7. Ceder ante el deseo II

1613 Palabras
Devon En el trayecto de regreso a la mansión tengo la mirada perdida en la ventana. Las nubes grises cubrieron el cielo nocturno avecinando una tormenta que no tarda en llegar, con espesas gotas de agua empapando las calles desiertas de Brighton. Masen enciende la calefacción y es algo que agradezco internamente porque la temperatura desciende dentro del vehículo y se siente incluso peor con mi atuendo tan descubierto. El ambiente es inusualmente silencioso, dado que entre nosotros siempre hay algo de lo que hablar y quizás sea mi imaginación pero puedo percibir algo de tensión. Permanezco metida en mis pensamientos hasta que la voz de Masen rompe el hielo. —Estás muy callada —menciona—. ¿En qué piensas? —En esta noche —respondo, observando las gotas de lluvia golpear el cristal—. Te perdí en cuanto entramos, ¿la pasaste bien? —Estuvo bien —dice sin darle mucha importancia—. ¿Tú la pasaste bien con Aleksander? Su pregunta tan específica y la mención de ese nombre me hacen fruncir el ceño confundida. —¿A qué viene eso? De perfil noto cómo frunce sus cejas. —¿Qué cosa? —me da una fugaz mirada, desentendido. Estrecho la mirada en su dirección, intentando leer algo más en su expresión, pero solo pretende no darse cuenta de lo que hace. —Sabes a lo que me refiero —señalo y él no dice nada, su silencio es una respuesta clara para mí—. Estaba con Kendra también, por si no lo notaste —menciono pero sé que él ya lo sabe—. Tú parecías entretenido también —comento distraídamente—, no creí que quisieras irte tan rápido. Masen permanece en silencio y cuando lo miro luce pensativo. —Bueno, si tú hubieras querido quedarte más tiempo ahí hubieras aceptado la propuesta de Aleksander —me mira—. Pero aquí estamos. Regresa la mirada al camino y relamo mis labios, pensativa. ¿Estamos? ¿Está insinuando que él tampoco quería permanecer en la fiesta? —¿Y tu chica no se molestó porque la dejaste solo para traerme a casa? —pregunto luego de un momento de silencio. —¿Mi chica? —me da una mirada divertida y me doy cuenta de lo que acabo de decir. —Sabes de lo que hablo —ruedo mis ojos, intentando restarle importancia. —Me gustaría que fueras clara —replica él y es evidente su intención de seguir guiando la conversación por este camino. —¿Qué quieres que diga? —pregunto, intentando seguirle el juego. Nos detenemos en un semáforo y Masen me mira. —La verdad —murmura—. Que te molestó verme con otra. La seguridad con la que dice aquello es determinante y sé que lo sabe perfectamente, de otro modo no diría algo así, me hace preguntarme y reprocharme qué tan obvia fuí. —¿Por qué diría tal cosa? —frunzo mi ceño, desentendida. Fingiendo que no me acaba de atrapar, pero los nervios se disparan en mi vientre cuando inclina el rostro a mi altura y me siento acorralada—. Además, si estaba viéndote es porque tú estabas mirándome primero, incluso estando con tu amiga. Enarca una ceja. —¿Acaso estás celosa de mi amiga? —su voz suena divertida y la sonrisa en su rostro me hace hasta creer que es eso lo que busca. —No vas a lograr que lo diga porque no lo estoy —niego. —Puedes decirlo, Devon —asegura en un tono suave, observando distraídamente mi rostro y lleva un mechón de cabello tras mi oreja—. A mí tampoco me gustó estar buscándote y verte con otro. Mi boca se abre ligeramente al escuchar aquello, dejándome sin palabras con lo que acaba de admitir. Los latidos de mi corazón golpetean rítmicamente mi pecho de solo imaginarlo buscándome entre la multitud y agradezco la lluvia que no permite que se escuchen mis intensos latidos. El aire se vuelve denso. —Yo no estaba… —balbuceo, sin terminar mi oración. No sé qué decir y de pronto me quedo sin la capacidad de formar una oración de forma coherente. En su mirada veo tanta seguridad que no creo que seguir negando la realidad sea una opción. El semáforo se pone en verde y él se endereza, regresando su atención al frente mientras niega. —Devon, si sigues mintiendo esto no va a llegar a ningún lado y yo tenía otros planes para esta noche. Su repentina confesión empuja aún más esa sensación vertiginosa en mi vientre que altera mis sentidos y me veo genuinamente interesada en saber más. —¿Qué clase de planes? —Supongo que eso ya no importa —se encoge de hombros. —Pero quiero saber. —Entonces admítelo —detiene el auto en una calle oscura, debajo de la lluvia, pero puedo ver por su ventana que aún no hemos llegado a la mansión. Me mira—. Dime que no te gustó verme con otra —demanda. Mi respiración se vuelve superficial y relamo mis labios, sintiendo mi boca repentinamente seca. —No es mi amiga —niega de repente—. Mikaela es solo una chica con quien compartí algunas clases. Se acercó para coquetear conmigo pero le dejé en claro que no es ella quien me gusta. —No me debes explicaciones —aseguro, al fin y al cabo no somos nada, pero en el fondo estoy dando saltitos y chillando eufórica. Masen niega y una pequeña sonrisa tira de sus labios. —Lo digo porque llevo coqueteando contigo prácticamente desde la gala, Devon, ¿cómo crees que podría siquiera fijarme en otra? Silencio nos envuelve luego de su confesión y cómo si fuera poco desliza sus iris azules hasta mis labios, la tensión amenaza con estallar en cualquier momento y me muero por besarlo. Por Dios, ¿qué más da si lo admito? Él lo hizo también. —No me gustó verte con otra —confieso finalmente y así su mirada regresa a mis ojos—. ¿Satisfecho? Una encantadora sonrisa victoriosa se extiende por su rostro y entonces volvemos a ponernos en marcha. Disimuladamente inhalo profundamente, calmando mis sentidos enloquecidos como si estuviera en una montaña rusa. —Bastante —responde satisfecho. —Borra esa sonrisa, ¿quieres? —ruedo mis ojos, una pequeña sonrisa tirando de mis labios. En ese momento él toma mi mano para dejar un sutil beso en mis nudillos y la caricia se siente como una corriente eléctrica vibrando bajo mi piel. Me recuesto en el cómodo asiento observando la lluvia del exterior, mordiendo mi labio inferior para ocultar la tonta sonrisa que no puedo borrar, sintiendo como si cientos de mariposas revolotearan en mi vientre. ━━━━━━━━ ❖ ━━━━━━━━ Cuando finalmente llegamos a la propiedad afuera del Aston Martin aún llueve a cántaros. Masen tiene el gesto de prestarme su chaqueta para cubrirme antes de bajar del vehículo y prácticamente correr —o lo que estos tacones me permiten— hasta la entrada. La mansión está silenciosa, por la hora Nathaniel y su otro hijo deben estar durmiendo. O bueno, Cole debe estar por ahí metido en su estudio o rondando la biblioteca. Las luces están apagadas pero la luz del exterior refleja en la sala en penúmbras la sombra de las cascadas de agua que se deslizan por los ventanales. —Gracias por traerme, supongo —Le doy una pequeña sonrisa a Masen y me quito la chaqueta para devolvérsela, pero me sorprende atrapando mi mano envolviendo la suya alrededor. Mi sonrisa se desvanece mientras los nervios me atacan. Claro que no me dejará ir así como así. ¿Ahora qué? Quiero más, eso lo sé bien. Y por lo que destella en su mirada oscurecida tengo la certeza de que él también. La anticipación por su próximo movimiento se mueve inquieta atrapada en mi vientre. Las gotas de agua fría que tocaron mi piel se deslizan por mi cuello y me estremezco. Masen sonríe y la semi oscuridad que nos envuelve lo hace parecer un depredador al acecho, mostrando sus colmillos listo para devorarte entera. —¿No querías saber qué planes tenía para esta noche? —su voz es profunda, envuelta en una caricia seductora y provocativa. Acorta la distancia entre ambos y alzo mi rostro para verlo—. Estás mojada… Mi respiración se torna pesada y superficial mientras siento cómo mi cuerpo pierde fuerza ante sus palabras. —Y temblando —murmura, dando otro paso y su pecho duro roza el mío. Santo dios. ¿Qué es este calor tan asfixiante? —Tal vez deberías quitarte esa ropa para evitar resfriarte. Caigo en cuenta de a lo que estaba refiriéndose y agacho la mirada, sintiendo mis mejillas acalorarse. Era eso, Devon. Por Dios. Aunque él no sabe que también es ese descarado juego de palabras lo que me hizo estremecer. Aclaro mi garganta, sin poder mirarlo a la cara, —Claro. Pero él no me suelta. Sino que inclina su rostro lo suficiente para llegar a mi cuello, dejando un beso en aquella zona sensible que eriza mi piel y envía una oleada de calor directo desde mi vientre hasta mi sexo. Su otra mano ahueca mi mejilla y puedo sentir su aliento cálido acariciando mi oreja—¿Me dejarías ayudarte con eso? Mis dedos se aferran más a la chaqueta. Se mueve hasta que su boca roza la mía de forma tentadora y entonces me mira pero mi atención se dirige a sus apetecibles labios antes de pronunciar en un susurro, —Sí.
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