58 Cuando termina la danza, la multitud se vuelve loca entre aplausos y vítores. No hay preocupación alguna en sus aplausos, silbidos y gritos de bravo. Es maravilloso. Nunca antes me había sentido tan conmovida por una actuación. No es que haya ido a muchos ballets u otros espectáculos en vivo. Pero el sentido de camaradería que se siente esta noche me deja sin aliento. Como verdaderos profesionales, el grupo de danza hace una reverencia antes de que los bailarines corran hacia el recién llegado al escenario. Sus abrazos, sus lágrimas, sus gritos de alegría, es una dicha ser testigo. De inmediato, los bailarines se extienden en una fila, se toman de las manos y hacen otra reverencia. Todos aplaudimos de pie, y nadie se preocupa por el ruido que estamos haciendo o lo que podría llegar

