Aunque sabía que era un juego peligroso y que en cualquier momento podía salirse de sus manos, había algo en él que la hacía confiar, que hacía que creyera en sus palabras de que había algo después de esto para los dos. Después de todo, ya todo estaba hecho. Le había entregado su cuerpo, su alma y su corazón, y esperaba que con eso bastara para que la amaran, porque había entendido que se merecía un amor bonito, un amor de verdad. Por eso y por muchas cosas más, quería ir más allá de sus límites. Esta vez caminaría fuera de zona de confort. Su visita a la tienda hizo aflorar aquello que desconocía de ella misma, esas ganas de sentirse deseada, de provocar las ganas de poseerla. Se acercó a él y le dijo: —Cariño, ahora que ya estás cómodo en tu cama,, quiero que guardes silencio y cierre

