Vera empezó a jugar con él restregando todo su cuerpo sobre el suyo. Alejandro no podía contener los jadeos de querer soltarse y quitarse esa maldita venda, pero ella no se lo permitía. Quería fundirse en ella y oírla, gritar su nombre toda la noche, pero ella era quien tenía el control. Luego sintió de golpe que ella se separó. Él no sabía qué hacer. Movió su cabeza a los lados y gritó su nombre. —Así que el niño se está portando mal y no deja de moverse. Mmm, se merece un castigo, se está portando mal ¿Cómo lo puedo castigar? Ya sé, no hay términos para queja. Fue al baño y trajo un pequeño bolso, de donde sacó unas esposas. Se paseó, por un lado, de la cama, alzando las esposas, pero pasándolas por el cuerpo de Alejandro. Le provocó un sinfín de sensaciones gracias a la suavidad de la

