Gianna, ante el hecho de tener una misión en aquel lugar, jamás detuvo su baile. Artemis, por su parte, se miraba desconcertado, estrechando las manos de aquellos hombres desconocidos para ella mientras ofrecía bebida y cigarrillos. Ellos se sentaron en el lugar libremente, observando inevitablemente el bailar apasionado que Gianna tenía para todos.
Artemis intentaba llamar la atención de todos, distrayendo con temas de trabajo, dinero y del día a día, pero una vez más, y como habría pasado la noche anterior con Alonzo, aquellos hombres no levantaban la mirada de Gianna, cosa que, aunque no fuese evidente, molestaba internamente al temible Artemis De Luca.
—No sabía que tenías una tan increíble nueva adquisición, De Luca. Oí rumores ésta mañana, ya sabes, aquí todo corre muy rápido, pero nunca imaginé que sería algo tan majestuoso. —avisó su amigo a su lado sin despegar la mirada de Gianna. —Es una mujer hermosa. —susurró al pensar en voz alta.
Artemis bebió otro trago de whisky, mordiendo su lengua para evitar conflictos, sonriendo de lado para ser amable mientras asentía. —Mi bar siempre tiene lo mejor de la zona, amigo mío. Lo sabes, me gusta lo elegante, lo único. —explicó.
Su amigo no pudo evitar reír un poco, dando un par de palmadas en su pecho que serían de mal gusto para la poca capacidad amistosa que Artemis poseía, observándolo fijamente mientras él por poco babeaba ante el baile seductor que Gianna tenía.
—¿Cómo se llama? —preguntó su amigo al posicionarse sobre el asiento, llevando sus codos sobre sus rodillas y uniendo sus manos mientras dejaba su mirada fija sobre el cuerpo de aquella mujer.
—Gianna, Gianna Veratti. —explicó casi con enojo.
El hombre una vez sonrió, girando hasta verlo y buscando un bolígrafo en el bolsillo de su traje, llamando la atención de uno de sus hombres de seguridad quien traería un trozo de papel que Artemis vería con confusión.
—Hagamos las cosas justas, De Luca. Dame un precio, un monto... El que sea. —avisó. —Y te lo daré por ella.
Artemis observó aquel trozo de papel y bolígrafo casi indignado, negando inmediatamente mientras encendía un tabaco que fumaría con amargura.
—Ésto no es un sitio de prepagos, amigo mío. Aquí se bebe, se baile y se disfruta, nada más. —advirtió.
Su amigo negó inmediatamente. —No estoy buscando una noche con esa mujer, Artemis, quiero que sea mi mujer. —advirtió.
Por muy extraño que fuese, no era la primera vez que Artemis recibía tratos de tal manera por alguna de sus chicas en el bar, solo que, por ésta vez, él no quería que Gianna fuese llevada a ningún otro sitio, siquiera por una sola noche.
—No, Gianna no es así. No es como el resto de las chicas. —explicó. —No hay cifra para ella, lo siento. —advirtió al hacer a un lado sus manos con bolígrafo y papel. —Gianna se observa sin tocar, eso lo hace aún más exclusivo.
Su amigo un tanto enojado por el rechazo, no hizo más que pasar sus manos por su barbilla, recostar su cuerpo sobre el asiento y dejar su mirada fija sobre ella sin girar a verle.
—Es tu hembra, ¿cierto? —preguntó sin cuidado.
Él guardó silencio, esperando no tener que ser más que evidente.
Su amigo una vez más rió, pidiendo ahora un trago de whisky que bebería sin cuidado, girando hasta ver ahora a Artemis de reojo mientras daba unas palmadas en su hombro.
—El hombre que yo conozco haría cualquier cosa por quedarse con un pequeño porcentaje de dinero. Es lo que haces aquí, traes mujeres, bailan un tiempo y poco después las ofreces como esposas, ellas aceptan, tu te llevas un porcentaje y todos ganan. —explicó al recordar. —Es acaso que, ¿Artemis De Luca se ha vuelto suave? —cuestionó.
La mirada de enojo se sembró sobre Artemis. Habían cosas que para él eran imposibles, y una de esas, era verse débil o menos ante cualquiera.
Giró hasta él, sacando un arma de su pantalón que inmediatamente apuntaría sobre la espalda de aquel hombre en silencio.
—No tengas miedo. —advirtió muy pronto. —Solo quiero que me escuches con atención, amigo mío. No soy un hombre que se ha vuelto suave, solo sé hacer mi trabajo. No me gustan los hombres que aparecen de la nada a juzgar mis métodos. —advirtió. —Te recuerdo que puedo ser muy amigable cuando quiero, pero si realmente lo deseo, ni tu ni tus hombres salen de éste bar. —aclaró.
Aquel desconocido hombre alzó sus brazos al aire en son de paz, riendo un poco mientras observaba a Artemis guardar el arma nuevamente, dando un trago de whisky mientras se acercaba ahora a decirle algo realmente.
—Si esa chica fuese mi chica, no dejaría que nadie más la viese bailar. —susurró. —La tendría como un trofeo que solo yo podría tocar. —avisó. —Pero bien, tienes razón, solo soy alguien más que viene a juzgar tus métodos. ¡Chicos! Se acabó la fiesta, es momento de irnos. Ya hablé con mi amigo Artemis, todo está bien. —soltó al ponerse de pie y dejar caer su mano sobre el hombro de Artemis. —Cuídate, amigo mío.
Y así mismo, poco después de eso, aquel hombre caminó, lanzando un par de billetes que caerían a los pies de Gianna mientras terminaba por salir de aquel lugar.
Gianna sentía la tensión de aquella habitación, y aunque lo quisiera, no se detuvo de bailar.
El enojo de Artemis era evidente, sus puños cerrados, una respiración agitada y aquella mirada que solo detonaba oscuridad.
—¡Ya! ¡Deja de bailar! —gritó frustrado al ver a Gianna. —¡Suficiente!
Gianna quedó petrificada, deteniendo su cuerpo mientras lo miraba un poco asustada, manteniendo distancia ante sus órdenes y tomando asiento para descansar un poco.
—Eres un problema, Gianna Verrati. —avisó al respirar hondo y pasar sus manos sobre su cabeza con frustración. —Y no sé cómo solucionarlo.
Gianna le miró con confusión al no entender sus palabras.
—No lo entiendo...
Él se puso de pie, caminando hacia ella hasta verla fijamente, respirando hondo hasta llenar su pecho y terminar por soltarlo todo lentamente. —Por lo visto, de alguna manera, atraes a todos los idiotas del continente. —advirtió entre dientes.
Y sin más, sin decir ni una palabra más, Artemis arregló su traje, apagó su tabaco y salió de allí.