Safir estaba conciente que él mismo se sentía atraído a una mujer que quizás debía ser la última mujer por quien él debería sentir algo. Es mas él no tenía nisiquiera que pensar en ella en algo relacionado sentimentalmente. Su padre quien tuviera la habilidad de leer los pensamientos de otros, terminó por descubrir que su hijo Safir se sintiera atraído por esta persona a quien todos temían. Esta mujer era una diosa, había venido a la tierra de los hombres y seres ocultos, pero ahora su único hijo tendría que sufrir si se enamoraba de una mujer así, pensó angustiado. —Safir, mi querido hijo —sus ojos se llenaron de una tristeza. —Ya sé lo que dirás Padre mio, dirás que mi corazón está equivocado. Dícelo a mi corazón. —Antes que nada, no soy quien para juzgarte. Antes que todo solo q

