Comunicado

1646 Palabras
Nos tenían agrupados y luego de una larga y tediosa sesión de apellidos, me nombraron para el grupo número ocho, donde pude ver que los primeros grupos estaban llenos de gente, entre los cuatro primeros grupos se hallaba cerca del ochenta porciento de la gente, en mi grupo habían unas once personas personas apenas, no conocía a ninguno, suponiendo que nos separan en relación a la cercanía de nuestras casas. —Bueno jóvenes, ustedes se van a un batallón que está incompleto, por eso son tan pocos —Si señor—respondió un joven eufórico —Si, ahora diríjanse al camión por favor El chico emocionado parecía tener mucha iniciativa, puesto que empezó a formar a pasito de indio de manera muy cómica, pese a ello lo seguimos, es mejor seguir a alguien con iniciativa que a alguien que esta más perdido que uno. Llegamos, y de camión no tenía nada, era una camioneta blanca, ancha y espaciosa, con un plató gigante donde podríamos caber al menos nueve de todos nosotros, había una única mujer entre nosotros, y parecía que los chicos, para nada experimentados en una vida autónoma, apenas si se pudieron subir al plató, en eso sale una mujer de gran porte, con aparente actitud y madera para el ejército —Buenas tardes, ya casi noches reclutas, o ya debería decir próximos cadetes, nos vamos a dirigir a la zona entre Chocó y Antioquia, cerca a los Farallones del Citará, pero nosotros no vamos de paseo, voy a ser quien esté a cargo de la puesta en marcha y el entrenamiento básico de ustedes hasta que se acoplen al resto del pelotón, así que suban. —¡Si señora!—dijo aún más exaltado el joven —Cadete superior Villagrán, recluta—corrigió de una forma contundente El semblante era muy directo, era serio pero no apagado, se veía bastante arraigada y apasionada por su trabajo. "¡Si mi cadete superior Villagrán!" respondimos casi todos al unísono, nos terminamos de subir con nuestras pertenencias, y como cualquier situación en la que varias personas están en las mismas, se empieza a comentar a dialogar, incluso estuve pensando en si encender mi radio, pero teniendo a la vieja esta, si imponía respeto. Eso si, la tertulia no se hizo esperar y de vez en cuando escuchábamos golpes en el techo de la camioneta, la gente se empezó a calmar, pero sus sonrisas eran de melancolía y resignación, "Vaya perdedores" -dije para mis adentros—, no hay miedo en un lugar donde al menos el dolor sea compartido, es como que no te importa pasarla mal en cuanto lo estés pasando mal con alguien. No sabría como definir el sentimiento, ¿Era egoísta la gente al querer sufrir en conjunto? ¿O por el contrario era más bien empática? Yo digo que es la mediocridad, es como aquel persona que no encuentra trabajo y ve que algún amigo o conocido también se le dificulta y se siente algo mejor porque es algo naturalizado en su entorno social. —¿Y usted de dónde es?—me cuestionó el joven entusiasta, sacándome de mi trance —Yo soy de Versalles, por aquí bajando a Valle del Cauca. —Ni idea, ¿Qué tan lejos? —No, por aquí apenas entrando al departamento, no es lejos, entre Cartago y Tuluá más o menos—indique—¿Y usted? —Yo soy de Marsella, arribita de Pereira hermano —Yo soy de Armenia—dijo un joven—me llamo Ramiro —Uy, cierto, me llamo Mauricio—dijo el extasiado y emocionado chico Poco a poco fueron tejiendo sus nombres y de donde eran, cada cual me podría importar menos que el anterior, se veían apagados, en comparación a Mauricio, ninguno parecía resultarme particularmente interesante, solo se lamentaban de su vida que dejaron atrás, uno era de la ciudad de Calí, ya algo muy lejos, dijo que tenía todo para empezar a estudiar derecho, pero que aún no tenía alguna forma de zafar de esto, otro dijo que estaba muy estresado y quería estar con sus padres, y la chica recordando anécdotas graciosas de su vida en su pueblo. No los oí eran sino zumbidos que daban pena, como los lamentos de un espectro o un fantasma llorando a lo que no fue en vida. Yo era el que siempre me dormía pero nunca quedaba profundo, vivía cosas muy alegres en mi cabeza, no podía esperar el momento en el cual llegar y poder empezar a desviar todo hacia mi, a desviar todo hacia que se acabara, pero con experiencia, quería que se acabara este infierno, como todos, pero no quería irme con las manos vacías, nunca vacías. Me desperté, como si me hubieran tirado un balde de agua fría, pero no, estábamos entrando a una zona muy fría y la neblina parecía mojarnos el cuerpo, mientras que se oían risas dentro de la camioneta, al parecer no venía sola la cadete o general o lo que sea o como se denomine ella a sí misma, muchos de mis compañeros de viaje se encontraron durmiendo también se les veía felices, tranquilos, quizás soñando algo que aliente a sus corazones y sean sus motivos para pasar por este calvario. Se hallaba despierto Mauricio y dos jóvenes, uno callado mirando el paisaje, totalmente absorto, diría que incluso embobado, "Seguramente sea de ciudad" pensé, y el otro muchacho se encontraba oyendo música y tarareando suavemente sus canciones, como arrullándose hasta dormir. —¿Durmió bien?—preguntó Mauricio —Uy si, hacía falta, luego toca parir —Jaja, seguramente si nos pongan a voltear, pero yo creo que mañana, dudo que desde ahorita —Uy ojalá, aún tengo un sueño—dije mientras escabullía en mi mochila algún abrigo —Si, ¿a usted como lo agarraron?—preguntó mirándome fijamente —Pues, como a todos, como si te estuvieran vendiendo un plan de seguros o alguna clase de servicio celular —Jajaja, pues si, ¿Pero fue en su casa, en su pueblo, su trabajo? —Ah, en mi casa, ¿Por qué?—respondí confuso —Ve ¿Y qué le dijeron sus papás? Si es que vive con ellos claro —Nada, mi mamá se puso un tanto nerviosa pero se calmó —¿Y su papá? —Nada, realmente pareció asumirlo con bastante naturalidad por así decirlo—respondí—¿Y a usted? —A mi me recogieron hace una semana, pero porque hacía falta gente hacia el batallón donde me dirigía me tuve que quedar en Purembara hasta que hubiera gente. Me recogieron cerca a mi casa, no me pude despedir de mis padres —¿Y se ha comunicado con ellos? —Si, me comuniqué a las pocas horas de llegar ahí, le pedí una forma de comunicarme para que no se preocupen, los llamé y ya, se pusieron muy tristes, incluso dijeron que iban a hacer lo posible para sacarme de aquí, pero no creo que puedan hacer mucho, ayer me dijeron que intentaron pero nada, estaba ya decretado todo. —Que mierda parce, pero al menos ya lo saben, yo hubiese preferido que fuese así. Me quedé absorto mirando mi mochila, recordando mi casa y en el sitio donde estaba guardada, como si fuese una imagen que es una mancha, y se va expandiendo dejándome ver toda la finca. "Si, eso es mejor irse y dejarse las despedidas, nunca son agradables o muy cómodas, seas el que se vaya o el que tiene que ver como se van" le dije al pelao, y es que prefiero las salidas limpias, facilitas, sin tener que pasar por la vergüenza de ser visto con lástima, esa mirada de mi padre de lástima, como deseándome que este lugar no me devore, pero yo nunca he dejado eso, parece que me desconoce bastante. La camioneta empezó a bambolearse de lado a lado, parecía que el camino, que ya de por si era bastante irregular, se hacía aún peor, el camino se encontraba bastante húmedo, haciendo que los surcos que dejaban las ruedas se formaran como trincheras. Finalmente habíamos llegado, era un lugar grande, había varias casetas, pero estábamos muy escondidos, al parecer era un campamento de provisiones para que los batallones que están en lucha vengan a suministrarse, llegamos y todo estaba apagado, era lógico, en el ejército es como con los campesinos, se duerme temprano, se levanta temprano, no se escuchaba nada, solo el sonido del motor que seguía rebotando en la carcaza vieja de la camioneta, entre los que seguíamos despiertos fuimos despertando a los demás de su letargo, donde la cadete Villagrán nos hacía señas para entrar a una zona de camping.  —Vayan y descansen reclutas, ya es muy tarde y es mejor mañana les demos toda la información—dijo con un tono de voz menos elevado para no despertar a nadie. —Si señora—dije—Cadete superior Villagrán—corregí antes de que me soltaran un grito. —Eso, mejor Nos dirigimos torpemente hacia la tienda de campaña, era bastante amplia, pero de camino el suelo estaba bastante húmedo, al parecer había llovido horas antes, nuestros zapatos, tenis y demás parecían rocas de tierra al entrar, sin mediar ninguna palabra nos acostamos, cada uno escogió un lugar donde hacerse, casi sin pensarlo y me acosté en una litera superior. Apenas si me saqué el abrigo y la litera superior me daba una vista clara del techo, que dejaba ver al otro lado las hojas que cayeron durante el día. No quise pensar más, no tenía sueño, mis ojos se cerraron pero yo seguía ahí, imaginaba que pensaban los demás, si estaban tristes, o estaban igual que yo. Crepitaban las hojas que caían y cada latido de mi corazón, cada vez sintonizándose más y vibrando como uno solo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR