Tentempié

1971 Palabras
Dormí unas pocas horas, la dormida en la camioneta fue suficiente para descansar solo un poco durante al noche, no tenía mi reloj cerca, lo había dejado en la maleta, la cual dejamos junto con las otras apeñuscadas en un rincón del camping donde estábamos, y me preguntaba hasta que hora podrían estar levantándonos, se me hacía el tiempo enorme y basto, y ahí estaba yo, formando figuras con las sombras que se proyectaban por la luna a través de las sombras en el techo de tela que nos cubría. La era cómoda, me gustaban esta clase de camas duras,  sentía que mantenía enderezada cada parte de mi cuerpo y me sentía aún más concentrado en esos patrones que se formaban ante mis ojos, que junto con el olor metálico de las barras de la litera, me hacían sentir en un lugar totalmente inhóspito, perdido. De repente suena un grito estruendoso, era un tipo con la piel mas cascada que había podido ver por el sol, no sabía que parche de piel le correspondía a su verdadero tono, eran quemaduras de sol, se veían claramente. "¡Atención reclutas!" Gritó el inmundo este, que manía tiene la gente de gritar por aquí parce, y todos nos levantamos, no por mera voluntad del labor o del obedecimiento, sino como reflejo de nuestro metabolismo, semejantes gritos nos podían hacer retumbar las barras de la cama, nos despertaba de ese sueño de óxido corroído por el agua, por el tiempo, por las lágrimas de sal. —Cadete Julián Pinzón para servirles muchachos—dijo de manera socarrona, casi riéndose por la forma en que agarró desprevenido su grito a mucho de los nuevos reclutas A su lado se encontraba Villagrán, con una cara de haber dormido toda la noche anterior, esta mujer parecía una sobrehumana, con una cara de orgullo y pasión satisfactoria al estar ante semejantes peleles que van a ser los nuevos representantes del ejército nacional. "¿Si? ¿Qué pasa?" dije sin pensar, ya un poco más entrado en la realidad, ya las sombras del techo se habían ido. "Usted no sabe a quien le habla", parecía decir la mirada del Julián ese al dirigirme de esa forma a Villagrán, al parecer mucha gente la respetaba, yo no era la excepción, pero para tener confianza yo trato como a iguales a la gente, o eso pretendía.  —¿Qué haremos hoy Cadete superior Villagrán?—comentó Mauricio —Muchachos ustedes vinieron a suplir la necesidad que tiene este ejército, nos faltan manos, ustedes van a ser la mano derecha de todos ellos que están poniendo el pellejo por el país —Ah no, yo también lo estoy poniendo, venir aquí no es ningún paseito—dije —Vea pelaito—dijo Julián acerándose—más respeto a sus superiores, vienen a cumplir misiones muy importantes —¿Y por qué no nos viene a venir a ver un general?—repliqué —Porque ellos están siendo el puente de comunicación con los del frente con respecto a nosotros,  hay más cadetes superiores como yo—comentó Villagrán— la cosa es que verán al general de pelotón, porque si, no estamos en un batallón formal como pudieron haber notado al llegar, nos encontramos en constante movimiento y nos toca a veces dividirnos e ir a diferentes áreas,  nos llegan suplementos, comida, munición, y a veces tendremos que movernos constantemente cambiando de locación, su labor de momento es solo esa, abastecer, al igual que la nuestra, así que todos hacemos parte de la misma vuelta, lo quiera o no. —Así es que se habla—le dije—berraquera es lo que faltó Julián, y sobretodo claridad, aquí no me importa nada más que eso, digan que hacer y por qué, y ya, listo—comenté mirando a Julián —Bueno, pero no es necesario comenzar peleas huevonas aquí entre nosotros, aparte Julián siempre me ha ayudado, así que por favor, eviten problemas—dijo Villagrán, calmada. Al parecer tenía mucha paz esta mujer, aunque esté con un semblante tan seguro y lleno de responsabilidades tan importantes, mientras que Julián parece simplemente obedecer sus órdenes sin siquiera pensárselo, debe ser su ayudante o su asistente. "Bandéense con esto y escojan" dijo Villagrán, ante nosotros cayeron una tanda grande de uniformes, de diferentes tallas, al parecer todos íbamos a ser ahora homogeneizados a una mancha verde, como un musgo hediondo igual a los demás. "Pero frescos, no tienen que usarlo completo, no están prestando un servicio corriente, así que pueden andar en camiseta blanca si así lo prefieren, pero siempre el uniforme de cintura para abajo" Villagrán, comprensiva. Tanta franqueza con la situación y pese a que la voz y tono con el que parecía decir las cosas era muy dominante, la verdad era alguien bastante laxa y amable con los reclutas, como ese padre que es exigente pero lleno de cariño.  Fuimos escogiendo y midiendo nuestros uniformes, aunque era normal que quizá en la noche por los fuertes fríos si usemos el uniforme en su totalidad. Todos con aún un poco de flojera dentro de sus células fueron tomándolo y cambiándose ahí mismo, a excepción de la chica que tímidamente salió de la tienda de campaña, Villagrán le dio indicaciones de un baño donde cambiarse, es lógico, creo que aquí la mayoría son hombres y como dije, no todos son precisamente unas bellezas de personas. De manera inmediata nos pusimos a organizar las camas donde dormimos y a sacar nuestras maletas al hombro, el día se veía soleado allá afuera, pero afuera de los árboles, porque donde estábamos, era un domo frondoso color verde, ya se veían las personas que allí estaban, ellos desayunando, pero se veía que habían hecho labores anteriores a ello, se veían las municiones en una caseta reforzada los alimentos, y las revisiones perimetrales. —Esto está muy muerto—dije —Somos muy pocas personas, no necesitamos tanta gente para trabajos de distribución —¿Entonces cuántos somos aquí? —Somos dieciocho —¿Incluyéndonos? Somos bastante pocos —Si, tampoco espere un batallón entero para solo distribuir, antes estábamos en un batallón unificado, en cemento, éramos más de doscientos pero pues nos han puesto a cubrir este puesto, los otros compañeros están en diferentes puntos de distribución, pero la gran mayoría fue a pelear a frente. Pese a ello éramos ya demasiado pocos, y el general junto con el capitán se andan moviendo mucho, y solo nos quedamos tres con todos estos suministros, es peligroso. —¿Y usted quiso quedarse aquí?—pregunté —No recluta, la verdad me hubiera gustado ayudar más de cerca a los que están luchando, pero reconozco que esta labor es importante ya que necesitamos ser el respaldo de ellos, en todo caso, la cosa puede cambiar y nos acerquen más hacia donde haya fuego, y nos toque movernos mucho hasta encontrar compañeros para reabastecer. —¿Entonces qué hacemos?— —De momento nada, primero integrarse a los demás compañeros del batallón y ya luego vamos a designar áreas de trabajo, hay diferentes labores, por lo que se van a especializar en una, ya que tenemos poco tiempo no podemos darles una formación completa, no obstante siempre fíjense en todos los procesos, nunca se sabe cuando se pueda necesitar ayuda de un compañero. —Listo Me dirigí a la mesa, confiado al ver que solo eran dos personas, se encontraba ahí Julián y frente a él una mujer con el cabello hasta los hombros, con la piel almendra y pecosa, tenía una gran energía y estaba debatiendo con Julián que estar haciendo.  —Buenos días —Buenos días, nuevo—dijo la mujer con una sonrisa cordial que rápidamente se fue para volver con sus labores. Al parecer mi actitud era como la de un estudiante en un viaje, es que me es imposible no querer conocer que se hace, que pasa, que se hará. —¿Ya se puso al tanto de lo que hay que hacer?—dijo Julián —Pues Villagrán ya me ha dicho muy por encima que se tiene que hacer —Cadete Superior Villagrán—corrigió la mujer, sonriente —Aún se me dificulta acostumbrarme a los nombres tan largos —Yo me llamo Concepción—dijo ella —Ah bueno un gusto, Ricardo. Me estiró la mano y la estreché cordialmente, al parecer se quería deshacer rápidamente de mi para planear las siguientes actividades. Y a mi no me gusta hacerme menos, yo si algo iba a ser era cualquier cosa, menos estorbo, porque yo pinto siempre para hacer lo mejor, no me gusta andar en tonos medios, o todo o nada. Llegaron mis demás compañeros, al parecer Mauricio se veía muy emocionado, pero de una forma diferente a la mía, se le veía emocionado por hacer cosas también pero con el fin de servir al ejército, quizá la clase de entusiasmo que si se espera en este lugar. Concepción prefirió dejar el tema y se presentó cordialmente, "Soy la cadete Tirado, un placer." Todos se empinaron, incluyéndome, era alguien muy amable y cordial, la otra forma de ser cordial diferente a Villagrán, mientras que Julián parecía querer ser alguien que imponga sobre los reclutas, supongo está formado a la antigüita como dirían por ahí. Todos se sentaron y empezaron a dialogar mucho más, ya se empezaba a tejer algo en esta mesa de de pliegue, mientras yo permanecía atento a las sugerencias que se mandaban de lado a lado Julián y Concepción, no dejaban de tertuliar de hacia donde deberían dirigirse para los próximos 2 días, o bueno dirigirnos, era como planear el famoso paseo de olla, solo que cargando rifles. Concepción no dejaba de decir que era mejor idea ir por monte aunque sea alto, puesto que llegaremos rápido, pero Julián quiere irse cerca al río para evitar ser vistos por alguien pese a que nos demoremos más. "Ustedes si se azaran con bobadas" dije, a lo que Miguel pareció casi ahí mismito caerseme de la risa, viejo para meter bandera enserio, Julián y Concepción se me quedaron viendo, como si les hubiese dicho una verdad o un crimen atroz. "¿Y por qué no nos movemos durante la noche?", se me ocurrió, como diría mi madre, una "Ideota" con todo el sarcasmo y posibilidad de ofender posible —Ya lo teníamos previsto ,es que iremos de noche, pero ellos verán luz —Por eso, tan bobo, ¿Usted de dónde es que es?—dije  —De Itagüi —Ah no hermano, se le nota que no conoce por aquí, ¿y hace cuanto llegaron aquí? —Horas antes a ustedes —Listo, lo invito a que se asome por la loma esta noche, y me dice si ve algo —¿Usted me está tomando del pelo? marica—dijo exaltado —No hermano, pero es que si no sabe como es por aquí y ya anda planeando vainas, por aquí las noches son nubladas, estamos a más de dos mil quinientos metros sobre el nivel del mar, aquí se forman nubes en el suelo hermano. —Ve, nos salió pilito el c***o, no?—dijo Concepción —Uy, y nos salió rola china, no?—le contesté —Jajaja, si, soy de la ciudad de Bogotá— dijo entre risas —Yo soy de aquí no más el norte del Valle del Cauca —Bueno ¿Y cómo sería ir?—dijo Miguel, ya extasiado y fantasioso como siempre En ese momento me di cuenta que empezaban a apretar más los lazos con respecto al lugar, se ve que habrían muchas cosas por delante, pero quizá el temor a que nos adentremos a un lugar más peligroso no lo teníamos previsto, no lo tendremos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR