepcionen tanto, no era un batallón triste por lo menos. "Peña, ¿Ya terminó de echar chisme? Venga, le toca con Forero y con Poveda" Dijo Villagrán mientras un muchacho junto con Mauricio se me acercaron, "¿A dónde nos toca?" pregunté curioso, mientras que Miguel fue señalando una de las casetas, era las de vigilancia, pero sabía que habían cuatro. "Estamos incompletos" dije conclusivo mientras subía mis hombros como un amanecer por la montaña de mi cabeza. "No lo estarán, yo haré vigilancia también".
La cadete al parecer solo nos tiró la información y ya, mientras que se fue dirigiendo hacia los demás miembros, ya que supongo sus labores si se iban a realizar durante el día. Nosotros teníamos un día completo para adaptarnos, pobres de los demás pelaos, es como dicen pro ahí, todo bobo es de buenas. Miguel se sentía eso so algo decepcionado, ya quisiera estar haciendo alguna cosa en vez de estar perdiendo el tiempo, pero yo ya había encontrado varias cosas, al menos ya había alguien con quien hablar y cosas que hacer aunque fuesen fuera de nuestro trabajo básico.
—Vayan alistando y clasificando cada arma y munición en cajetas de seis por tres—dijo Julián
—Ustedes vayan y hagan reconocimiento, necesitamos todas las fuentes de información que puedan, irán con Constanza—dijo Villagrán mientras Constanza aparecía amable con los jóvenes.
—Un grupo de tres necesito que vayan a recoger el alimento y dejarlo organizado en la caseta—dijo propositiva esperando a que alguno se acomidiese de su llamado, finalmente se postularon tres chicos, entre esos Ramiro, que parecía un poco más centrado ahora.
Realmente estaba todo planeado, como si nos tuvieran contados para las labores que necesitaban, no me molestaba tener la labor de vigilancia, pero es que aquí no había nada que ver, todo era apagado, hubiese preferido ir a reconocimiento, aparte con Constanza parecía ser, fuera de Villagrán de vez en cuando, la única persona experimentada en el lugar con quien podía charlar, tenía una muy buena atmósfera, pero que me inquietaba por momentos por su excesiva amabilidad, de eso tan bueno no dan tanto dicen por ahí las malas lenguas. Pero no me quejo, al menos Miguel parece estar pagando el mismo aburrimiento que yo y eso va a permitir que solo no me encuentre, y no tengo que aguantarme al martirio organizacional de Julián tampoco, supongo que ni blanco ni n***o.