9. Galletas de chocolate

2126 Palabras
Devon Mi palma cubre la boca de Masen mientras lo empujo suave para escondernos tras la pared. Me mira sin entender y le hago un gesto para que guarde silencio. Me asomo en la esquina tras unos segundos y confirmo que nadie lo escuchó gracias al cielo. —Guarda silencio —susurro, alejando mi mano de su boca. Masen no entiende la situación pero aún así lo hace. —Entonces, ¿cómo carajos no encontraron a nadie? —Nathaniel comienza a subir el tono, molestandose. —Creemos que fué uno de los hombres de Jason, quizás los envió a… —¿Acaso estás diciendome que uno de los hombres de Jason anduvo por allí, haciendo Dios sabe qué y ninguno de ustedes malditos ineptos fué capaz de encontrarlo? Masen luce confundido mientras presta atención a lo que dice su padre. —Señor… —Es casi imperceptible el balbuceo del desconocido. Nathaniel no responde pronto. Tras unos eternos segundos el señor Heaston vuelve a hablar, —Si no eres capaz de estar a cargo y evitar cometer errores, entonces tendré que desocupar tu lugar para que alguien más pueda hacer lo que tú no. Y sabes lo que te pasará si algo como esto vuelve a ocurrir. Ahora, levanta tu incompetente trasero y lárgate a hacer tu maldito trabajo. Y no vuelvas a aparecer por mi maldita casa, ¿entiendes? Antes de que Nathaniel termine de hablar llevo a Masen a mi habitación. —¿Qué fué todo eso? —Masen me mira buscando explicaciones. Entonces procedo a contarle toda la información que estuve analizando hace unos minutos. Nathaniel hablando con el hombre en la gala, la noticia, el traficante, la bodega en medio del bosque y ahora esto. Masen me escucha atento, procesando la información y también diciendo que había visto a ese hombre en otras ocasiones. Quizás también trabajaba en la bodega de Nathaniel, ¿pero por qué estaría involucrado con un traficante también? ¿por qué Nathaniel lo estaría? Masen y yo nos damos cuenta que su padre guarda muchos secretos, incluso más peligrosos de lo que podemos imaginar. —¿Qué haremos? —indago, apoyada en mi escritorio, Masen está sentado en mi cama—. ¿Y si le advertimos a la policía? Masen niega, —El jefe del departamento de seguridad de Brighton es amigo de mi padre, dudo que no esté involucrado en todo esto. —¿Entonces? —No lo sé —suspira Masen, pasando la mano por su cabello—. Algo grande está ocurriendo y no sabemos quiénes y cuántos están involucrados. Tratándose de personas tan poderosas lo mejor es mantenernos al margen de todo esto, por ahora. No conocemos todo el panorama de lo que está ocurriendo secretamente en Brighton. Y si bien una parte de mí no estará tranquila hasta que todo se sepa, sé que no es algo que vaya a ocurrir de la noche a la mañana. No sacarán tan fácilmente a la luz lo que está ocurriendo, siendo que incluso hay gente muerta, por Dios. Masen tiene razón. —Eso significa dejar de escuchar a hurtadillas —dice Masen acercándose a mí y asiento—. Puedes seguir ocultandote pero tarde o temprano pueden atraparte y entonces estaremos en problemas. —Tranquilo, no lo haré —aseguro—. Ya es tarde, debes volver a tu habitación. Masen sonríe. —Déjame quedarme —pide como un niño pequeño y muerdo mi labio inferior conteniendo mi sonrisa. Deja un beso sobre mis labios—. ¿Puedo quedarme? —Me da otro beso. —Está bien —termino cediendo. Masen me sube con facilidad sobre su hombro y me río—. ¿Qué tienes con levantarme así? Me deja en la cama y se sube sobre mí, sonriendo con picardía, —Me da una buena vista de tu trasero. ━━━━━━━━━━━━━ Por la mañana me despierto antes que Masen y eso pone en mis débiles manos la difícil tarea de tener que abandonar la comodidad de estar recostada entre sus brazos para despertarlo y que abandone mi habitación antes de que alguien lo vea. Cuando se marcha finalmente, me arreglo antes de bajar a desayunar y luego salimos juntos rumbo a la universidad. El viaje va silencioso mientras pienso en lo que ocurrió en la noche, ahora que él también lo sabe y que el panorama se va aclarando —u oscureciendo— todo se siente diferente, respecto al pueblo y al señor Heaston. —Cole te llevo a casa ayer —dice Masen de pronto y lo miro— ¿fué mi gruñón? —No, de hecho —digo para su sorpresa—. Fué… agradable. —¿Ah sí? ¿cómo? —indaga. —Me prestó su chaqueta porque había olvidado la mía. También aclaró que podía ser algo brusco e indiferente a veces pero que no le molestaba que estuviera en la mansión —le cuento. —Te dije que no era personal. —Lo sé, pero dados nuestros encuentros por la propiedad me era difícil no sentirme así —digo y él asiente comprensivo—. En el fondo siento que las cosas podrían cambiar, con el tiempo. Después de todo tendré un año aquí. —Eso espero —murmura tomando mi mano y acariciandola—. Cole levantó muros luego de la muerte de mamá y no ha dejado entrar a nadie desde entonces. No a papá, no a alguien que pueda ayudarlo, no a mí —cuenta con cierta tristeza y puedo imaginarme cómo debe sentirse. Mientras Masen necesitaba a su hermano, Cole de decidió pasar su duelo en soledad, ¿pero quién puede culparlo? —Te entiendo —Mi mano le da un apretón a la suya—. Todos lidiamos con el duelo de formas diferentes. Que Cole haya escogido alejarse no quiere decir que no sepa que te tiene a tí. Si quieres acercarte solo hay que buscar la forma de llegar a él siendo paciente y empático. Masen me observa un momento en silencio. —Gracias —murmura entonces. —¿Por qué? —Por esto. Y por escucharme la otra noche. Me hace sentir que hay alguien más en casa con quien puedo contar. Le sonrío, —Sabes que sí, Masen. El pelinegro se recuesta en el asiento, con la mirada pensativa perdida en la ventana y su pulgar acariciando distraídamente el dorso de mi mano. Me recuesto igual y el resto del viaje transcurre en un cómodo silencio. Ni siquiera puedo imaginarme cuánto Masen extraña a su hermano, solo puedo decir que me parece sumamente triste. Soy hija única y no sé que es peor: No tener a nadie o sentir que no tienes a nadie, y cuando más lo necesitas. Y me provoca una sensación cálida en el pecho saber que ahora él podría tenerme a mí y yo a él. ━━━━━━━━━━━━━ A mitad de semana, sin muchos cambios en la rutina, papá me llama para saber qué tal todo y le cuento sobre mis estudios, mis amistades y mi estadía en la mansión Heaston. Nada respecto a lo otro, no quiero hacerlo sin hablar con Masen primero. Me cuenta que tiene mucho trabajo pero que pronto pasará por aquí a verme antes de despedirnos y colgar. Luego de la universidad paso por la cafetería en busca de lo mismo de casi todas las tardes y la mujer detrás del mostrador sabe que voy a pedir en cuanto me ve. Cuando regreso a la propiedad con una bolsa de galletas tibias perfectas para este clima frío, sé que las única personas aquí somos Cole y yo. Nathaniel salió temprano diciendo que regresaría en la noche y Masen sigue en sus prácticas. Lo dudo un momento pero finalmente termino encaminandome hacia el estudio de Cole, esperando no molestarlo. La puerta está cerrada así que doy dos golpecitos, de primeras no aparece nadie y creo que tal vez no se encuentra aquí ahora, pero entonces la puerta se abre. —Devon —dice luciendo algo confundido evidentemente no esperaba que se tratara de mí—. ¿Está todo en orden? —Sí —Aclaro mi garganta. Le tiendo la bolsa de papel con una pequeña sonrisa tímida—. Te he traído galletas. Aunque algo extrañado por el gesto, toma la bolsa. —Son de chocolate con nueces, aunque tal vez seas alérgico, eso no lo pensé… —balbuceo y me callo cuando lo veo sacar una y darle un mordisco—. ¿Te gustan? Asiente y le da otro mordisco. Parece un niño pequeño, se ve muy tierno. Me alegra que le hayan gustado. —Genial. Estaré arriba por si necesitas algo… —digo, amagando marcharme pero él me detiene. —¿Quieres pasar? —ofrece y me cuesta creerlo. No creí que llegaría tan lejos. —Claro —acepto sin pensarlo dos veces. Él se mueve de la puerta y paso por su lado hacia su estudio. Hay pilas de libros, cuadros, bocetos, es como el caos de un artista, uno al que solo el mismo artista le ve sentido. Aunque al mismo tiempo puedes notar que cada cosa está en su sitio, limpio y de alguna forma ordenado. Mis ojos viajan curiosos por toda la habitación hasta que dan con la escultura del busto de una mujer. Es preciosa, tanto la mujer como la escultura. —¿Lo has hecho tú? —le pregunto dándole una mirada y veo a Cole asentir—. Es preciosa. —Es mi madre. Sus palabras me dejan quieta un instante. Cole esculpió el rostro de su madre. Esa clase de gestos lo provoca un amor y una admiración que no hay dinero en el mundo capaz de comprar. Si su madre pudiera verlo estaría muy orgullosa, tanto de la escultura como de su hijo. —Lamento lo que ocurrió —murmuro, sabiendo que estoy adentrándome en un terreno delicado—. Parecía ser una mujer muy buena, era muy hermosa. —Lo es —murmura con su mirada sobre la escultura y noto que, al igual que Masen, nombran a su madre en presente. Paso saliva. —También perdí a mi mamá —le cuento y su mirada recae en mí—. Puedo entender cómo te sientes. Mi mirada divaga por unos dibujos a carbón sobre un escritorio. —¿Cuándo? —Fué hace mucho tiempo. Tenía ocho —le cuento—. Éramos tres y mi madre lo era todo para mí. Cuando murió fué como si me quedara sola porque papá se hundió en el trabajo, sé que fué duro para él, fué su forma de afrontar lo que ocurría y no lo culpo por ello. Tuve que aprender a vivir sin mamá, fué duro porque, ¿cómo haces una cosa así? De un día para otro ya no se encontraba jugando conmigo en el jardín, o peinando mi cabello con trenzas, o ayudándome con mi tarea, ella ya no estaba —siento un nudo en mi garganta. Cole no me interrumpe, me escucha—. Y nunca volvería a estar. Pero le hice una promesa, que siempre intentaría ser una persona de la cual ella estaría orgullosa. Daría lo que fuera por volver a tenerla conmigo aunque sea una última vez, para hacer lo que sea solo ella y yo —confieso, dejando fluir aquellas palabras que permanecían como un nudo en mi garganta—. Es injusto lo que nos pasó —digo y su mirada perdida en algún punto en el suelo, regresa a mí—. Pero la vida no suele ser perfecta. Y uno solo debe buscar la forma de aprender a vivir con cosas como estas. Suspiro, sintiéndome sensible y algo tonta. —Lo lamento hablé demasiado —digo, recomponiendome. —No te disculpes —dice Cole serio pero en un tono suave—. Te entiendo. Sé que no dirá nada más, parece pensativa y entiendo que lo mejor será dejarlo solo. —Creo que iré a estudiar antes de la cena —digo entonces, acercándome a la puerta. —Devon —dice y lo miro—. Gracias por las galletas. Le sonrío, —No hay de qué. Gracias a tí por escucharme. Cole asiente con su mirada algo perdida y puedo leer en su rostro que mis palabras lo afectaron de cierto modo. Quizás de esta forma él pueda sentir más confianza y en algún momento decir lo que tiene guardado, o por lo menos sentirse acompañado por alguien más. O tal vez incluso hasta lo impulsa a hablarlo con Masen o con su padre. De cualquier forma, solo espero poder ayudarlo en algún momento a liberarse un poco de la pena y el dolor que carga consigo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR