Así se pasaron unas horas más conversando acerca de los gustos de Alejandro, que contemplaba un pequeño taller adaptado para que hiciera algunas esculturas a base de madera, las cuales, por cierto, eran hermosas. Le enseñó un pequeño jacuzzi especial, donde a veces hacía sus sesiones de acuaterapia, ya que no le gustaba salir de la casa. Le explicó el funcionamiento de este y en qué consistía. El jacuzzi era casi normal, pero con agarraderas en el interior, además de un pequeño elevador de acero inoxidable que tenía algunas poleas y engranajes especialmente hechos para casos como los de él, que, con presionar unos botones, luego de que alguien lo ayudara a sentarse, lo elevaba hasta introducirlo en el agua. Por lo general, llevaría un cinturón de seguridad para que sujetara su cintura si e

