Danilo’s POV
Me levanté algo tarde esa mañana y me di el lujo de hacerlo ya que era sábado, los niños no estaban en el apartamento y además, me costaba mucho levantarme al tenerla a ella dormida a mi lado. Mila dormía bocabajo, a mi lado y observé su espalda desnuda, su cabello, su piel, su carita, todo, todo. Acaricié su espalda, porque no pude evitar hacerlo y ella, al despertar un poco y notar que yo la miraba embelesado, sonrió feliz y no pude evitar hacerlo también.
La tarde de ayer, ella vino como siempre al apartamento. Ella había estado bastante insistente en venir y mentiría si dijera que no me gustaba que viniera, sé que me hacía el duro, pero por dentro, me gustaba tenerla cerca y lo sabía aun cuando no lo dijera en voz alta, me gustaba que de cierta forma, hubiese regresado a mi vida o bueno, nuestras vidas porque siempre estaba con nosotros, pero a pesar de eso, lo que sentía, el enojo y demás, eso estaba lejos de irse y precisamente este sentimiento, sería el que lo jodería todo, por mis celos y mis miedos. Tampoco pensaba ceder tan fácil, era algo que tenía claro y a pesar de todas las estupideces que hacía, lo sabía, pero ayer, no pude negarme de ningún modo cuando Mila me besó. Es que… fue como despertar de la oscuridad, como si hubiese vuelto a ver y todo atisbo de razón se esfumó esos instantes, en sus besos, en su piel que amaba y fue algo de no parar. La tarde y noche de ayer, mantuve más mis manos en ella que en cualquier otro lugar y de solo recordarlo, me hacía estremecerme completo.
-Buenos días, bebé.-Dijo feliz, sonriendo y lo noté, Mila estaba genuinamente feliz y no puedo negarlo, era la primera vez que yo lo estaba en mucho tiempo y podía sentirlo por todo mi cuerpo. Amaba como un loco a esta mujer.
-Buenos días, ¿dormiste bien?-Pregunté y asintió.
-Sí, como no después de lo de ayer.-Dijo entre risas y reí también, algo nervioso.-¿Puedo tomar una ducha?
-Claro, ve.-Le dije, se levantó un poco y observé embelesado su desnudez, pero ella lo notó, sonrió y me puse más rojo que un tomate. Tomó mi mano, jalándome y llevándome hasta la ducha con ella.
Me gustaban esos momentos, me gustaban mucho, porque más de intimidad, eran momentos de amor y no, no hicimos nada, solo nos besamos y entre risas, nos duchamos. Al salir, me vestí de rapidez y fui a preparar el desayuno, porque Mila se tarda más en arreglarse y además, no quería que ella siempre sea la que tuviese que cocinar, me avergonzaba, pero sé que lo hacía siempre porque quería impresionarme, pero no necesitaba hacerlo.
Al rato, cuando puse los platos en la mesa, la llamé y me senté en lo que venía. Vino un par de minutos después, pero en vez de sentarse en la silla donde le puse su plato, se dirigió hacia mí y se sentó sobre mí. Suspiré, me hacía enloquecer que hiciera cosas como esta y más, porque se sentó justo sobre mi m*****o. Me puse nervioso de inmediato.
-Bebé.-Dijo mientras acariciaba mi cabello.
-¿Sí?
-Estoy muy caliente.-Admitió y de inmediato, sentí mi cuerpo arder por completo. Mordí mis labios.-¿Me tocas? ¿sí? ¿me complaces?-Preguntó mientras tomaba mi mano y la puso justo sobre uno de sus senos, suspiré y justo en ese momento, perdí la razón. Le arrebaté el suéter que traía puesto, que era uno de los míos porque como se quedó a dormir, no trajo ropa consigo y debajo de este, no traía sostén ni nada, así que me dejé llevar por el deseo y deslicé mi lengua sobre uno de estos y de inmediato, escuché a Mila gemir y retorcerse de placer, lo cual me encantaba, era mi jodida adicción el hacerla gemir, así que continué lamiendo sus senos, los mordía, succionaba, jugaba con estos, pero sabía que ella deseaba más, así que la alcé un poco y la hice sentarse en un espacio libre de la mesa, le arrebaté la ropa interior, me agaché y sin dudarlo un poco, abrí sus piernas y deslicé mi lengua por su intimidad. Mila gimió muy fuerte, suspiré.
Yo la conocía, sabía perfectamente cómo complacerla, así que fui hasta su punto dulce y con mi lengua, empecé a estimularla justo como a ella le encantaba y por dios, llevaba tanto sin hacer esto, me enloquecía, me encantaba, y mucho más, sus gemidos fuertes, deseosos. La sentía temblar y la miraba entre veces, mordía sus labios y yo, estaba jodidamente caliente ante esto, deseoso de más, mucho más, quería tenerla por completo esta vez, no lo iba a soportar, así que me puse de pie, justo antes de que ella terminara, porque la conocía, por la forma en que apretaba mi cabello y sus gemidos, no lo soportaría más, así que sin pensarlo mucho, porque yo tampoco lo podía soportar, desabroché mis jeans, bajé un poco mi ropa interior y ella, mordió mis labios al ver mi erección, lo cual me hizo encender aún más, mucho más y puse mi m*****o en su entrada, mientras sujetaba sus piernas abriéndolas de par en par y en un solo movimiento, ingresé por completo y ella gritó muy, muy fuerte.
Empecé a embestirla fuerte, sin piedad, porque no me podía controlar en ese momento y a ella, esto parecía encantarle, porque no paraba de gemir, lo cual me encantaba y al mismo tiempo, apretaba sus pechos, que se habían endurecido por el placer. Dios, había extrañado tanto esto, el tener su cuerpo, la forma en que ella me domina, haciéndome perder la razón y actuar como desquiciado, como un adicto, porque no había forma de que no lo repitiera después de esto, ya había pecado y me había perdido por completo en ella. Seguí con mis movimientos, embistiéndola más fuerte, más hondo, pero ella, convulsionaba del placer y lo sabía, no soportaría más, así que incrementé aún más mis movimientos y con una de mis manos, estimulé su punto dulce y ella, no pudo más y la vi estallar de placer, gritando muy fuerte y por dios, dios, dios, enloquecí de placer al verla así por mí y mordí mis labios, mientras me corría por completo dentro de ella, dios…
Me costaba mucho respirar luego de esto y Mila, limpiaba el sudor de mi frente y me daba cortos besos por todo mi rostro, besos llenos de amor que me hacían sentir infinito y no pude evitar sonreír como tonto. Me limpié un poco también y acomodé mi ropa, cerré mis jeans y ella me dio un profundo beso. Me dejé llevar.
-Dios, hicimos un desastre.-Dijo entre risas y noté en ese momento, que se habían caído los vasos que serví y varias cosas de la mesa.-No te preocupes, yo organizo. Esto me encanto, te extrañaba tanto…-Dijo mientras me abrazaba, la abrazaba también, feliz.
-También te extrañé, como no tienes idea.
-Oww, me haces tan feliz.-Admitió y me abrazó más fuerte, por poco me saca un pulmón por la boca. Se puso de pie, la observé vestirse y mientras arreglaba un poco el desastre en la mesa, escuché un teléfono sonar, pero no sé de dónde provenía el sonido, así que miré y había un teléfono azul debajo de la mesa. Era el de Mila, creo que se había caído como las otras cosas por lo que acababa de pasar… me incliné un poco y lo tomé, pero volvió a sonar y por inercia solo miré, pero cuando vi el nombre de Sebastián, de inmediato me desanimé y mi expresión cambió, es que no lo podía disimular.
Mila me miró preocupada al verme así de repente y miró su teléfono, luego volvió a mirarme.
-Oye, bebé.-Se acercó a mi y tomó mis manos.-No pienses nada malo. Si el me llama, es porque quedamos en buenos términos, somos amigos dentro de todo.
-Mmm, ¿y qué me garantiza que seas sincera? Porque veo que ese no es tu fuerte. Puede que ni siquiera hayan terminado.
-¿Hablas en serio?-Dijo muy enojada y me puse un poco nervioso, no sé cuando fue la última vez que vi a Mila tan molesta antes.-¡Claro que terminamos! No entiendo por qué insinúas siquiera que te miento, cuando te he demostrado con creces que estoy arrepentida de no haberte dicho que estaba en una relación con él, pero… no entiendo si siempre me vayas a echar esto en cara, toda la vida, que me fui de tu vida cuando me sentí abrumada y que gracias a ese error, ahora tú me odies, que todos me odien, porque el salir con él no considero que haya estado mal, no es como que te haya sido infiel, eso fue muchos meses después y lo sabes.
-Mila…
-Quieres lincharme al igual que todos solo por haber decidido irme, no de la mejor manera, pero porque decidí eso. ¿Me has preguntado por qué lo hice? ¿cómo era mi salud mental en el momento en que decidí huir? No sabes por qué lo hice, porque solo te preocupas por ti, porque la pasaste mal, pero yo la pasé como la mierda también y aún sigo pagando el haberme equivocado, pero parece como si no tuviese el derecho humano de equivocarme alguna vez en la vida. Yo hice todo bien contigo, siempre te cuidé, siempre fuiste mi prioridad, pero en algún momento todo me abrumó y me fui de una manera incorrecta, pero no quiere decir que no tuviese el derecho de hacerlo, ni de salir con otra persona y menos, que me odies por eso. El único error fue no decirte que estaba con él, lo admito y por eso trato de enmendarlo, pero eso se terminó hace tiempo y no fue como que te dijera mentiras, lo oculté porque no quería lastimarte, pero si se me daba la gana no te decía y punto, no era mi obligación, no éramos nada y aún así, solo recibo malos tratos e indiferencia de todos, porque es como si tú valieras más que yo.
-Oye, Mila…
-Y a todas estas, sólo estoy recibiendo una llamada de un amigo, pero tú… llevas dos días teniendo intimidad conmigo, cuando se supone que sales con otra chica. ¿Soy yo la que está tan mal? ¿no puedes ver tus errores?
-Sí, tienes razón, pero…-Me interrumpió.
-No quiero seguir hablando, ¿por qué mejor no te vas al diablo? Maldito infeliz.
La vi apresurarse en ir a la habitación y solo dos minutos después, salió de esta, vestida por completo esta vez, pero cuando vi que iba a irse, me acerqué de inmediato y la abracé por detrás porque no quería que se fuera, no de esta manera, estando tan molesta conmigo y menos, después de todo lo que me dijo. Intentó liberarse, pero no la dejé, no podía permitir que se fuera.
-Mila, no te vayas. Quédate, por favor.
-Oye no, me haces enojar, en serio. Te pasas.
-Quédate, hablemos, ¿está bien?-Pregunté, pero no cedió ni un poco. Solo se dio la vuelta y me miró, pero parecía muy enojada aún.-Estuvimos juntos ahora y sabes como soy, me pongo sensible y me habría gustado que nos acurrucáramos juntos, al menos un rato.
-Mmm, está bien.-Cedió, sonrojada y fuimos hasta la habitación.
Nos recostamos en la cama y de inmediato, la abracé, disfrutando de tenerla cerca y decidí sincerarme con ella. Tomé aire antes de hablarle y acaricié su cintura.
-Yo… no he sido sincero contigo, te he dicho mentiras de forma patética, porque me sentía mal y celoso, quería que lo sintieras también.
-¿A qué te refieres?-Preguntó dándose la vuelta, me miró curiosa.
-Yo… si es cierto que conocí a una chica en la calle y que hemos estado hablando, pero… no es cierto que nos hayamos visto ni que nos hayamos besado. He quedado un par de veces en verme con ella, pero siempre saco una excusa porque no quiero verla, no me nace. No me atrae de ninguna manera por más que sea agradable y me caiga bien.
-Mmm, genial. Querías ponerme celosa y bien que lo lograste.
-Lo sé, lo lamento.-Le dije avergonzado.-Actué de forma egoísta, porque quería como… no sé, castigarte en cierta forma y sé que eso no estuvo nada bien, perdón.
-Está bien, no te preocupes por eso.-Dijo con una leve sonrisa y suspiré.-Bebé… después de estos dos días que hemos pasado juntos, será que… ¿podemos estar juntos ahora? ¿podrías olvidar lo que pasó?
-Yo… no lo sé. Te mentiría diciendo que ya lo olvidé o que puedo pensar en eso sin que me enoje.-Admití y ella pareció pensativa.
-Está bien, supongo aún falta tiempo para que puedas olvidarlo, pero… lo seguiré intentando, ya que ahora después de lo que pasó estoy más que segura. Aún me quieres.
-Yo… jamás dejaría de quererte, lo sabes.
-Estoy segura ahora.-Dijo dándome cortos besos.-Bueno, en un rato podemos volver al arrumaco, pero muero de hambre y sabes que me pongo pesada si no como.
-Está bien.-Le dije entre risas y fuimos hasta la mesa.
No sé qué vaya a pasar en un futuro ahora, pero en este momento, me sentía feliz.