―Paola que gusto verte ―habló una voz femenina un poco ronca.
―Me alegra que se encuentre bien de salud señora Rosa ―sonrió Paola
― ¿A qué se debe tu venida por aquí jovencita? ―cuestionó Rosa
―Quiero que la hermana de mi amiga entre a estudiar aquí, es una joven linda de 10 años, que por cuestiones de la vida no ha podido entrar, pero es muy inteligente y estoy segura de que podrá estar al nivel de los demás ―habló Paola.
―Está bien, te daré unos temas y demás cosas para que ella estudie y este al nivel de los demás, te daré mi número para que me llames cuando esté lista y vengas con ella ―respondió Rosa con una sonrisa.
Paola y Vanessa salieron de ahí, Vanessa no entendía porque su amiga hacia eso, pero le alegraba que se preocupara por Sofia, salieron de ahí y fueron nuevamente a casa, Sofia se encontraba en la sala con Ludy, se preparaba un sándwich, se asustó al ver a su hermana y a Paola entrar.
―Sofía ¿te sientes mejor? ―preguntó Paola.
―Si, gracias por llevar a Ludy ―sonrió abrazando a Paola para luego ir donde su hermana ― ¿te duele donde te golpearon? ―preguntó.
―No, ya no duele ―sonrió Vanessa.
Sofia se sentía mejor después de que Paola había llevado a Ludy a su habitación, de cierta forma ya no se sentía tan mal no sabía si se debía a la alegría que tenía aquel cachorro durante todo el día.
―Sofía puedes venir ―habló Paola desde su habitación.
Sofia fue a toda prisa hasta donde se encontraba Paola, el pequeño Ludy iba detrás de ella, las mejillas de Sofía se habían tornado rojas mientras su respiración se había vuelto agitada por la emoción.
― ¿Te gustaría ir a la escuela? ―preguntó Paola
Los ojos de Sofía brillaron al escuchar lo que decía Paola, una sonrisa se estaba curvando en el rostro de la pequeña que brincaba de emoción al escuchar lo que Paola decía.
―Si quiero ir a la escuela ¡Quiero ir a la escuela! ―gritaba con alegría, lo que sorprendió mucho a Vanessa.
Mientras Sofía brincaba de alegría en la ciudad de Ábsit, en la ciudad de Éire Elías no la estaba pasando del todo bien, debía de lidiar con la propuesta de su padre, quisiera o no, debía de aceptarlo, ya que no quería mudarse a la ciudad de Éire donde tendría que ver todos los días el rostro de su padre.
―Elías, hoy tienes una cena en el prestigioso restaurante Borsí; todo está listo para que lleves a Teresa ahí, los trajes y el vestido que usaran están en su habitación ―habló Bernard.
―No puedes hacer lo que te plazca sin mi pensar, Bernard, no sabes cómo me enferma tu maldita actitud, ahora entiendo porque Tatiana prefirió hacer como si nunca has existido y más después de como la trataste ―gritó Elías molesto.
― ¿Acaso sigues hablando con la basura esa? ―preguntó Bernard.
Aquella forma de expresarse había hecho que a Elías se le acabara la poca paciencia que tenía.
―Te prohíbo que te expreses así de mi hermana frente a mí, no sé quién te has creído, pero no tienes el derecho de hablar así de Tatiana porque no eres su padre ―gruño, saliendo de ahí.
Su peor decisión había sido el llegar a aquella casa y haber aceptado las condiciones que su padre le decía para seguir viviendo en Ábsit.
―Bernard, déjalo, deja que se vaya, venía a decirte que los señores Münch quieren verte ―habló Miriam su esposa.
―Está bien Miriam, enseguida iré y por lo que más quieras controla a Elías, hazle entender que debe de ir a esa cena con Teresa o lo perderá todo ―ordenó Bernard.
Bernard subió a su carro conduciendo hasta la casa de los Münch, la llamada improvista de ellos lo había llenado de intriga.
―Me alegra que haya venido tan pronto Bernard ―habló Lucy.
―Vine porque es muy extraño que ustedes me llamen tan repentinamente ahora dígame ¿a qué se debe su llamada? ―preguntó Bernard.
―Si te he mandado a llamar es porque necesito un enorme favor tuyo, necesito un préstamo, mis empresas se están yendo al carajo y tú eres el único que puede ayudarme ―interrumpió Kenny.
― ¿Qué te ha hecho pensar que yo te he de ayudar? ―cuestionó con un mal gesto.
― ¿Por qué eres un buen hombre? ―preguntó Kenny.
―Si quieres que te ayude, véndeme la mitad de tus acciones… no, véndeme toda tu compañía y trabaja para mí, de esa manera podré ayudarte porque de otra no podré, no después de todo lo que me debes desde hace tiempo atrás ―respondió Bernard acomodándose el saco.
―No, no le vendas lo único que nos queda Kenny, por favor no lo hagas, por lo que más quieras no lo hagas ―suplicó Lucy.
Por primera vez, Kenny escucharía las palabras de su esposa, que le suplicaba entre lágrimas que no vendieran lo único que les quedaba, Lucy sabía que, si Kenny hacia tal cosa quedarían en la calle, pues ella mejor que nadie sabía lo despiadado que solía ser Bernard con las demás personas e inclusive con su propia familia.
―No, Bernard no aceptaré eso que me propones, cometí un error al llamarte, por favor vete ―pronunció Kenny aquellas palabras con un poco de miedo.
―Me iré, pero escúchame bien tendré un poco de compasión contigo por Lucy, te daré un mes para que saldes todas tus deudas conmigo o de lo contrario me veré en el caso de quitarte hasta la última propiedad que tengas ―amenazó marchándose de ahí.
Bernard había salido molesto de la casa de los Münch, pero esa visita no se quedaría como si nada, haría hasta lo imposible para que ellos quedarán sin dinero y llegaran arrastrándose hasta sus pies como perros.
― ¡¿Kenny, que te sucede?! ―gritó Lucy al ver el rostro de Kenny palideció sabía que era algo grave lo que le sucedía.
Al verlo que se desplomo, llamó de inmediato una ambulancia pensaba lo peor al ver el rostro de su esposo tan pálido, aquello sería difícil para Lucy, ya que ella sola no podría con la empresa, pero esperaría llegar al hospital y un médico lo revisara antes de seguir haciendo mil escenarios en su mente, mientras tanto debía pasar la noche en aquella desolada sala de hospital, donde el frío se sentía hasta en el último rincón.
Mientras tanto Teresa se encontraba en la habitación de Elías solamente con la ropa interior de encaje puesta, quedaba viendo aquel vestido que se pondría para la cena que tendría con su prometido, era un vestido bello, de un color azul marino, largo hasta el tobillo, de cuello V que combinaría perfecto con el collar de lapislázuli que su madre le había obsequiado, unos tacones punta de aguja y todo estaría perfecto para aquella cena, retoco un poco su maquillaje, colocándose en sus labios un poco gruesos un labial color rojo vivo, al darse vuelta para salir a la sala, Elías venía entrando con un rostro como si tuviera que ir a un funeral… pues eso era aquello para Elías un funeral. Elías miró a Teresa y lucía bella, pero no podía seguir engañando los sentimientos de aquella mujer, pues no sentía nada por ella, la amó en un pasado, pero no se veía en un presente, mucho menos en un futuro con ella, se quitó la camisa dejando su torso al descubierto, Teresa al verlo sintió una corriente inexplicable recorrer todo su cuerpo, trato de tocar la espalda de Elías con sus dedos pero él la detuvo, los ojos de Teresa brillaban, pues las hormonas habían aparecido en todo su cuerpo.
―Ni siquiera lo pienses Teresa tu y yo no tendremos nada, grábate eso en la cabeza ―habló Elías tomando la ropa que su padre le había dejado caminando hacia el baño.
―No sabes cómo odio tus malditas tentaciones Elías Borní, pero un día te tendré entre mis brazos ―gritó Teresa molesta.
Los músculos de su mandíbula se tensaron al escuchar a Teresa que no se daría por vencida hasta obtener lo que quería, Elías no quería tener nada que ver con Teresa, si hacia eso era porque quería que Bernard no desasiera la empresa que tanto trabajo le había tocado a él en la ciudad de Ábsit.
Elías salió de su habitación tomando a Teresa del brazo fingiendo que la amaba con una sonrisa forzada en su rostro, llegó a su carro y se subió, lo descortés se hacía presente en Elías para Teresa que no se daba por vencida por más hostil que se comportara Elías, llegaron al restaurante donde su padre había reservado, tenían el menú y lo que tomarían ya listo solo para cuando ellos llegaran, Bernard sabía que Elías no podía tomar alcohol ya que se embriagaba rápido, pues eso era una ventaja para aquel viejo cascarrabias, para que lo más pronto su hijo le diera un nieto ya fuera por las buenas o por las malas.
―No sabes cómo te odio Bernard ―murmuró Elías.
― ¿Dijiste algo? ―preguntó Teresa.
―No, no he dicho nada, come rápido ya me quiero ir a casa ―habló Elías.
― ¿Tu no comerás? ―observó el gesto de disgusto que tenía Elías en su rostro.
―No, no quiero nada que venga de parte de Bernard ―resopló.
― ¿Por eso no me quieres a mí? ―sus ojos se llenaron de tristeza.
―No, a ti no te quiero porque… porque estoy enamorado de alguien más ―soltó sin pensar si aquello le traería alguna consecuencia.
― ¡Oh! Así que alguien llegó a conquistar tu corazón después de tanto tiempo y dime ¿Es bonita? ¿Cómo se llama? ¿La conozco? ―cuestionó esperando una respuesta positiva.
―No obtendrás respuesta alguna a esas preguntas Teresa, se cómo eres y cuál es tu plan por lo tanto no pretendo decirte nada y por favor desde ya te lo pido, no te metas en mi vida privada, mucho menos trates de averiguar de quién se trata, porque ahí si conocerás quién es realmente Elías Borní ―amenazó.
Elías sabía muy bien como era Teresa, por eso debía de amenazarla de aquella manera, aunque no sabía si el haberle dicho que estaba enamorado de alguien más sería buena idea. Aquella cena había sido un completo fastidio para Elías, con respecto a la conducta de Teresa tratando de seducirlo, al llegar a casa Teresa se quedó en la casa hablando con Bernard y Elías se fue a su habitación.
―Dime Teresa ¿Qué tal estuvo la cena con Elías? ―preguntó emocionado esperando una respuesta positiva
―Fue un asco, será más difícil de lo penado conquistar el corazón de Elías, más si alguien ya ocupo ese lugar ―soltó Teresa con su mirada triste.
― ¿Cómo así? Sabes de quién se trata ―comentó Bernard.
―No, no sé de quién se trate, no puedo averiguar quién sea si quiero continuar con esto ―suspiro.
―Tú no puedes investigar, pero yo sí, no te preocupes por eso, todas las mujeres al darle una suma de cantidad porque se vayan del lado de Elías lo hacen y no creo que ella sea la excepción ―sonrió ―Harás lo siguiente, te irás con él a Ábsit te presentaras ante todos como su prometida porque lo eres y cada que llegues ahí te darás cuenta de quien es esa mujer, esa es tu tarea ―propuso Bernard.
Teresa había aceptado aquello, pues sería una grandiosa idea el pasar más tiempo con el hombre que se iba a casar así él no quisiera.
El día lunes había llegado y Paola iba hacia su trabajo junto a Vanessa quién se había decidido en ir a dejar sus documentos a esa y las demás empresas de Ábsit, Sofia había quedado en casa junto a Ludy estudiando pues se encontraba ansiosa por ir a la escuela. Paola llevaba una falda larga tres dedos antes de la rodilla de color n***o, una camisa color beige, con unos zapatos de tacón alto de charol, en cambio Vanessa iba con un pantalón de vestir color n***o, una camiseta beige y un saco color n***o con unos zapatos de tacón medio, al llegar a la empresa Borní, las recepcionistas recibieron los documentos de Vanessa, quien se despidió de Paola para dirigirse a las demás empresas, aquel día sería cansado para Vanessa pero habrá valido la pena.
―Paola, como eres la secretaria de Elías, debes de saber que él no estará aquí hasta nuevo aviso, ha salido hacia un viaje de familia y no sé cuándo regresará ―habló Richard mientras sus ojos brillaban al ver a Paola.
―Está bien, entonces ¿hago que las personas que lo vengan a buscar a él vayan a su oficina? ―preguntó Paola.
―Si así es y por favor no dejes que nadie entre a la oficina de Elías, ni siquiera tú puedes entrar ahí ―ordenó Richard.
―Como usted diga ―respondió acomodándose en su silla.
Aquella empresa tenía un aura distinta sin Elías, todos iban y venían haciendo lo que se les viniera en gana, Richard daba órdenes, pero los empleados hacían caso omiso a las órdenes que él les daba, aquel día sería largo para Richard, en cambio a Paola solo le importaba terminar todos aquellos documentos y demás cuentas que tenía en el escritorio y en archivos. Llego la hora de almuerzo, Paola se dirigió a la cafetería, todos los empleados estaban ahí, Paola miró una mesa vacía y decidió sentarse ahí, pues quería estar alejada de todo el bullicio de los demás trabajadores.
― ¿Por qué comes sola? ―preguntó alguien detrás de Paola.
―Porque es mejor así, no me gusta estar entre el bullicio de los demás trabajadores ―respondió.
―Entiendo, entonces te acompañaré a comer, no haré ruido alguno ni siquiera diré una sola palabra, solamente disfrutare de mi comida ―sonrió Richard.
―Has lo que quieras ―habló Paola llevando un bocado de comida a su boca.
Richard comieron juntos en el almuerzo, a Paola de cierto modo le molestaba que nadie le prestara atención a las órdenes que él daba respecto a lo que debían hacer, el día laboral había terminado, Richard se ofreció a llevar a Paola a casa, lo que ella se negó rotundamente, no quería que un rumor se hiciera entre ellos en aquella empresa. Al llegar a casa se encontró con Vanessa dormida en una de las mesas con varios documentos de los lugares a los que había ido, caminó hasta la habitación de su amiga y miró a Sofia dormida, bajó a buscar algo para cenar y se encontró con Ludy profundamente dormido, en el comedor había un plato con comida servido, sobre él había una nota.
"Te he dejado la cena servida para que la calientes en el microondas"
Vanessa había dejado aquella nota por si su amiga llegaba más tarde de lo habitual. Una sonrisa se formaba en el rostro de Paola al ver el gesto de Vanessa, sacó su celular al sentir que este estaba vibrando, era la directora de la escuela en la que estudiaría Sofia, que quería que el día de mañana Sofia empezara las clases, sonrió al leer aquel mensaje recordando lo contenta que se puso Sofia al momento en que le dijo que iría a clases.
Mientras tanto, Kenny aún se encontraba en el hospital, la salud de aquel hombre se encontraba mal debido a tanto estrés su presión había aumentado, Lucy se encontraba junto a él, pensando en si debería decirle a Paola lo que sucedía, pero no quería estropear la vida de su hija con la enfermedad de su padre, los doctores llegaron a la habitación con los resultados de los demás exámenes, tenía un tumor en el estómago que debía de ser operado lo más pronto posible, Lucy dio la orden, los doctores lo sacaron de aquel lugar llevándolo al quirófano, le pidieron a Lucy que quedara en la sala de espera donde pasaría toda la noche hasta que terminara la operación, Lucy no había probado ni un solo bocado de comida desde que llegó al hospital con Kenny, mucho menos había dormido y si lo hizo fue por dos horas. Debía de llamar a su hija para que se enterara de lo que le sucedía a su padre, pero decidió hacerlo cuando él saliera de la operación. Una voz delicada se escuchó en aquel pasillo, era Miriam Borní, quien había llegado a dejarle un poco de comida a Lucy a escondida de su esposo.
―Miriam ¿Qué haces aquí? ―preguntó Lucy.
―Me enteré de lo sucedido con Kenny, vine a dejarte esta comida, pero no debo de tardar mucho ya que Bernard no sabe que estoy aquí ―habló de manera apresurada.
―Está bien, te lo agradezco mucho Miriam ―sonrió Lucy.
Miriam se marchó del hospital tan rápido a como había llegado, Lucy salió por unos momentos de aquellas paredes del hospital para comer, la comida que Miriam le había llevado estaba recién cocinada pues aún estaba caliente. Terminó de comer y entró de nuevo a la sala de espera, se encontraba un poco desesperada por saber algo de su esposo, horas más tarde la cirugía había terminado, el doctor llegó hasta donde se encontraba Lucy.
― ¿Cómo está mi esposo, ha salido bien la operación? ―preguntó a penas lo miró.
―Si señora Münch, la operación ha sido un éxito, ahora lo llevaremos a la sala de cuidados intensivos donde pasara hasta que se recupere, si tiene algún familiar le recomiendo que lo llame o usted también se enfermara por el desvelo ―habló el doctor marchándose de ahí.
La cabeza le dolía a Lucy de tanto pensar en que haría, quería llamar a su hija, pero recordaba lo mal que Kenny la había tratado, pero Lucy debía de pensar en quién administraría la empresa mientras Kenny estaba en el hospital, la única persona que tenía conocimiento absoluto en eso era Paola, pero sería llevar a su hija al mismo infierno del que le costó tanto salir. Lucy miró la hora en su celular dándose cuenta que eran las 3:00am, eran cinco horas de diferencia en donde vivía Paola, por lo tanto, ella estaría despierta y así era.
― ¿Mamá, porque me llamas? ―preguntó Paola entrando a la oficina de Richard.
―Es tú papá, está en el hospital, fue operado de un tumor en el estómago hace media hora, necesito que vengas hija, eres la única que puede llevar adelante la empresa mientras tu padre está en el hospital ―dijo entre lágrimas Lucy.
Aquella idea no le gustaba del todo, pero no podía ser como su padre.
―Está bien madre, dame una semana, en una semana estaré yo ahí, necesito dejar todo en orden en mi trabajo y demás cosas yo saldré el próximo martes hacia allá ―terminó de hablar colgando la llamada.
Un suspiro salió de Paola, pues sabía que iría al mismo infierno, pero debía de hacerlo por su madre.
― ¿Sucede algo? ―preguntó Richard.
―Si, dentro de una semana Elías se quedará sin secretaria, así que sería mejor que fueras buscando una nueva secretaría ―habló Paola.
― ¿Por qué te marchas tan de repente? ―cuestionó con sus ojos llenos de tristeza.
―Mi padre esta grave de salud y debo irme ―fingió una sonrisa.
―Entiendo, espero resuelvas todo y regreses pronto ―sonrió Richard ―Antes que te vayas ¿podríamos ir a cenar esta noche? ―preguntó.
―Está bien, quiero distraer mi mente estos últimos días que estaré aquí ―habló.
Los ojos de Paola se empezaron a cristalizar, regresar a aquel lugar solo le traería los peores recuerdos de su vida y aún peor ver a su madre con aquel rostro de frialdad hacia ella.