Aunque Gianna muchas veces fingiese ser fría y valiente, por dentro no era más que una dulce niña herida en las manos de dos grandes monstruos. Sostuvo su mejilla mientras una pequeña lágrima corrió por su rostro. —También quería ver a mi padre. —soltó al mentir en un hilo de voz. Rogando que fuese suficiente prueba para Artemis y finalmente poder librarse de quiénes se volvían su peor pesadilla. —No tengo tiempo para visitar ridículas. Necesito destruir a ese hombre, tomar su lugar y llenar las calles de droga hasta el cielo. —avisó firme. —¿¡No sabes acaso controlar a tu mujer!? ¿¡Para qué se supone que eres su esposo!? —cuestionó ahora observando a Franchesco casi como un insulto. —Vuelvan cuando tengan algo real que valga la pena, antes no. —resopló. Gianna respiró hondo, siendo

