—Solo lamento haber creído que eras una mujer con clase, Sara… —dijo Estrella con frialdad, su mirada clavada como puñales—. Meterte en la cama de un hombre, desnuda, como una simple puta… ¿Ese es tu nivel? Estrella estaba claramente enojada, pero su voz se mantenía serena, casi peligrosa. Lo más sorprendente era que, en medio del caos, había visto la verdad. Y confiaba en Cristian. Cristian, al notarlo, soltó un suspiro que parecía venir del alma. Sentía cómo la tensión abandonaba su cuerpo de golpe, como si acabara de escapar de una pesadilla. —Lárgate de aquí, Sara —añadió Estrella con autoridad, sin necesidad de gritar—. A menos que quieras que arme un escándalo mayor. Si no mal recuerdo, tus padres también están en esta casa… ¿Qué pensarían si se enteran de lo que hiciste? El rost

