Artemis se sentia confundido, era la primera vez que una mujer lograba tener ese poder sobre él, logrando desestabilizarlo y meterse en lo mas profundo de su ser. Así que, el resto de la noche, al volver a casa, no hizo más que saber que debía protegerla, Gianna no sería una bailarina más, y no dejaría que nunca, siquiera de cerca, alguien intentase acercarse.
Así que, al día siguiente, Artemis llegó por primera vez, en mucho tiempo, más que temprano al bar. Allí, la única que estaba, dada las horas que eran, era solo Sheysa.
—¿Artemis? ¿Pasó algo? ¿Por qué está aquí tan temprano?
Él guardó silencio un par de segundos, caminando hasta sentarse en la barra y hacerle señas a Sheysa de que sirviera un trago para él.
—Whisky.
—¿Ocurre algo con el bar? ¿Tienes algún problema? —cuestionó alarmada una vez más.
Artemis, quien odiaba dar explicaciones, no hizo más que beber su trago, negando a lo bajo mientras se posicionaba en aquel asiento para ver el tubo de pole dance.
—Gianna. —avisó. —No bailará para todos el día de hoy.
Sheysa salió de la barra confundida, mirándolo atentamente mientras esperaba alguna respuesta coherente.
—Señor, esa chica enloqueció al bar entero el día de ayer. Muchos vienen hoy solo para verla.
—No. —avisó firme. —No bailará para todos hoy, bailará en mi oficina.
—Pero señor, es la bailarina que más propina y billetes recibe, el bar entero podría llenarse por ella. ¿Por qué dejarla allí oculta?
Él dió otro trago de su whisky. —Porque no quiero que nadie más la vea bailar. —soltó firme.
Sheysa guardó silencio un par de segundos, observándolo fijamente hasta terminar de quedar boquiabierta. —Le gustó, ¡Le gustó Gianna!
Artemis, quien odiaba la excesiva confianza en las personas con cuáles tenía un mínimo afecto, no hizo más que verla con una mirada fija que la dejaría en completo silencio.
—Lo siento, señor. No quise ser imprudente. —se disculpó. —Le diré a Gianna que tiene un baile reservado en su oficina y que no podrá bailar para todos el día de hoy.
—Le dirá que tengo una reunión pequeña con un par de amigos que están interesados en conocer lo nuevo del bar. —explicó. —Y ya, sin una palabra más. —advirtió.
Ante sus palabras, la llegada de Gianna por la puerta principal alarmaría a Artemis, haciéndole poner de pie, beber un último trago de whisky y caminar hacia la oficina ignorando por completo su llegada.
Una vez arriba, no pudo evitar quedarse ante el cristal, observando a Gianna y Sheysa desde la lejanía, mientras ambas debatían el lugar en el que bailaría aquella noche.
—No debería decir esto... —soltó Sheysa sin más, cerrando sus ojos un instante y resoplando sin más. —Pero le gustaste, le gustaste al jefe.
Gianna la miro confundida un par de segundos, sintiendo la mirada de Artemis a la distancia y buscándolo inevitablemente.
—¿Gustarle a Artemis? —preguntó confundida.
—¡No lo veas! ¡Me matará!
Gianna, quien para su suerte, tenía más que claro su propósito en aquel lugar, sonrió y finalmente fingió su indiferencia.
—¿Cómo lo sabes? ¿Eso que significa?
—Las chicas del bar han intentado llamar la atención de Artemis durante años. Es un hombre guapo y adinerado, ¡el hombre perfecto! —avisó. —Te llevas la lotería.
Gianna rio y negó. —Eso no lo hace el hombre perfecto, Sheysa. Pero gracias por decirme, entonces me alistaré para bailar.
Así mismo transcurrieron las horas, el bar se llenó, los bailes comenzaron y Gianna subió hasta el reservado de Artemis De Luca.
Al verlo, sonrió de lado sin mostrar sus dientes, él estaba allí, completamente solo mientras fumaba otro tabaco y bebía whisky, algo que, en dos días de conocerlo, Gianna ya sabía eran característicos de él.
—Me dijo Sheysa que hoy volvería a bailar aquí. —susurró con un poco de temor al acercarse hacia él.
Él guardó silencio, dejando salir el humo de su boca mientras aquella mirada fría y tenebrosa quedaba sobre ella, examinando cada parte de su cuerpo y su inevitable belleza.
—Tengo una pequeña reunión con unos viejos amigos que han oído sobre ti, fuiste la sensación el día de ayer, todos hablan de ti. —comentó. —Querían conocerte, verte bailar. —explicó.
Ella sonrió, observando cada parten del lugar y terminando por fruncir su frente. —¿Entonces por qué no están aquí? El bar está lleno. —señaló.
Artemis tragó en seco, alzando levemente sus brazos con un poco de indiferencia. —No son muy puntuales. —soltó sin más. —Quizás se les hizo algo tarde, pero puedes comenzar, igual te pagaré lo que mereces.
Ella asintió, acercándose hasta él para tomar un trago de whisky de su vaso y comenzando a bailar al ritmo de la música para él.
Cada movimiento que Gianna daba hipnotizaba a Artemis por completo, nadaba en un lapso mental dónde incluso, la música que iba a todo dar, no existía.
No comprendía del todo aquel poder que físicamente esa mujer ejercía sobre él, pero fuese lo que fuese, lo dejaba completamente poseído y atraído por el bailar de sus caderas.
Era evidente que ella sabía el control que poseía, moviéndose aún más cerca de él para provocarlo, terminando por alejarse en momentos claves dónde Artemis estaría por enloquecer.
La corta vestimenta de Gianna no dejaba mucho a la imaginación, pero aún así, Artemis la imaginaba completamente desnuda bailando para él, haciendo que aquella mirada que dejaba sobre ella fuese aún más difícil de desaparecer.
Solo pasarían un par de minutos para que la puerta principal fuese abierta, dejando ver a dos de los amigos de Artemis, quienes quedarían confundidos y apenados al entrar ante aquella situación.
Gianna no pudo evitar sentir cierta tensión, deteniendo su baile mientras
Artemis se ponía de pie inmediatamente arreglando su traje y su pantalón.
—Chicos. —dijo firme.
Era evidente que Artemis no tenía ningún tipo de reunión pautada, y no había sido más que una fachada para poder tener a Gianna para él solo mientras fingía esperar a alguien más, por lo que, la llegada de aquellos hombres lo tomaría completamente desprevenido.