Óscar apoyó la cabeza en el respaldo de la cama mientras encendía un cigarro. Aún jadeaba levemente, con el torso desnudo y el cuerpo relajado tras el encuentro. —Hoy estuve en el corporativo Rosales —dijo tras exhalar el humo lentamente—. Y no vas a creer a quién vi entrar tomada de la mano de Cristian. Bárbara, que jugaba con los rizos despeinados de su cabello, lo miró con una ceja levantada. —¿A Estrella? —preguntó sin sorpresa, pero con una chispa peligrosa en los ojos. Óscar asintió. —Muy acaramelados... como si estuvieran en plena luna de miel. Ella con esa carita de tonta enamorada... y él, sonriendo como si ya lo tuviera todo ganado. Parece que la compra de acciones no surtió efecto como tu esperabas. Bárbara se estiró como una gata, dejando al descubierto parte de su espald

