Mientras algunos duermen... las paredes susurran

1249 Palabras

Oscar terminó de desvestirse por completo, mientras sus labios descendían con lentitud hasta rozar el cuello de Sara. Ella soltó un suave gemido cuando él acarició con sus dedos sus pliegues ya húmedos por la excitación provocada, tocándolos con deliberada lentitud. La bata de seda que apenas cubría su cuerpo fue cediendo, resbalando hasta revelar sus firmes y grandes senos, que Oscar contempló con deseo encendido. Tenía un fetiche por esa parte del cuerpo femenino, y Sara lo sabía. Le gustaba las mujeres voluptuosas. —Sabes que me vuelves loco… —susurró él, mordiendo suavemente la oreja sensible. La guió hasta la cama y la colocó de espaldas a él, acariciando cada centímetro de su piel mientras se acomodaba detrás de ella. Su mano descendió por la curva de su cadera con una mezcla de fi

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