Ella no podía creer lo bien que se sentía llegar hasta ese punto en el que sus límites fueron traspasados, donde no le importaba estar desnuda, con su femineidad en el rostro de un hombre. Sonrió de solo pensarlo y, sin darse cuenta, se sintió húmeda de nuevo. Sentía tantas ganas de sentirlo nuevamente. Cualquier parte de él sería como sentir el cielo con una caricia. A ella no le importaba si había ciertas limitaciones, si tal vez había cosas que no se podían hacer. Sentirse de esa manera por un segundo bastaba. Además, sabía que él sentía igual que ella. De pronto, sintió unas manos jugar con su espalda, ya que ella se encontraba de espaldas sobre la cama. Era él quien la recorría con sus dedos, de manera que provocaba que todo en ella temblara. La caricia se sintió delicada y extraña. L

